El envejecimiento de la población avanza con más rapidez que en cualquier etapa previa y obligará a los sistemas de salud y protección social a adaptarse: para 2050, el 22% de la población mundial tendrá más de 60 años y dos tercios de esa población, equivalente a ocho de cada 10 personas mayores, vivirá en países de ingresos bajos y medianos, según la Organización Mundial de la Salud.
El cambio ya alteró la estructura demográfica global. En 2020, la cantidad de personas de 60 años o más superó por primera vez a la de niños menores de cinco años, y para 2050 la población mundial en ese grupo etario llegará a 2.100 millones, el doble que en 2020.
De acuerdo con el organismo, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más en 2030. En ese mismo plazo, el total de habitantes de esa edad pasará de 1.000 millones en 2020 a 1.400 millones.
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El aumento de la longevidad se concentra cada vez más en países de ingresos bajos y medianos
La OMS señala que hoy la mayoría de las personas puede esperar vivir hasta los 60 años y más allá. Todos los países registran un aumento tanto en el número absoluto como en la proporción de personas mayores dentro de su población.
El envejecimiento poblacional comenzó antes en los países de ingresos altos. La agencia cita el caso de Japón, donde el 30% de la población ya tiene más de 60 años.
Ahora, el mayor cambio ocurre en los países de ingresos bajos y medianos.
La tendencia también se acentúa en los grupos de edad más avanzados. Entre 2020 y 2050, el número de personas de 80 años o más se triplicará hasta alcanzar los 426 millones.
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La edad avanzada no define por sí sola la salud ni la autonomía
Según la OMS, el envejecimiento, en términos biológicos, es el resultado de la acumulación de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo. Ese proceso reduce de forma gradual la capacidad física y mental, aumenta el riesgo de enfermedad y finalmente conduce a la muerte.
El organismo advierte que esos cambios no siguen una trayectoria lineal ni uniforme. Su relación con la edad cronológica es limitada, y por eso no existe una experiencia única de la vejez.
Esa diversidad también se expresa en la vida cotidiana. La edad avanzada suele coincidir con transiciones como la jubilación, una mudanza hacia viviendas más adecuadas o la muerte de amigos y parejas.
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La publicación enumera entre los problemas de salud más frecuentes en edades mayores la pérdida de audición, las cataratas y los errores de refracción, el dolor de espalda y cuello, la artrosis, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la diabetes, la depresión y la demencia. A medida que las personas envejecen, aumenta la probabilidad de que convivan con varias de esas condiciones al mismo tiempo.
También aparecen estados de salud complejos que se agrupan bajo el nombre de síndromes geriátricos. Entre ellos figuran la fragilidad, la incontinencia urinaria, las caídas, el delirio y las úlceras por presión.
El entorno pesa más que la genética en el envejecimiento saludable
La OMS sostiene que una vida más larga puede abrir oportunidades para continuar estudios, iniciar una nueva carrera o retomar intereses postergados. También subraya que las personas mayores aportan de múltiples formas a sus familias y comunidades.
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La magnitud de esas oportunidades depende, sobre todo, del estado de salud. El organismo indica que la proporción de vida transcurrida en buena salud se ha mantenido en términos generales constante, lo que sugiere que los años adicionales suelen acumularse con mala salud.
Si esos años extra transcurren con buena salud y en entornos favorables, la capacidad de una persona mayor para hacer lo que valora puede diferir poco de la de alguien más joven. Si predominan el deterioro físico y mental, las consecuencias son más negativas tanto para la persona como para la sociedad.
La mayor parte de las diferencias en la salud durante la vejez no responde a la genética, sino a los entornos físicos y sociales y a características personales como el sexo, la etnia o la posición socioeconómica. La OMS añade que las condiciones vividas en la infancia, e incluso durante el desarrollo fetal, tienen efectos de largo plazo sobre la forma en que las personas envejecen.
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El organismo considera que sostener hábitos saludables a lo largo de la vida ayuda a reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles, mejorar la capacidad física y mental y retrasar la dependencia de cuidados. Menciona tres conductas concretas: una dieta equilibrada, actividad física regular y no consumir tabaco.
Los entornos favorables también cumplen una función directa. Edificios públicos seguros y accesibles, transporte adaptado y espacios transitables a pie facilitan que las personas sigan haciendo lo que consideran importante, incluso cuando pierden capacidades.
La respuesta internacional apunta a reducir desigualdades y combatir el edadismo
La OMS remarca que muchas veces se asume que las personas mayores son frágiles, dependientes o una carga para la sociedad. Esas miradas edadistas pueden derivar en discriminación, influir en el diseño de políticas y limitar las oportunidades de envejecer de manera saludable.
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El organismo agrega que la globalización, los avances tecnológicos en transporte y comunicación, la urbanización, la migración y los cambios en las normas de género ya están modificando la vida de las personas mayores. Plantea que las políticas públicas deben incorporar esas tendencias actuales y futuras.
La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el período 2021-2030 como la Década del Envejecimiento Saludable de las Naciones Unidas y encargó a la OMS liderar su implementación. La iniciativa reúne durante diez años a gobiernos, sociedad civil, agencias internacionales, profesionales, academia, medios de comunicación y sector privado.
Ese programa busca reducir las desigualdades en salud y mejorar la vida de las personas mayores, sus familias y sus comunidades en cuatro frentes: cambiar la forma de pensar, sentir y actuar frente a la edad y el edadismo; desarrollar comunidades que fortalezcan las capacidades de las personas mayores; ofrecer atención integrada y servicios de salud primaria centrados en la persona; y garantizar acceso a cuidados de largo plazo de calidad para quienes los necesiten.
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