
Hay una cierta tendencia en el mundo del anime que se viene notando cada vez más: historias de chicas “refinadas” que se involucran en hobbies a los que tradicionalmente no se las asocia. Si esto es o no alguna clase de comentario social sobre las normas de género japonesas, no estoy realmente seguro, pero sí puedo decir que es altamente entretenido y refrescante ver protagonistas mujeres actuando como lo que son y no como vehículos de motivación para un protagonista masculino. En especial cuando se trata de una historia como Young Ladies Don’t Play Fighting Games.
El manga de Eri Ejima comenzó allá por el 2020, y desde entonces siempre estuvo en mi radar. Esto se debe a que, en lo personal, siempre me manejé en círculos relacionados con los juegos de peleas, más aún los que provienen de estudios japoneses. Era inevitable, entonces, que una historia sobre un grupo de chicas de secundario que desafían las normas de su escuela para juntarse a competir en juegos de peleas termine ganando tracción en esos círculos. De todas formas, nunca intenté realmente leer el manga, porque siempre pensé que este tipo de historias, que retratan un hobby tan específico, funcionan mejor en una pantalla, animadas, que en un papel estático.
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En esta ocasión, el estudio a cargo de llevar este manga a la pantalla es Diomedéa, que nunca tuvo grandes hits en su haber, pero siempre hizo trabajos correctos. Lo bueno es que el material que adapta se presta muy fácilmente para hacer un anime relativamente tranquilo, sin demasiada exigencia en la animación. Esto no quiere decir que Diomedéa no se luzca, porque lo mejor que muestra Young Ladies Don’t Play Fighting Games en este primer episodio son sus personajes.
Aya Mitsuki, una de las dos protagonistas, es una chica normal que acaba de ingresar a la prestigiosa Academia Kuromi donde solamente asisten las chicas más refinadas. Por supuesto que Aya se siente constantemente fuera de lugar, y sus monólogos internos nos ayudan mucho a meternos en su cabeza durante situaciones incómodas como los almuerzos en grupo donde ella anhela encajar como puede. Todo cambia cuando, una tarde, encuentra a Mio Yorue, la chica más popular de la escuela, encerrada en un aula vacía jugando Street Fighter 6.
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Aya y Mio hacen una gran dupla en este primer episodio, más que nada porque aparentan tener personalidades bastante opuestas. Mio es, en la superficie, una chica perfecta, de personalidad calma y estóica. Sin embargo, cuando le gana a alguien online en Street Fighter, desata una catarata de gritos e insultos que la hacen parecer una persona completamente diferente. Todo esto, acompañado por un gran trabajo de animación de Diomedéa para resaltar esos bruscos cambios de personalidad.
La cuestión es que ambas chicas conectan por esa pasión que tienen con respecto a los juegos de peleas, aunque sus motivaciones sean diferentes. Mientras que aún no sabemos exactamente qué la llevó a Mio a adentrarse en este mundo tan particular, Aya nos da una muestra de su historia con los juegos de peleas (y de por qué los dejó) en este episodio. Ahí la dinámica lentamente se va tornando en Mio ayudando, involuntariamente o no, a Aya a recuperar esa pasión que creía perdida.
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A grandes rasgos no suena como una historia demasiado original; el género entero de anime de deportes debe estar sobrepasado de narrativas similares. Lo que hace que Young Ladies Don’t Play Fighting Games se destaque tanto es la pasión que muestra por algo tan específico como lo son los juegos de peleas. Tanto Aya como Mio tienen conversaciones con términos completamente técnicos que únicamente los entendería alguien que está en el tema. Se nota mucho que el manga original está hecho por alguien que ama los juegos de peleas.
Lo que principalmente diferencia al anime de esa obra en la que se basa es el juego que Aya y Mio disfrutan. En el manga, es un juego de peleas inexistente y genérico. El anime, en cambio, tiene una colaboración con Capcom para mostrar partidas reales de Street Fighter. Tanto Street Fighter 6 como Street Fighter IV pueden verse en este episodio, y el enfrentamiento entre Aya y Mio está tan bien plasmado que verdaderamente se siente como una partida de dos personas reales, con estrategias reales y reacciones reales. Un podría pensar que es un atajo para la animación, pero lo cierto es que se termina sintiendo como ser el espectador de un enfrentamiento en un torneo común y corriente.
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Personalmente, le tenía muchas esperanzas a este anime, y me complace mucho decir que Young Ladies Don’t Play Fighting Games no me decepcionó. Quizás al no estar familiarizado con el material original no puedo saber bien hacia dónde se dirigirá la historia en futuros episodios, pero por lo menos este primer capítulo es el comienzo ideal de un combo que, espero, no se interrumpa.

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