
No debe haber nada mejor para desconectar de las responsabilidades de la vida adulta que ver a dos monstruos legendarios peleándose a puño limpio. Aún más, si esas escenas transcurren en una pantalla gigante con el sonido más envolvente posible. Durante una hora y poco más, suspendemos toda incredulidad para transformarnos en esos chicos desbordantes de imaginación que todavía aceptan la posibilidad de que el centro de la tierra esté habitada por seres extraordinarios.
Esa fue la premisa que el director Adam Wingard entendió y ejecutó a la perfección con Godzilla vs Kong (2021), una fiesta de kaijus que unió a los dos gigantes legendarios para una batalla desbordante de color con el planeta Tierra como cuadrilátero. Ahora retoma y extiende la propuesta con Godzilla y Kong: El nuevo imperio (Godzilla x Kong: The New Empire, 2024), una aventura donde las dos divas comparten cartel para aliarse contra un enemigo en común. En el medio hay algunos humanos, sí, y algunas subtramas, también, pero todo es una excusa para construir el clímax hacia el gran enfrentamiento final.

Lo que Wingard logró al unir a estas dos bestias míticas y simplificar la historia para darle más peso a la acción y al apartado visual, es lo que sus antecesoras no habían podido lograr del todo: hacer una película donde el entretenimiento sea el gran protagonista. Godzilla (2014), Godzilla II: el rey de los monstruos (Godzilla: King of the Monsters, 2019) y Kong, la Isla Calavera (Kong: Skull Island, 2017), se esforzaron mucho en crear un imaginario donde estos dos monstruos puedan convivir, pero muchas veces pecaban de aburridas por intentar sobre explicar lo inexplicable o, de la misma manera, intentando crear personajes humanos con los que pudiéramos empatizar, sin lograrlo siempre.
Godzilla y Kong sabe exactamente que su función es la de entretener a toda la familia, perpetuando la franquicia y ampliando el mundo de los monstruos hacia su máximo potencial. Sus personajes y subtramas son tan básicas que apenas aportan a la historia general, pero generan la suficiente empatía como para preocuparse por ellos y querer que les vaya bien. Algo que la saga de Rápidos y Furiosos (Fast & Furious) supo convertir en una fórmula perfecta y explotar hasta el hartazgo. La comparación no es aleatoria, ya que de hecho, comparten otro rasgo muy característico: no hay verdadero riesgo.

Durante casi toda la película, tenemos la seguridad de que todo saldrá bien. Las heridas no son mortales, la salvación llega siempre en el último segundo, y -esta vez- los animales mitológicos y los humanos conectan mejor que nunca. Incluso sabemos con bastante seguridad al comenzar la película quiénes morirán y quiénes van a vivir para contarlo. Todo lo que constituía un verdadero riesgo en las películas anteriores, se encuentra aplacado o “domesticado” a esta altura, y para todo hay una solución planificada con conveniente anticipación.
De hecho, esto puede ser algo tanto positivo como negativo, dependiendo del nivel de expectativa que pongamos en los recursos narrativos de una película como esta. Si vamos buscando aventura, acción y hasta cierto nivel de confort, es la película perfecta. Si por el contrario, queremos experimentar la incertidumbre y el riesgo de lo impredecible, no es por acá. Hasta los titanes más temibles parecen dóciles en esta entrega de la saga, que seguramente será también una gran decepción para los fanáticos de Godzilla, ya que Kong se roba el protagonismo y el mayor tiempo en pantalla.

Sin embargo, el guion se las ingenia para darnos nuevas versiones de ambos personajes (con diseños inspiradísimos para convertirse en alucinantes juguetes) y escenas que recuerdan a sus apariciones originales. El Godzilla fucsia de ojos furiosos remite más que nunca a su versión nipona, mientras el Kong tierno que se conecta con una humana, deja de lado la sexualización de la época para darnos una tierna relación con una niña indígena, que a la vez protagoniza su propia historia. En el medio, hay lecciones dignas de una película de Disney y efectos visuales a la altura de los dos reyes de los monstruos.

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