
Tras pasar por la Sala Beckett, el Teatre Lliure y el Teatre La Biblioteca de Barcelona, la familia de los Pla-Solina se ‘muda’ durante dos semanas al ecléctico escenario de la capital. La emoción ha narrado la presentación de Travy, una obra representada, y marcada, por el árbol genealógico de Oriol Pla (Barcelona, 1993). El actor y dramaturgo no ha querido centrarse demasiado en los halagos que ha recibido, y que le siguen llegando de forma presencial y virtual, por su interpretación en Yo, adicto, la serie de (y sobre) Javi Giner con la que ha conseguido una nominación en los Premios Feroz.
Su foco está en la representación que conforma junto a sus padres, Quimet Pla y Núria Solina, y su hermana, Diana Pla. Travy es un viaje por la cronología vital de dos generaciones que difieren a la hora de entender el arte. También es una amalgama de los sentimientos, vaivenes y contradicciones que dan forma a los vínculos familiares. Escrita por el propio Oriol junto a Pau Matas Nogué, la obra que el Teatro de la Abadía acoge desde este jueves hasta el próximo 2 de febrero es un ejercicio de equilibrio entre dos corrientes dispares y un álbum de instantáneas hogareñas.
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“De pequeños imaginábamos que haríamos los espectáculos de nuestros padres o que tendría un número de clown como el de Charlie Rivel o George Carl, pero luego te vas dando cuenta de que quieres hacer otras cosas", indica el actor en una entrevista con Infobae España. “Se va transformando todo”, incide sobre la herencia que ha recibido de Quimet y Núria, dos gigantes del teatro en Cataluña. Su padre fundó la compañía de Els Comediants, mientras que su madre hizo lo propio con Picatrons y Circ Circ.
“De pequeños imaginábamos que haríamos los espectáculos de nuestros padres, pero luego te vas dando cuenta de que quieres hacer otras cosas”

En Travy, sus padres representan las tendencias folclóricas y populares, las aristas de lo clown y el arte callejero; mientras que él y su hermana abogan por las representaciones dramáticas y de corte más contemporáneo. La discusión disciplinar que se presenta en su guion bien podría ser una escena autóctona de la familia Pla-Solina, aunque aquí esté sustentada por el rugido del público o el eco de los aplausos. Oriol muestra a la prensa unas imágenes que ponen de manifiesto hasta qué punto el arte ha narrado la relación entre ambas partes. Ayudando a Quimet desde los seis años y con pintura blanca por toda la cara, el actor siempre ha formado parte del espectáculo.
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“Somos como cualquier familia”, dice en relación a la idea de que en todas cuecen habas. “Lo más bonito y transversal es compartir un léxico común”, apostilla sobre cómo el teatro ha narrado sus vidas. “La forma de trabajar de mis padres era como un juego, nos transmitían cosas desde la diversión y eso ha sido muy guay”, admite sobre la posibilidad de haber tenido una relación distinta a la que Quimet y Núria tuvieron con sus progenitores. “Mi padre hablaba de usted al suyo, pero a mí siempre se me ha presentado como un amigo con el que poder fumar porros”, ríe. Añade a su madre en dicha ecuación. Su elección educativa ha tenido “otras consecuencias”, pero para Oriol ha sido muy “bonito” poder sentir la cercanía y la libertad de verles como algo más que simples figuras de autoridad.

La jornada ha sido ciertamente emotiva. Su hermana Diana ha soltado alguna que otra lágrima ante las palabras que un periodista le ha dedicado a su padre y los halagos han copado gran parte de la rueda de prensa a la que también ha asistido este medio. “Nuestros padres se hacen mayores y las cosas cambian”, dice Oriol. “Nosotros también tenemos nuestra vida y tenemos que dejar ir, pero ellos también nos emocionan y los míos han luchado muchísimo”, apostilla. Sus ojos se empañan al hablar de Quimet, que además de un padre ha sido “un mentor en muchos sentidos”, además de una persona “muy generosa que te hace soñar”.
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“Nosotros también tenemos nuestra vida y tenemos que dejar ir algunas cosas, pero nuestros padres también nos emocionan y los míos han luchado muchísimo”
“Las artes son espacios donde disentir”
En este país te tienes que estar demostrando constantemente. Oriol Pla recurre a una frase de Javier Cámara para hablar de los espacios, oportunidades y altavoces con los que cuenta el gremio escénico y artístico. “No creo que haga falta gente joven con nuevas propuestas”, pues considera que, en España, el músculo de talento es considerable. Sí observa, sin embargo, poca “confianza” hacia las apuestas de dicha demográfica. “Hay que apostar por lo nuevo, por lo que rete, porque la tensión puede ser muy nutritiva”, dice.
“Parece que las artes tienen que ser productos perfectos que han de gustar a todo el mundo, pero no, son espacios donde disentir, cuestionar y debatir”, expresa el intérprete. Desecha el término ‘comercial’, rechazando que la cultura deba pasar por el prisma de una palabra tan banalizada como los productos que salen de su baúl, “porque entonces estamos vendidos al resultado e iremos a asegurar las cosas”.
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“Parece que las artes tienen que ser productos perfectos que han de gustar a todo el mundo, pero no, son espacios donde disentir, cuestionar y debatir”

“¿Has estado en Barcelona?“, pregunta. ”Hay muchos museos, ¿no?“, continúa con cierto deje misterioso. ”¿A que no sabes cuál es el más visitado?“. El silencio da paso a la duda. ”El del Barça", dice Oriol. No sabe si reír o llorar, pero de nuevo, quién es nadie para juzgar nada a estas alturas del juego. “Si eres joven y tienes 20 pavos, ¿qué vas a elegir? Molaría que, a nivel cultural, no tuvieses que decidir tanto qué ver o qué no para poder seguir arriesgándonos", concluye.
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