
En su edición del 25 de agosto de 1944, el periódico Libération publicó en primera plana la foto del primer soldado francés que entró a París. Sin embargo, quien aparece en la imagen es el teniente Amado Granell, un español republicano que desde hacía cuatro años peleaba con el Ejército de la Francia Libre en la División Novena, bajo las órdenes del capitán Dronne, subordinado al legendario general Philippe Leclerc de Hauteclocque, a quien de Gaulle le concedió el honor de liberar París del yugo nazi.
Por esos intrincados caminos de la historia, no fueron los franceses, sino un grupo de soldados españoles conduciendo vehículos norteamericanos, quienes llegaron al Ayuntamiento de París para exigir la rendición de las autoridades alemanas.
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Y en esta foto se ve a Granell posando junto a Marcel Flouret, el prefecto del Sena, en el interior del Ayuntamiento. Abajo se lee: “Ils sont arrivés” (Han llegado).

El 24 de agosto, el capitán Dronne subió los escalones del Ayuntamiento acompañado por Granell. Ambos se reunieron con Georges Bidault, el jefe de la Resistencia parisina, que los saludó emocionado.
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A continuación, Dronne ordenó a Granell que se dirigiera con sus hombres de la Novena a la Prefectura de Policía, que fue capturada sin grandes inconvenientes.
Dos días más tarde, durante el desfile de la Victoria en los Campos Elíseos, fue Granell quien encabezó la marcha de las tropas triunfantes. Condujo un vehículo que había capturado al general Dietrich von Choltitz, el oficial alemán que desobedeció la orden de Hitler de quemar París. Detrás lo seguían sus soldados españoles conduciendo blindados americanos bautizados con el nombre de las batallas que habían librado durante la Guerra Civil: Ebro, Madrid, Guadalajara.
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En la oportunidad, el vehículo confiscado a los nazis lucía dos banderas: la de la Cruz de Lorena por Francia y la bandera de la República Española.

¿Cómo había llegado Granell hasta este momento histórico?
Este español había nacido en la provincia de Castellón y, a temprana edad, ingresó en la Legión Extranjera francesa. Volvió a España a trabajar con su familia hasta el comienzo de la Guerra Civil. Gracias a su experiencia, fue destinado al “Batallón de Hierro”, una unidad de choque motorizada. En 1938 fue comandante de la Brigada Mixta y, poco después, jefe de la 49.ª División del Ejército Popular Republicano. Tres días antes del final de la contienda, viendo que la causa estaba perdida, decidió embarcarse en el Stanbrook junto a otros 2.500 refugiados rumbo a Orán, ciudad que había conocido durante su paso por la Legión.
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Allí estuvo detenido un tiempo en un campo de refugiados hasta incorporarse al Cuerpo Francés de África. Granell se unió a las tropas del general Monsabert, que peleaban en Túnez contra el Afrika Korps de Rommel. En esta instancia fue nombrado teniente. Junto a otros españoles republicanos, se unió al ejército de Leclerc, que lo designó como oficial de La Novena, una división destinada a hacer historia, aunque los nombres de muchos de sus heroicos miembros, como Miguel Campos, Fermín Pujol, Constant Pujol, Cariño López y Rafael Gómez Nieto —el último en morir de sus integrantes—, se han perdido en la desmemoria de la historia.
Leclerc nombró al capitán Dronne jefe de La Nueve y este puso a Granell como su lugarteniente. En ejercicio de sus funciones ganó la Cruz de Guerra y la Legión de Honor.
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Granell desembarcó con sus hombres en Normandía, cantando “La Cucaracha” por lo lentas que se hacían las maniobras desde el punto de vista de los españoles.

Los norteamericanos veían a estos soldados con cierta condescendencia hasta que los miembros de la Novena capturaron a ciento veintinueve alemanes en Écouché, sin una baja. Fue entonces cuando entendieron que estaban ante veteranos curtidos en las feroces contingencias de una guerra fratricida.
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Recuperada París y celebrada la victoria, la guerra continuó y La Novena colaboró con la toma de Estrasburgo y el cruce del Rin, donde debieron sufrir las inclemencias de un invierno destemplado.
En noviembre del 44, Granell enfermó y, acongojado por la muerte de amigos y camaradas, pidió la baja del servicio activo y fue destinado a trabajos administrativos.
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Las victorias de la Novena
La Novena siguió la campaña en Alemania y, el 5 de mayo, participó en la toma del Nido del Águila, el refugio de Hitler en los Alpes.
Para cuando terminó la guerra, el 8 de mayo de 1945, La Nueve había sufrido treinta y siete muertes y noventa y siete heridos. De los ciento ochenta combatientes que habían iniciado la campaña en África, solo quince españoles seguían sirviendo en la fuerza.
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Granell rechazó integrarse al ejército francés porque debía renunciar a su nacionalidad.
Dado su prestigio, mantuvo conversaciones con el exministro de Guerra republicano, el abogado José María Gil-Robles (1898-1980), quien, después de finalizada la contienda civil, había adherido a la causa de los Borbones y alentaba la formación de una monarquía parlamentaria, cosa a la que el generalísimo Franco accedió a condición de que se instrumentase después de su muerte.
Perdidas las esperanzas de derribar la dictadura franquista, Granell abrió un restaurante en París, que se convirtió en cita obligada de los republicanos españoles que no podían volver a su patria.
Granell retornó a España, donde murió en 1972 en un accidente automovilístico. El héroe de la Segunda Guerra Mundial está enterrado en el cementerio de Sueca, Valencia.
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