
La historia del transatlántico Queen Mary, uno de los lugares más embrujados de este planeta, contada a través de una pareja que pierde a su hijo dentro del barco y eso se conecta años antes, con un brutal asesinato que fue lo que puso en movimiento la maldición en sus inicios. Dos generaciones y un secreto que se comprende a medias.
Un acorazado barroco
La maldición del Queen Mary es una rara avis, es una suerte de película de terror que no produce miedo. No porque no tenga imágenes potentes sino que la falta de timing, clima y sentido vuelven al horror anticlimático e insípido. Y esto se le atribuye a su director, Gary Shore, a quien conocimos en esa falta de respeto vampírica que fue Drácula: la historia jamás contada (Dracula Untold, 2014) protagonizada por Luke Evans.
La película no tiene un propuesta estética o narrativa coherente y constante, al estilo clásico (delimitado por tres actos, con un conflicto claro y una resolución construida hacia un clímax que resuelva o no ese conflicto) se le discute el barroco (tomándolo desde una perspectiva recargada, engañosa, caprichosa, que rompe las reglas clásicas como forma de discutirle a ese estilo). Queen Mary es aún más psicótica: es un juego entre clásico y barroco que no permite entender cuáles son las reglas que conforman el universo de lo que estamos observando.
La historia va y viene en el tiempo de manera arbitraria, los personajes son estereotipados y exagerados, sin una motivación construida y zombies actanciales a la hora de su sumisión a los caprichos de la cinta. La fotografía mezcla recursos como si fuera un primer video de una fiesta de quince, donde el creador quiere mostrar todo lo que puede hacer. Esto nunca sale bien y la historia no se termina de entender, hace parecer que uno debería cerrar ese círculo narrativo, a pesar que todo es sobreexplicado.
La maldición del Queen Mary es una película hecha de TikToks.

Puede que vean gente muerta
La historia se desarrolla entre el presente y 1938. En el presente, el Queen Mary es un barco encallado que se usa como museo paranormal, por las conocidas maldiciones que habitan en su interior. Allí va una madre con un hijo con problemas de crecimiento, el crío se pierde y, al volver, no parece ser él mismo. Entonces, ella regresa con su expareja para pasar la noche en el barco y tomar fotografías para un proyecto multimedial con el barco.
Yendo a 1938, conocemos a la familia Ratch, una troupe circense que usa máscaras para ocultar que el patriarca tiene una deformidad en su cara. Mienten para estar en el salón de fiestas y lograr que su hija baile para Fred Astaire y así hacerse famosa, pero parece haber un fantasma en la cantera que toma posesión del cuerpo del padre Ratch y comienza una masacre.
Si uno lo lee así (primeros cuarenta minutos de metraje), parecen varias películas en una. Cada una de ellas tiene potencial y extrañeza, pero al mezclarse obligan a la diégesis a permitirse perder el control rompiendo cualquier atisbo de verosímil. ¿Cómo voy a empatizar con los personajes que mueren o matan si no estoy entendiendo que está sucediendo? Es como creer que se está viendo gente muerta, pero no queda tan claro.

¿Horror para nuevas generaciones?
Quizás si pasamos a La maldición del Queen Mary por el prisma de los nuevos consumos y consumidores, podríamos entender la película como una suerte de “shorts / tiktoks” que buscan sorprender sin construcción o generar horror / repulsión sin preparar el terreno. Algunos momentos están bien, pero son parte de un Frankenstein que al ver el metraje completo nos damos cuenta que no tiene ningún sentido. En el medio, cada corto tiene un filtro diferente, para probar cositas.
Hacia el final hablan de una “leyenda real” sobre cómo se construye un barco tan grande, que es tan excesivamente precaria y arbitraria que ya comienza a dar risa. Luego, las cosas suceden porque sí: hay gente que se conecta con los vivos, hay gente viva que parece estar muerta, se vomita sangre porque sí, a veces los fantasmas pueden salir del barco y otras no, y no continúo para que se sorprendan tanto como yo.
Hacia el final, entendiendo que debería verse en partes, mirando el celular mientras tanto, ya se vuelve un divertimento como los juegos de bebida: “ahora va a poner un filtro todo rojo encima de la imagen”, sucede, dos chupitos. La maldición del Queen Mary es una de las propuestas más psicóticas del último tiempo. Quizás, dentro de unos años, sea el mascarón de proa de otras maneras de hacer cine, pero hoy se vuelve un sinsentido arbitrario que no asusta. ¡Ojo que pensaron hacer una trilogía!

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