
Morgan estaba atrapado. Después de saquear Maracaibo y Gibraltar en 1669, el bucanero galés encontró tres buques militares españoles bloqueando la salida del lago de Maracaibo. No podía enfrentarlos y tampoco podía escapar sin pasar frente a sus cañones. Entonces recurrió al engaño: preparó una embarcación para hacerla parecer un buque de guerra, la cargó con pólvora y brea, y la lanzó contra el galeón Magdalena, la nave española más poderosa. La maniobra funcionó y Morgan consiguió abrirse paso hacia el Caribe con sus hombres y el botín de oro, plata y cacao.
Ese episodio resumía las características que lo habían convertido en uno de los principales dirigentes de los bucaneros del Caribe: audacia, capacidad de organización y disposición para atacar los intereses españoles donde encontraba una oportunidad. Desde Jamaica encabezó varias expediciones contra posiciones españolas y aunque ganó fama por cada atraco, su mayor golpe fue en 1671, cuando lideró la expedición que atravesó el territorio y culminó con la captura y el saqueo de Panamá.
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La toma de Panamá ocurrió cuando Inglaterra y España avanzaban hacia la paz y las expediciones de los bucaneros comenzaban a resultar incómodas para la Corona. Morgan fue arrestado y llevado a Inglaterra, pero dos años después regresó al Caribe como Sir Henry Morgan, caballero y teniente gobernador de Jamaica. Murió allí el 25 de agosto de 1688, convertido en funcionario de la misma Corona que antes había utilizado sus servicios contra España.

De Gales a Jamaica: el hombre detrás del bucanero
Aunque se calcula que Henry Morgan nació en Gales alrededor de 1635, su rastro aparece recién en 1655, cuando los registros de aprendices de Bristol anotaron a un Henry Morgan de Abergavenny, de unos 20 años, contratado por tres años para trabajar en Barbados. Una década después, Morgan ya estaba en Jamaica, la colonia inglesa que se había convertido en una de las principales bases de las expediciones contra los españoles.
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Allí se vinculó con los bucaneros, hombres armados que atacaban barcos y territorios españoles y que, en determinadas circunstancias, tenían el respaldo de las autoridades inglesas. En 1666 apareció al mando de una embarcación en una expedición dirigida por Edward Mansfield, uno de los principales jefes bucaneros; reconocidos por algunos estudiosos de Morgan como el primer líder de la coalición de piratas y corsarios en el Caribe, que vio en él cierto talento... Morgan participó con él en la toma de la isla de Santa Catalina (también conocida como Providencia), que entonces estaba en manos españolas. Tras la muerte de Mansfield, los bucaneros eligieron a Morgan como el nuevo almirante.
Ese “ascenso” tuvo el visto bueno del gobernador de Jamaica, Thomas Modyford, que recurrió a él y su grupo de bucaneros para golpear los intereses españoles. En 1667, el gobernador le da a Morgan una comisión para capturar españoles y sacarles información sobre una posible ofensiva contra Jamaica. El flamante almirante reunió hombres y barcos, y comenzó a preparar operaciones cada vez más ambiciosas. Su éxito y fama se debían a que no era un pirata más que operaba al margen de la ley, sino un corsario.
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En marzo de 1668 inició una nueva expedición. Su objetivo inicial fue La Habana, pero descartó el ataque por las defensas de la ciudad y puso rumbo a Puerto Príncipe, en Cuba. Sus hombres desembarcaron, avanzaron hacia la población y derrotaron a las fuerzas locales que intentaron detenerlos. Después ocuparon la ciudad y la saquearon.
El botín resultó menor de lo esperado, pero Morgan consiguió algo que pesaría más en su futuro: demostró que podía reunir una fuerza importante, llevarla hasta territorio enemigo y dirigir un ataque con éxito. Tenía poco más de 30 años y ya se había convertido en uno de los principales jefes de los bucaneros de Jamaica. En julio de ese mismo año atacó Portobelo, en Panamá, y al año siguiente llevó su flota hasta Maracaibo, en la actual Venezuela.
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Maracaibo: el escape que convirtió a Morgan en leyenda
En 1669, Morgan llegó a Maracaibo y extendió la expedición hasta Gibraltar, en la actual Venezuela, donde sus hombres encontraron nuevas riquezas. Al emprender el regreso, descubrieron que los españoles habían cerrado la salida al Caribe. Tres buques de guerra aguardaban frente al paso para impedir que la flota bucanera escapara con el botín.
Morgan sabía que no podía vencerlos en un enfrentamiento directo: los españoles tenían tres buques de guerra y una potencia de fuego superior a la de sus embarcaciones. El mayor de ellos era el galeón Magdalena, una nave de gran tamaño que dominaba el acceso al mar. Un ataque frontal podía dejar a Morgan sin barcos y sin posibilidad de regresar a Jamaica.
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Sin saber qué más hacer, recurrió al engaño: preparó un barco capturado y lo hizo pasar por un buque de guerra, la cargó con pólvora y brea y la lanzó contra el Magdalena. La maniobra funcionó: la embarcación chocó contra el galeón, los destruyó y alteró la formación española. Morgan aprovechó la confusión para atacar las naves restantes y abrirse paso hacia el Caribe.
La flota escapó con sus hombres y parte del botín robado. La maniobra confirmó una característica que ya había mostrado en sus ataques anteriores: Morgan evitaba enfrentarse a una fuerza superior cuando podía encontrar una alternativa. Ya había hecho del engaño y la sorpresa un sello propio para compensar su desventaja militar.
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Pero la expedición también dejó una consecuencia política. Morgan había atacado territorios españoles mientras Inglaterra y España avanzaban hacia la paz. El Tratado de Madrid, firmado en 1670, reconoció las posesiones de ambas coronas en América y obligó a las autoridades inglesas a limitar las acciones contra España. Morgan todavía no lo sabía, pero su siguiente gran expedición —la que llevó a Panamá— lo puso directamente en el centro de ese conflicto entre las necesidades de Jamaica y la nueva política de la Corona.

