
En el camino en búsqueda del éxito, muchos juegos indies deben atravesar algo similar al camino del héroe, con sus tropiezos y caídas, sus altos y sus bajos. Obviamente, hay juegos que nacen ganando, y otros que nunca logran llegar a buen puerto. Pero en ese caos organizativo, hay dos tipos de caos: el controlado, ese que podemos llegar a esperar, y el caótico, que nos toma por sorpresa. Panic Delivery, recién llegado en formato Early Access, apuesta fuerte por una fórmula que tan buenos resultados dio últimamente, abrazando el concepto de lo cooperativo.
Su propuesta es simple en apariencia, presentando a cuatro repartidores que dejan mucho que desear, con paquetes por entregar que quizás no lleguen a destino, otros que no vienen de buenas fuentes, y un mundo repleto de criaturas, accidentes y situaciones que parecen diseñadas específicamente para arruinar cualquier plan que requiera organización y seguimiento paso a paso.
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Dicho esto, queda claro que la idea central no busca complejidad estratégica ni precisión táctica. El corazón de Panic Delivery está puesto en la improvisación constante y en ese tipo de partidas donde la coordinación dura apenas unos segundos antes de convertirse en gritos por chat de voz. El humor y la desesperación motriz están a la disposición del juego entre amigos.
Mediante mapas variados, obstáculos inesperados y monstruos interdimensionales, el juego construye una experiencia donde distraer enemigos con juguetes, apostar dinero extra o morir por una explosión accidental de TNT forma parte de la rutina laboral. El concepto “cartoon” está muy presente con una paleta de colores amplia y contrastante, que se aleja del realismo para marcar, constantemente, el verosímil de este título.
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Uno de los elementos más llamativos aparece en su tono absurdamente exagerado. Es como un gran pináculo de lo bizarro. El juego permite personalizar a nuestros personajes con cosméticos realmente ridículos mientras introduce sistemas que refuerzan su identidad distópica, como el mecanismo de los 99 clones (por ejemplo) donde cada muerte reemplaza al repartidor por una nueva copia, y acumular demasiados fracasos termina enviando al jugador a una inquietante sala de evaluación.
A eso se suma una tienda con herramientas y objetos utilitarios (desde palancas hasta artefactos para distraer criaturas, algo así como el “anti tiburones” del cinturón de Batman) junto con desafíos y recompensas cosméticas que alimentan la progresión. Si bien hay cierta lógica en las mecánicas y el gameplay, desde un inicio entendemos que el caos -desde lo visual, lo sonoro y lo conceptual- es la búsqueda primaria de Invader Studios.
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Sin embargo, y por más entretenido que resulte todo lo anterior, el mayor enemigo de Panic Delivery hoy parece ser su propio estado de desarrollo. Los problemas de desincronización entre host y clientes generan algunos problemas en partidas online, mientras que varios reportes apuntan a cuestiones de optimización, los llamados stutters y consumo excesivo de recursos.
También aparecen los casi inevitables bugs funcionales, mecánicas algo toscas y detalles de calidad de vida todavía verdes, desde menús con opciones que no se terminan de entender hasta una experiencia online que, por momentos, ofrece pocos servidores disponibles para unirse. Esto último es, quizás, una constante en este tipo de Early Access, sobre todo cuando ya pasan algunas semanas de su lanzamiento. Dicho de forma más simple: todos los errores que encontramos se entienden, son esperables y son parte del proceso de crecimiento y evolución de cualquier títulos indie.
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Como dije antes, estamos frente a un juego que apuesta todo a lo cooperativo y al hecho de jugar con amigos, conectados mediante Discord, y experimentar esos gritos, carcajadas y reclamos. Por eso mismo, no estamos frente a un juego que parezca desplegar todo su potencial en solitario. Aunque puede jugarse así, gran parte de su atractivo depende de tener un grupo dispuesto a comunicarse, improvisar y tolerar el desastre. Sin amigos, sin coordinación o sin una comunidad activa alrededor, algunas sesiones pueden perder impulso más rápido de lo esperado, dejando morir la experiencia.
Detrás del proyecto está Invader Studios, responsables de la saga Daymare (esos survival horror inspirados en los clásicos Resident Evil), en su primera incursión dentro del terreno multijugador. Y aunque Panic Delivery todavía exhibe las asperezas propias de un Early Access reciente, también deja ver algo que muchos títulos persiguen sin conseguir y que creo que vale destacar: una personalidad clara y la capacidad de generar anécdotas. Y aunque parezca poco, lograr estos dos detalles es algo grande, que impulsa hacia delante el futuro del juego.
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