La industria alimentaria de Estados Unidos enfrenta una nueva presión: la reciente escalada de los precios del diésel asociada al conflicto con Irán está generando sobrecargos en la distribución de productos agrícolas y perecederos.
Empresas como Keegan-Filion Farm, dedicada a la cría de animales en sistemas de pastoreo en Walterboro, Carolina del Sur, comenzaron a cobrar USD 5 adicionales por envío para hogares y restaurantes, aludiendo a la necesidad de compensar el aumento de los combustibles.
Aunque se trata de una medida temporal, la magnitud del incremento podría anticipar nuevas alzas en los precios de los alimentos en cadenas de supermercados, restaurantes, hospitales y escuelas durante los próximos meses, según informó el medio The New York Times.

La presión que genera el costo de la energía sobre la cadena alimentaria se ve reflejada en datos ofrecidos por la Independent Grocers Alliance, la cual indicó la semana pasada en su sitio web que un alza del 10% en el precio del combustible podría traducirse en un aumento del 2 al 3% en los precios de los alimentos, con un retraso que podría sentirse en los estantes hacia el verano boreal.
Este ajuste se sumará a la inflación alimentaria ya existente, que se prevé alcanzará 2,4% este año, según el Departamento de Trabajo de Estados Unidos.
Los costos de carne y lácteos serán los más afectados por el encarecimiento de la energía necesaria para criar, sacrificar, procesar, transportar y refrigerar productos, detalla la Independent Grocers Alliance.
Además, los productos envasados también sufrirán incrementos, ya que el precio del diesel impacta no solo en los traslados sino también en los procesos de empaque y almacenamiento.
El vínculo entre alimentos y combustibles se ha hecho visible en todos los eslabones de la cadena. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos citado por The New York Times, un 83% de los productos agrícolas y el 92% de lácteos, frutas, verduras y frutos secos se transportan por carretera en el país, donde el diesel es el principal insumo energético de camiones y maquinaria agrícola.

Sobrecargos por combustible ya encarecen artículos clave
El efecto directo del alza en los combustibles ya se observa en productos frescos e importados. Para el salmón, por ejemplo, la cadena logística inicia en la Patagonia chilena, desde donde el producto viaja por camión a Santiago, luego en avión a Miami, y finalmente en camiones hasta supermercados y restaurantes.
Janice Schreiber, experta de la firma Expana citada por The New York Times, explicó que en cada punto se suma un recargo de combustible: “Todo debe hacerse rápido, y en cada paso, hay un sobrecargo por combustible.”
Desde febrero, el precio mayorista del salmón ha pasado de USD 6,25 a USD 6,48 la libra, según Expana. El incremento coincidió con la Semana Santa, uno de los momentos pico de la demanda, intensificando el impacto sobre los consumidores y los negocios gastronómicos.
Empresas de distribución a gran escala como Sysco, U.S. Foods, Performance Food Group y UNFI han ajustado sus cargos por combustible en función de las variaciones del precio nacional del diesel.
Antes de la actual crisis, UNFI sumaba USD 35 por envío cuando el combustible llegaba a USD 3,81 por galón; la semana pasada, con un promedio de USD 5,38 por galón, el recargo alcanzó USD 65 por entrega, conforme señaló The New York Times. La compañía rechazó hacer comentarios al respecto.

Consumidores y comercios ante un margen cada vez más estrecho
El traslado de estos nuevos costos al cliente final plantea un dilema para el comercio. John Ross, director ejecutivo de Independent Grocers Alliance, resaltó que por cada dólar gastado en la caja, el supermercado recibe solo dos centavos de utilidad. Esto reduce la capacidad de los comerciantes para absorber el impacto del combustible sin repercutirlo en los precios.
Cadenas nacionales han declarado que la mayoría de las subidas de precios en las estanterías no serán evidentes hasta mediados de año, ya que los cargos adicionales deben recorrer todo el proceso de distribución antes de reflejarse en la venta al público, informó la Independent Grocers Alliance.
El economista alimentario David Ortega, del Michigan State University, precisó que los precios en los supermercados son casi un 30% superiores a los registrados antes de la pandemia de Covid-19. Ortega afirmó en The New York Times: “Para los hogares de menores ingresos, la comida es una necesidad, y protegerán su presupuesto alimenticio, lo que significa que recortarán en otros gastos, como salir a comer fuera”.
Una investigación de Technomic en 2022, citada también por el medio, halló que cuando los combustibles superan los USD 4 por galón, los estadounidenses tienden a reducir el consumo en restaurantes y actividades de ocio.
Promociones y marcas económicas, como paquetes “dos por uno” o productos de marca blanca, ofrecen cierto alivio temporal, según el ejecutivo Ross. No obstante, consideró ante que, a largo plazo, “los consumidores terminarán asumiendo el peso del alza en los costos”.
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