
Hubo una época dorada en la que las aventuras gráficas eran la mejor forma de contar una historia dentro de un juego. Eran años en los que las consolas tenían limitaciones brutales para algunos géneros y la PC era la plataforma ideal para plasmarlos. Entonces, un puñado de estudios nos regalaba títulos maravillosos repletos de aventuras inolvidables que se podían disfrutar casi con cualquier configuración.
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En esos años era normal cruzarse con un sagaz Indiana Jones que se negaba rotundamente a abrir la heladera del departamento de su padre. También veíamos un mono de tres cabezas burlarse de un mágico pirata en busca de su futura esposa y, tal vez, si la suerte nos acompañaba, teníamos el placer de resolver una aventura única en una civilización que se comunicaba con notas musicales.
El tiempo pasó y las aventuras gráficas, como todo género en boga, fueron quedando de lado en pos de otro tipo de juegos. Las sagas clásicas se alargaron, trataron de adaptarse y eventualmente se tomaron un descanso. Los RPG tomaron la delantera al ofrecer una experiencia narrativa con elementos de acción y, en medio del vórtice de lanzamientos competitivos, la esencia del género de antaño se diluyó.
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Se diluyó pero no se perdió, esto hay que dejarlo claro. Simplemente quedó en manos de otros estudios, como Wadjet Eye Games, que de a poco mantuvieron la llama viva y eventualmente terminaron cambiando la forma en la que concebimos las aventuras gráficas. Tal es el caso de Telltale Games, un estudio fundado en 2004 por ex desarrolladores de LucasArts que decidieron partir cuando los creadores de Monkey Island se retiraron del género en cuestión.

Telltale Games comenzó a desarrollar aventuras con un motor propio y utilizando franquicias populares. Gracias a ellos volvimos a jugar con Sam & Max y tuvimos el maravilloso Back to The Future. Lo más novedoso era que los juegos salían en entregas episódicas. Este formato les permitía desarrollar con una periodicidad decente, manteniendo la intriga de los finales de capítulo sin hacernos esperar demasiado.
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La experimentación de Telltale le costó varios lanzamientos mediocres, sí, estoy hablando de Jurassic Park, pero rindió sus frutos en 2012 cuando lanzaron The Walking Dead. Aprovechando el éxito de la serie homónima, consiguieron los derechos de los cómics originales y adaptaron la obra con lujo de detalles, en especial su apartado estético. Pero lo más importante fue hacernos parte de la propia narrativa.
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A lo largo de cada capítulo, el jugador debía tomar decisiones: algunas aparentemente sencillas y otras evidentemente relevantes. Lo interesante es que, según nuestras elecciones, algunos eventos cambian de forma radical. El hecho de que un mecánico sobreviva en el primer capítulo tal vez significase la posibilidad de reparar un auto en el tercero y así llevar a más sobrevivientes al próximo episodio.
El potencial era ilimitado, el juego estaba excelente y Telltale ‘s The Walking Dead se transformó en un éxito absoluto. Además de las elecciones, estas nuevas aventuras gráficas tenían Quick Time Events que también aparejaban graves consecuencias. La fórmula era irresistible y generó un revuelo enorme en la comunidad. De pronto, las aventuras gráficas volvían a las primeras planas, lejos de los puzles obtusos y más cerca que nunca del público en general.
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El éxito de The Walking Dead puso en valor el nuevo formato y dejó en evidencia el interés de un público listo para jugar estas aventuras gráficas. El hecho de que las consecuencias del primer juego impacten en el segundo hizo que todo el mundo estuviera atento a la secuela y, así como quien no quiere la cosa, la saga se extendió por cuatro temporadas, algunos DLC y hasta un spin off centrado en Michonne.
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Cuando nos quisimos acordar, Telltale estaba sacando aventuras gráficas con licencias de todo tipo. Desde inversiones obvias como Game of Thrones, pasando por comics geniales como Batman o The Wolf Among Us hasta las franquicias menos pensadas como Borderlands o Minecraft. En tan solo un par de años, el mercado se saturó y la calidad de los juegos empezó a bajar. El éxito, que tan rápido cosecharon, los abandonó, empezaron las cancelaciones y junto con ellas las historias inconclusas.

El efecto Telltale le dio lugar a grandes aventuras gráficas que a su vez fueron puliendo la idea original, cada vez más lejos de los clásicos y más cerca del modelo The Walking Dead. El ejemplo más claro está en la obra del estudio francés Don’t Nod, que supo capitalizar la oportunidad y mejoró la fórmula con el fantástico Life is Strange para luego profundizar en su estilo regalándonos relatos más humanos pero igual de maravillosos.
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La historia de Telltale Games está repleta de contradicciones. Malas decisiones, adquisición de todo tipo de licencias millonarias, despidos masivos, bancarrotas y una reestructuración que hoy en día nos tiene esperando el lanzamiento de los episodios de The Expanse: A Telltale Series. Pero, más allá de sus éxitos o fracasos comerciales, logró un cambio irreversible en la industria: se puede hacer aventuras gráficas para todos, divertidas, cinemáticas y espectaculares.
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