Nuevas investigaciones han reavivado el debate sobre la incidencia de la genética en la longevidad, aportando datos que desafían estimaciones previas. Según BBC Mundo, recientes análisis sitúan la influencia genética en la esperanza de vida entre 50 y 55% al excluir causas externas como accidentes e infecciones. Estudios anteriores la ubicaban en torno al 20 o 25%.
Este cambio se apoya en trabajos con gemelos escandinavos y descendientes de centenarios en Estados Unidos, que permiten observar la transmisión hereditaria en diferentes ambientes.
La revista médica The Lancet Healthy Longevity publicó en 2024 un metaanálisis que revisó datos de más de dos millones de personas en Europa y América del Norte. Sus conclusiones muestran que la contribución genética aumenta en países donde la mortalidad por factores externos es baja y predominan enfermedades asociadas al envejecimiento.
Un estudio de la Universidad de Exeter en Reino Unido, citado por el portal Genetics Home Reference, confirma que la proporción atribuida a los genes varía dependiendo del acceso a la salud, la dieta y el nivel de riesgo ambiental. En entornos donde el ambiente es más homogéneo, la genética adquiere más peso estadístico.
Según detalla la revista científica Science, el peso de la herencia genética se incrementa en países desarrollados donde han disminuido las muertes por causas externas gracias a los avances en salud pública y seguridad. En estos escenarios, los fallecimientos se relacionan principalmente con problemas vinculados al envejecimiento, como enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas o cáncer, de modo que los genes adquieren mayor protagonismo en la determinación de la longevidad.
Los investigadores precisan que este fenómeno no implica una mayor “fuerza” de los genes, sino que, en contextos donde el ambiente se vuelve más homogéneo, la proporción atribuida a la genética aumenta de forma matemática al reducirse la variabilidad ambiental.
El concepto de heredabilidad es clave en este debate. Define la fracción de la variabilidad de un rasgo explicada por factores genéticos en una población concreta. Según Nature Genetics, la heredabilidad no es una cifra fija, sino que depende de la uniformidad del entorno. En sociedades igualitarias, la influencia genética parece mayor. En regiones con desigualdades socioeconómicas, el ambiente tiene un papel más relevante.
Especialistas advierten que la longevidad es resultado de la interacción entre genes y entorno. La Mayo Clinic destaca que la alimentación, el ejercicio, la exposición a contaminantes y el estrés pueden modificar la expresión de los genes ligados al envejecimiento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también subraya la relevancia de los determinantes sociales y ambientales para la salud y la supervivencia a largo plazo.
Los avances en secuenciación genética han permitido identificar variantes asociadas a una mayor esperanza de vida, como las del gen FOXO3, descritas en un estudio de la Universidad de Hawái. Sin embargo, estas variantes interactúan con el ambiente, lo que impide fijar un porcentaje universal sobre la influencia biológica. Los expertos advierten que cada sociedad y época presenta una combinación única de herencia y entorno, por lo que los datos deben entenderse como referencias contextuales.
El desarrollo de bancos internacionales de datos genómicos, como el UK Biobank, y los estudios longitudinales prometen mayor precisión sobre el peso de los factores biológicos y ambientales en la longevidad humana. Este campo en expansión podría influir en políticas de salud pública y en la personalización de estrategias preventivas.
Comprender la longevidad exige un enfoque flexible y multidimensional. Los investigadores coinciden en que las cifras actuales reflejan la complejidad de este fenómeno y deben interpretarse siempre a la luz del contexto social, cultural y científico.