En la costa este de Estados Unidos, varios puntos están experimentando una inusual ausencia prolongada de huracanes directos, lo que preocupa a los expertos. El fenómeno, descrito como “hurricane hiatus”, mantuvo a ciudades como Tampa, Miami y áreas del sur de Nueva Inglaterra alejadas de impactos directos durante décadas.
Esta situación generó inquietud, ya que el crecimiento demográfico y el desconocimiento de los protocolos de emergencia incrementan el riesgo ante la eventual llegada de un gran huracán.
3 ciudades estadounidenses consideradas “atrasadas” para recibir el impacto directo
Distintos estudios y pronósticos meteorológicos señalan que Tampa, Miami y puntos del sur de Nueva Inglaterra, como Providence, son actualmente las zonas más “atrasadas” del país para recibir el impacto directo de un huracán.
Según el investigador Michael Ferragamo, estos lugares llevan un periodo inusualmente largo sin enfrentar el embate de un ciclón de gran intensidad. Tanto expertos como instituciones meteorológicas resaltan que la ausencia de huracanes no responde a factores geográficos o meteorológicos específicos, sino a una secuencia de años afortunados.
A pesar de que no es posible prever con exactitud cuándo se producirá la próxima embestida, estos centros urbanos figuran entre los más expuestos debido a la estadística histórica de huracanes y su localización en zonas vulnerables a tormentas.
Factores que aumentan el riesgo en estas regiones
La preocupación de los especialistas radica en que, desde la última vez que estas ciudades sufrieron daños importantes por huracanes, la población ha crecido considerablemente.
Muchas personas residentes nunca han experimentado una tormenta de gran magnitud, lo que implica desconocimiento sobre rutas de evacuación y medidas de preparación. Esta combinación de crecimiento urbano acelerado y falta de experiencia colectiva aumenta la vulnerabilidad general frente a futuros fenómenos.
Vulnerabilidad específica de Tampa y su historial con huracanes
Tampa, ubicada en la costa oeste de Florida, es citada como uno de los puntos más vulnerables del país. El área no ha recibido un impacto directo desde 1921, cuando un huracán sin nombre causó la muerte de ocho personas y daños por USD 10 millones (equivalentes hoy a entre USD 170 millones y USD 185 millones).
A pesar de haber experimentado cercanías peligrosas, como la del Huracán Milton en 2024, la ciudad logró evitar daños catastróficos. Según el experto Alex DaSilva, no existe un motivo natural que explique la racha de buena fortuna: “Simplemente, Tampa ha tenido mucha suerte”.
El intervalo típico de retorno en Tampa es de aproximadamente 10 años, lo que refuerza la percepción de que la ciudad está “atrasada” para recibir un impacto directo. A lo largo de los últimos años, huracanes como Charley (2004), Irma (2017) e Idalia (2023) han pasado cerca, pero sin tocar directamente la ciudad.
En palabras de DaSilva, “si el trayecto de Milton se hubiera desplazado ligeramente al norte, las consecuencias habrían sido catastróficas para Tampa”, especialmente porque se trata de una zona baja susceptible a inundaciones por marejada.
Situación de Miami y la costa este de Florida
En el caso de Miami y toda la costa este de Florida, la situación es similar. La última vez que un huracán tocó directamente la ciudad fue en 2005, a pesar de que el promedio histórico sugiere un impacto cada seis a ocho años. Esto coloca a Miami y sus alrededores en una situación de “retraso” considerable en términos de frecuencia histórica.
El huracán Andrew en 1992 sigue siendo el evento más destructor registrado en el sur de Florida, tanto por el número de edificaciones dañadas como por las pérdidas económicas.
Sin embargo, desde entonces, la costa este ha permanecido relativamente tranquila, con la única excepción de la tormenta Nicole en 2022, que no alcanzó la intensidad de los grandes huracanes previos. Según Phil Klotzbach, investigador de la Universidad Estatal de Colorado, “Miami y la costa este han estado inusualmente tranquilas desde 2004”.
Entre 1945 y 1950, la región fue golpeada por siete huracanes, un contraste marcado con la situación actual de calma.
Caso de Nueva Inglaterra y la histórica ausencia de huracanes directos
El sur de Nueva Inglaterra, que abarca ciudades como Providence y áreas cercanas a Nueva York, no ha enfrentado un huracán directo desde 1991, cuando el huracán Bob tocó tierra. El intervalo típico en esa región es de entre 17 y 20 años, por lo que la ausencia se extiende más allá de lo esperado.
El evento más devastador en la memoria histórica de Nueva Inglaterra fue el huracán de 1938, que causó la muerte de hasta 682 personas y destruyó grandes extensiones de territorio con vientos superiores a 185 km/h (115 mph). La rapidez con la que avanzó el fenómeno dejó poco margen de reacción y provocó una devastación que aún se recuerda como incomparable en la zona.
Según expertos, si un huracán similar al de 1938 azotara hoy la región, los daños económicos podrían llegar a USD 440 mil millones, debido al desarrollo urbanístico y el valor actual de la infraestructura.
Desde el último impacto en 1991, generaciones enteras han crecido en Nueva Inglaterra sin experimentar un huracán directo, lo que alimenta la preocupación sobre la falta de preparación.
Explicación técnica sobre el “intervalo de retorno” de huracanes y su relevancia
El “intervalo de retorno” o “periodo de retorno” es una medida estadística que expresa el tiempo promedio entre huracanes en un lugar determinado. No se trata de una predicción, sino de un cálculo basado en los registros históricos.
Por ejemplo, si el intervalo en Tampa es de 10 años y han pasado más de 100 años desde el último huracán directo, la ciudad se encuentra muy por encima de su frecuencia habitual.
El mapa elaborado por Ferragamo para su investigación ilustra estos intervalos a lo largo de la costa estadounidense, mostrando que los lugares en rojo reciben huracanes con mayor frecuencia. Este análisis revela que la percepción de “atraso” en ciudades como Tampa, Miami y el sur de Nueva Inglaterra no es producto del azar, sino de décadas de estadística y patrones climáticos observados.