Panamá, la expedición que llevó a Morgan hasta el Pacífico
A pesar del nuevo escenario diplomático, Morgan recibió el 1 de agosto de 1670 una comisión del gobernador Thomas Modyford para organizar la defensa de Jamaica y atacar a los enemigos de la colonia. Para entonces, los rumores sobre posibles acciones españolas contra la isla mantenían en alerta a las autoridades. Morgan reunió a los bucaneros en la isla de Vaca y presentó un objetivo mucho más ambicioso que los anteriores: atacar Panamá.
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La expedición reunió 37 barcos y al menos 2.000 hombres. Morgan dividió la flota en tres grupos y eligió Panamá por una razón concreta: la ciudad concentraba una parte fundamental del comercio español entre el Atlántico y el Pacífico. Por allí circulaban mercancías y metales preciosos procedentes de América del Sur antes de ser trasladados hacia el Caribe. Para llegar hasta ella, los piratas tenían que cruzar a pie la franja de tierra desde el litoral del Caribe.
La primera etapa comenzó en diciembre de 1670 con el ataque al archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, zona que también estaba bajo el control español. Morgan consiguió tomar las islas y capturó prisioneros que conocían la región y podían servir como guías. Después envió una fuerza al mando del capitán Joseph Bradley para tomar el castillo de San Lorenzo, en la desembocadura del río Chagres, una posición fundamental para controlar la entrada a la región.
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Allí, los atacantes tomaron la fortaleza después de superar sus defensas y dejaron un grupo que protegiera la ruta de regreso. Morgan siguió hacia Panamá con unos 1.200 hombres. La ruta exigía remontar el río Chagres y atravesar la selva a pie. La falta de alimentos, el terreno difícil y los enfrentamientos con los nativos que defendía sus tierras redujeron las fuerzas y pusieron a prueba a la expedición antes de que sus hombres llegaran a la ciudad.
Después de varios días de marcha, Morgan y sus hombres alcanzaron las proximidades de Panamá. El gobernador español, Juan Pérez de Guzmán, ya tenía las tropas listas para detenerlos y los enfrentó fuera de la ciudad. Morgan evitó quedar atrapado en pleno combate frontal desplegando a sus hombres en un terreno dificultoso, lo que frenó el avance español. La batalla terminó con una derrota española y abrió a los piratas del Caribe el camino hacia Panamá.
La ciudad quedó prácticamente indefensa. Guzmán ordenó evacuar a la población y dispuso la destrucción de las reservas de pólvora antes de retirarse. El 28 de enero de 1671, Morgan entró en Panamá y sus hombres comenzaron el saqueo. Durante esa ocupación, se desató un incendio que se extendió por la ciudad: aún se discute si fue represalia de los propios habitantes o responsabilidad de los bucaneros. Más allá de eso, Morgan estuvo allí durante varias semanas mientras sus hombres buscaban riquezas y prisioneros por toda la zona.

De saqueador a caballero de la Corona
El incendio había destruido buena parte de la población y el botín resultó menor de lo que esperaban los piratas, porque una parte de las riquezas había sido retirada antes de su llegada. El 24 de febrero de 1671, Morgan ordenó la retirada de Panamá y emprendió el regreso hacia el Caribe con prisioneros y el botín reunido durante la campaña.
Para él, la expedición había sido un éxito militar aunque sucedió en un momento políticamente inoportuno: Inglaterra y España ya habían firmado el Tratado de Madrid y la Corona inglesa no podía tolerar con la misma facilidad los ataques contra territorios españoles. Morgan había actuado con autorización del gobernador de Jamaica, pero el saqueo de Panamá convirtió esa autorización en un problema diplomático. En agosto de ese año, Modyford fue llamado a Inglaterra y quedó encarcelado durante dos años en la Torre de Londres.
Morgan también fue llevado a Inglaterra en agosto de 1672 para responder por sus acciones. La Corona lo mantuvo en Inglaterra mientras evaluaba las consecuencias de la expedición de Panamá, pero el cambio de política hacia España terminó jugando a su favor. Morgan no fue condenado y recuperó el respaldo del rey Carlos II, que decidió premiar su experiencia militar y su utilidad para los intereses ingleses en el Caribe.
En 1674, el rey lo nombró caballero y lo designó teniente gobernador de Jamaica. Morgan regresó ese mismo año a la isla convertido en Sir Henry Morgan. El antiguo bucanero que había atacado las posesiones españolas pasó a ocupar un cargo desde el que debía defender la colonia y combatir a los mismos hombres con los que había compartido sus expediciones... Durante los años siguientes mantuvo una relación compleja con sus antiguos compañeros y con otros funcionarios de la colonia. En 1683 fue apartado de sus funciones, aunque continuó siendo una figura influyente en Jamaica y volvió a ocupar un lugar en el Consejo de la colonia en 1688.
El 25 de agosto de 1688, Morgan murió en Jamaica a los 53 años. Fue enterrado en Port Royal, la ciudad que había sido durante décadas uno de los principales centros de la actividad bucanera del Caribe. Cuatro años después, el terremoto de 1692 destruyó gran parte del lugar y hundió otras bajo el mar, incluido el sitio donde había sido enterrado. La tumba desapareció, pero su nombre sobrevivió y su figura siguió creciendo después de su muerte.
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