En un momento en que la balanza energética cubana ha experimentado traspasos notables, como el aumento del suministro mexicano tras la caída de Nicolás Maduro en Venezuela, la dependencia de la isla de sus aliados tradicionales y nuevas rutas de abastecimiento se ha intensificado de forma significativa. Este giro responde a la necesidad urgente de combustible para sostener una economía sumida en dificultades severas y un sistema eléctrico endeble, puesto a prueba por apagones de hasta 20 horas diarias en amplias zonas del país. La situación de Cuba se agrava por la reciente orden ejecutiva del expresidente estadounidense Donald Trump, que permite imponer aranceles a bienes de países que suministren petróleo a la isla, según reportó EFECOM.
La obtención de petróleo para Cuba figura entre los aspectos más herméticos de la gestión gubernamental, que dosifica la información acerca del ingreso de carburantes y los términos de sus acuerdos con países aliados. Tal como consignó EFECOM, la isla requiere aproximadamente 110.000 barriles diarios de petróleo, de los cuales puede extraer poco más de 40.000 de pozos situados en el norte. Esto obliga al país a importar cerca de 70.000 barriles cada día, una meta que no siempre alcanza si faltan divisas, lo que provoca déficit de combustible y un agravamiento de los apagones.
De acuerdo con estimaciones del servicio especializado de Reuters recogidas por EFECOM, Venezuela aportó en 2025 alrededor de 27.000 barriles diarios a Cuba. Por su parte, el suministro ruso bordeó los 6.000 barriles diarios, mientras que México osciló entre los 6.000 y 12.000 barriles por jornada, dependiendo de la fuente, aunque EFE aclaró que no pudo verificar estos datos de forma independiente. El Instituto de Energía de la Universidad de Texas, citado por EFECOM, detalló que el 65 % del combustible requerido en Cuba nutre termoeléctricas con más de 40 años de uso.
El abastecimiento petrolero se vincula, en muchos casos, a acuerdos poco transparentes. EFECOM informó que resulta imposible conocer si las importaciones se encuadran en convenios de cooperación que Cuba remunera con el envío de personal médico, si existen pagos a crédito, si reciben donaciones o si los suministros tienen precios inferiores a los del mercado internacional.
Mientras tanto, investigaciones como la realizada por The New York Times señalaron, según recogió EFECOM, que La Habana revende parte del crudo venezolano a China. Este mecanismo le permite obtener divisas ante la caída de ingresos por turismo y remesas, dos rubros clave de la economía. De igual manera, EFECOM recordó episodios puntuales en los que otros países también han enviado petróleo a Cuba, como en el caso de Argelia tras un acuerdo de cooperación posterior a la visita del presidente cubano Miguel Díaz-Canel en 2022.
La situación política de los aliados de Cuba repercute directamente en las cifras energéticas de la isla. Con el debilitamiento de la administración venezolana, la mirada internacional se ha desplazado hacia México. EFECOM consignó que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador incrementó significativamente los despachos de carburantes a Cuba entre 2018 y 2024. Sin embargo, la actual presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, no ha clarificado si Pemex continúa enviando hidrocarburos. Declaró que México seguirá proporcionando ayuda humanitaria, aunque dejó pendiente la inclusión del crudo a la espera de solicitudes de las autoridades cubanas.
La presión diplomática sobre México se incrementa debido a que este año se revisa el Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), según señaló EFECOM, marcando un contexto delicado en el que factores geopolíticos y económicos se entrelazan. Recientemente, el Instituto de Energía de la Universidad de Texas confirmó a EFE que, a principios de este mes, el petrolero Ocean Mariner aportó unos 86.000 barriles provenientes de México a la bahía de La Habana.
Las estructuras energéticas en Cuba dependen mayoritariamente de centrales termoeléctricas que necesitan, en su mayoría, fuelóleo para operar. Estos sistemas muestran un alto grado de obsolescencia tras funcionar más de cuatro décadas, según los datos citados. Este escenario repercute directamente sobre la economía general del país. Un estudio facilitado a EFECOM por el economista cubano Miguel Alejandro Hayes proyectó que una disminución abrupta del 30 % en la disponibilidad de combustible —lo que equivaldría a la ausencia total del aporte venezolano— conllevaría una reducción del 27 % en el producto interno bruto, un salto del 60 % en los precios de alimentos y un aumento del 75 % en los costos del transporte, además de una baja del 30 % en el consumo de los hogares.
La combinación de falta de divisas, restricciones estadounidenses y la opacidad en la información oficial sitúa a Cuba ante un panorama energético incierto, con severas implicaciones en la vida cotidiana y la estabilidad económica. Según EFECOM, la isla continúa buscando mecanismos y socios para garantizar el suministro, pese a la escasez y las sanciones. El futuro de la crisis energética nacional dependerá del acceso continuo al petróleo exterior, la respuesta de los aliados y la evolución de las restricciones internacionales.

