El misterio detrás de los puntos rojos vistos durante el eclipse solar del 8 de abril

Durante el reciente fenómeno, los observadores en todo el mundo tuvieron la oportunidad única de ver otros eventos celestiales que adornaban el contorno de la luna, proporcionando un espectáculo visual inolvidable

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En medio de un ciclo de máxima actividad solar, el eclipse del 8 de abril brindó una oportunidad única para estudiar la dinámica solar. (NASA)
En medio de un ciclo de máxima actividad solar, el eclipse del 8 de abril brindó una oportunidad única para estudiar la dinámica solar. (NASA)

Durante el eclipse solar total del 8 de abril, los espectadores fueron testigos de un espectáculo celestial impresionante: pequeños puntos rojos adornando el contorno de la luna. Estos puntos no fueron otra cosa que prominencias solares, fenómenos espaciales que, aunque siempre presentes, rara vez son visibles para el ojo humano sin el contexto de un eclipse total.

Las prominencias solares son gigantescas estructuras de plasma que se extienden desde la superficie del sol hacia fuera, ancladas en la fotosfera pero extendiéndose hacia la corona, la atmósfera externa caliente del sol. Estas pueden ser vistas, bajo circunstancias especiales, como formaciones rojas o rosas, debido a que el plasma a menudo proviene de una capa más profunda en la atmósfera solar llamada la cromosfera, caracterizada por hidrógeno a altas temperaturas que emite luz roja.

“Hubo una prominencia muy impresionante visible durante este eclipse. ¡Fue impresionante de contemplar! Este fue un eclipse magnífico para cualquiera que haya tenido la suerte de verlo en su totalidad”, expresó a SCIAM Lisa Upton, científica solar del Southwest Research Institute en Boulder, en Colorado.

“Las prominencias solares están ancladas a la superficie del Sol en la fotosfera y se extienden hacia la cálida atmósfera exterior del Sol, llamada corona”, informó la NASA, por su parte.

Durante el eclipse del 8 de abril, la luna se interpuso perfectamente entre la Tierra y el sol, bloqueando la luz directa y revelando no solo la corona solar, un halo blanco ardiente alrededor de la luna negra, sino también estas sorprendentes prominencias solares.

Este evento coincidió con el máximo del ciclo de actividad solar de 11 años, lo que aumentó la posibilidad de testificar fenómenos solares impresionantes como las mencionadas apariciones de puntos rojos.

Justo antes de la totalidad, los observadores del eclipse fueron testigos de las perlas de Baily, un fenómeno que añade misterio y belleza a la experiencia. (REUTERS/Lauren Owens Lambert)
Justo antes de la totalidad, los observadores del eclipse fueron testigos de las perlas de Baily, un fenómeno que añade misterio y belleza a la experiencia. (REUTERS/Lauren Owens Lambert)

Aparte de las prominencias solares, el eclipse trajo otros fenómenos visuales emocionantes. Justo antes y después de la totalidad, se pudieron observar las perlas de Baily: destellos de luz causados por la luz solar que se filtra a través de valles y montañas en el borde de la luna, un indicio de que incluso los cuerpos celestes más familiares guardan secretos y espectáculos deslumbrantes.

Estos puntos rojos visibles durante la totalidad, las prominencias solares, demuestran no solo la dinámica y viva naturaleza de nuestra estrella más cercana, sino también la precisión de los eventos cósmicos. La observación de este fenómeno no solo satisface la curiosidad y el asombro de los aficionados a la astronomía, pues también proporciona a los científicos datos valiosos sobre la actividad solar y su influencia en el espacio circundante.

Para los afortunados espectadores del eclipse solar total del 8 de abril, este fue un recordatorio de la majestuosidad del universo y de los ciclos constantes y a veces visibles de los cuerpos celestes.

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