Las personas conocidas como “superancianos” —adultos de 80 años o más con un rendimiento de memoria comparable al de alguien 20 a 30 años más joven— podrían conservar esa ventaja por una combinación de neurogénesis sostenida y un entorno celular particular en el hipocampo, una región clave para el aprendizaje y la memoria. Un estudio publicado en Nature analizó tejido cerebral post mortem y halló que este grupo presentaba aproximadamente el doble de neuronas nuevas o “inmaduras” que adultos mayores sin deterioro cognitivo, y 2,5 veces más que personas con enfermedad de Alzheimer.
De acuerdo con The New York Times, los investigadores no solo identificaron una mayor presencia de neuronas inmaduras en el hipocampo de los superancianos, sino que también describieron rasgos genéticos y epigenéticos distintivos en esas células, un patrón que —según la interpretación presentada en el artículo— podría contribuir a explicar por qué algunas personas llegan a edades avanzadas con una memoria fuera de lo esperable para su grupo etario.
En ese marco, la nota planteó que el hallazgo se inserta en un debate de larga data dentro de la neurociencia: si el cerebro humano puede seguir generando neuronas nuevas en la adultez y, en caso afirmativo, qué condiciones biológicas favorecen ese proceso. El trabajo se enfocó en el hipocampo por su papel central en la formación y recuperación de recuerdos y porque suele considerarse una de las áreas donde, si existe neurogénesis en humanos, esta sería más detectable.
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Qué halló el estudio: más neuronas nuevas y un “ambiente” que las sostiene
La investigación se centró en el hipocampo, donde distintos equipos estudian desde hace años si el cerebro humano puede generar nuevas neuronas en la adultez. Según el reporte institucional de la Universidad Northwestern, el trabajo encontró señales de una “firma de resiliencia” en los hipocampos de los superancianos: un entorno celular que favorecería el nacimiento y la supervivencia de neuronas nuevas, a niveles superiores a los de otros adultos mayores e incluso, en algunos casos, a los de personas más jóvenes.
En paralelo, NBC News informó que los científicos estudiaron 38 cerebros de cinco grupos (adultos jóvenes sanos; adultos mayores sanos; personas con deterioro temprano; personas con Alzheimer; y superancianos) y que los superancianos mostraron dos veces más neuronas inmaduras que los adultos mayores sanos, y 2,5 veces más que quienes tenían Alzheimer. El artículo también detalló que el estudio describió cambios en dos tipos de células vinculadas con el mantenimiento de la memoria y la cognición en el hipocampo que envejece: astrocitos y neuronas CA1.
Esa combinación —más neuronas jóvenes y una biología que “protege” circuitos clave— es la hipótesis central que recogen los autores y que el texto de The New York Times presentó como una posible explicación biológica de por qué algunos adultos mayores mantienen un desempeño de memoria inusual para su edad.
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Qué significa (y qué no) para el envejecimiento y la prevención del deterioro cognitivo
Los hallazgos fortalecen una idea que aparece reiteradamente en la cobertura sobre el tema: el envejecimiento cerebral no es uniforme y, al menos en algunos casos, el cerebro mayor puede conservar niveles relevantes de plasticidad. De acuerdo con la Universidad Northwestern, el estudio no solo aportó evidencia compatible con neurogénesis en adultos, sino que buscó describir qué programas celulares y genéticos se mantienen “encendidos” en los superancianos, a diferencia de lo que ocurre en el Alzheimer.
A la vez, NBC News subrayó que los propios autores mencionaron limitaciones, como el tamaño reducido de muestra y la variabilidad típica en estudios con tejido humano. En ese marco, la nota también incorporó la mirada de especialistas externos que remarcaron que, aun si existe una ventaja biológica en este grupo, hay recomendaciones generales de salud cerebral (actividad física, estimulación cognitiva y cuidado de la salud integral) que suelen promoverse para reducir riesgos a lo largo de la vida.
El enfoque que atraviesa estas fuentes es prudente: el estudio aporta pistas sobre un posible “mecanismo” en el hipocampo (neuronas inmaduras, soporte celular y diferencias moleculares), pero no equivale por sí mismo a una intervención lista para trasladar a la práctica clínica. En ese punto, el artículo de The New York Times lo presentó como un avance que alimenta el debate científico sobre la neurogénesis humana y abre preguntas sobre cómo se sostienen —o se pierden— capacidades de memoria en la vejez.
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