
Cuando una adolescente estadounidense es enviada a un internado para chicas en el Reino Unido, sus nuevas compañeras no tardan mucho en darse cuenta de que la han enviado allí para encontrar una misteriosa caja sorpresa escondida en los terrenos de la escuela. Después de encontrar la caja y abrirla, seis valientes estudiantes pronto se unen a una lucha por la supervivencia contra un demonio suelto entre ellas.
¿Qué es un <i>Jack-en-la-caja</i>?
Hay una leyenda de Gran Bretaña con cajas antiguas, que al sonarlas puede saltar un payaso. Esa suerte de cajas de música gigantes, ya de por sí extrañas y antiguas, pueden albergar a un demonio atrapado.
Ese demonio, como si fuese un djinn (la versión no edulcorada del genio en la lámpara) puede concederte un deseo pero requiere un sacrificio. En este caso, seis. El Jack en la Caja debe asesinar a seis personas para concederle el deseo a la persona que lo liberó. Esta saga se dio a conocer en 2019 cuando el director Lawrence Fowler le agarró el gustito a las historias de objetos poseídos, como había ocurrido en su ópera prima Curse of the Witch’s Doll (2018). Al año siguiente, estrenó Jack in the Box: El Origen (The Jack in the Box, 2019).
En esa película, un curador norteamericano se encarga de investigar un objeto en un museo de Inglaterra: una caja de sorpresas descubierta bajo tierra y donada al cabo de los años. El protagonista queda fascinado con el elemento que alberga un muñeco, hasta que comienza a sospechar que el espeluznante payaso de la caja tiene vida propia y planes malévolos. A eso le siguió Jack in the Box 2: El Despertar (The Jack in the Box: Awakening, 2022), donde la protagonista es una mujer enferma que decide hacer un sacrificio para curarse. La lógica es siempre la misma y permite que todo sea explicado brevemente al inicio y luego a disfrutar.

Un juego de supervivencia
Jack en la Caja Maldita 3: El Ascenso es la tercera iteración. Jack, el demonio en cuestión, vuelve a hacer de las suyas pero no es tan icónico como otros monstruos, incluso en las tres películas lo interpretan diferentes actores. El juego se da entre las potenciales víctimas y sus relaciones.
En esta oportunidad la protagonista es Raven (Isabella Colby Browne), una chica que tiene un trasfondo complicado, ya que su padre está siendo lastimado por mafiosos por deber dinero o algo así… la realidad es que la película intenta arrancar con eso y todo es tan burdo y extraño que termina siendo decorativo. Para que no maten a su progenitor, es enviada a buscar una caja escondida en un internado en una campiña inglesa en el medio de la nada y cuando hay una tormenta de neblina inminente. Esto tampoco va a sumar nada a la trama.
Allí Raven conoce a un variopinto grupo de mujeres adolescentes y al novio de una de ellas. Este será el zoológico en donde el Jack de la caja va a tomar como coto de caza, con la salvedad que no sabemos quien fue la persona que abrió la caja y pidió el deseo. Raven tenía una misión y era devolver la caja sin abrirla, así que es la única inocente.

Nadie se salva
Ahora, si esperan situaciones de paranoia, como en La Cosa (The Thing, 1982) de Carpenter, les puedo asegurar que no va a ocurrir. Sin embargo, vamos a encontrar algo similar a un slasher de hace décadas, donde un personaje ya con toda la información consigo decide separarse e ir hacia el lugar más oscuro.
Las muertes carecen de espectacularidad, pero nos permite ir haciendo un juego de apuestas a ver quién será la siguiente. Eso sí, no esperen sorpresas o vueltas de tuerca: una vez develada la incógnita, la película termina y la caja queda a disposición para seguir facturando.
Porque Jack en la Caja Maldita 3: El Ascenso y su franquicia tienen todo para ser una suerte de Hellraiserque que no necesita armar un cúmulo de reglas y relaciones entre personajes para las diferentes secuelas. Existe una caja, se abre ante el pedido de un deseo, asesinan a seis personas. Y esta lógica no-brainer nos aseguraría diversión sana y descontracturada. Pero para eso, es menester apostar por mejores secuencias, asesinatos más imaginativos y algún tipo de conexión con los personajes para que la empatía nos una un poco a ellos.
Luego de varias películas, Lawrence Fowler no baja los brazos, ahora queda que suba la vara. Estamos ante la necesidad de nuevos monstruos, entes oscuros que no solo nos diviertan con sus asesinatos sino también con una construcción simbólica de lo que significan para retratar los tiempos que estamos viviendo. Pasó en los cincuenta, pasó en los ochenta, aún estamos a tiempo. Art the Clown en Terrifier lo demostró.

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