España ya cultiva más aguacate que cualquier otro país de la Europa continental, un liderazgo que se apoya casi por completo en el clima. Según un informe reciente de RaboResearch, el área de investigación del banco holandés Rabobank, la combinación de inviernos templados y protección natural frente a masas de aire frío del norte en la costa de Andalucía sostiene el cultivo comercial desde hace décadas.
Ese mismo informe, sin embargo, advierte que la ventaja climática que hoy distingue a España no está garantizada hacia el futuro. RaboResearch modeló la evolución de las condiciones climáticas en el sur de Europa hasta 2050 y encontró que las temperaturas para cultivar frutas tropicales también mejorarán en regiones que hoy tienen una industria mucho menos desarrollada, como el sur de Italia, Grecia y el Mediterráneo oriental. “La oportunidad es real, pero selectiva: solo surgirá donde la mejora de la idoneidad climática coincida con acceso confiable al agua, producción escalable, capacidad técnica, infraestructura y acceso a mercados premium”, advierte el documento.
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Y lo cierto es que el crecimiento de la industria del aguacate español empieza a chocar con límites físicos, y ese dato ayuda a entender por qué el informe pone en duda la continuidad del liderazgo. Según el documento, la disponibilidad de tierra y agua en la Costa Tropical de Granada y Málaga, la zona tradicional de cultivo, ya se ha vuelto un problema. Eso empuja a los productores hacia Cádiz y Huelva, dos provincias que hasta hace una década se consideraban poco aptas para el aguacate por sus inviernos más fríos y su mayor riesgo de heladas.
Es decir, España ha tenido que reformular las zonas de cultivo para sostener el crecimiento que la llevó a liderar el mercado europeo. Ese mismo patrón, clima favorable acotado por límites de recursos, es el que RaboResearch identifica ahora en otras regiones del Mediterráneo que todavía no desarrollaron una industria propia, pero que podrían hacerlo a medida que sus inviernos se vuelvan más calurosos por culpa del cambio climático.
El mango avanza en paralelo al aguacate, aunque con un radio geográfico más acotado. Su cultivo comercial ya está establecido en el sur de España, en particular en la Axarquía malagueña y en zonas de Granada, donde los inviernos suaves y la influencia costera crean condiciones aptas. Portugal también desarrolló una industria de mango incipiente en el Algarve. A diferencia del aguacate, este cultivo depende en mayor medida de microclimas muy específicos y resulta más vulnerable a las restricciones de temperatura, lo que limita su capacidad de expansión.
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Por qué el clima favorable no asegura el podio
El clima favorable no basta por sí solo para sostener el crecimiento de una industria. RaboResearch sostiene que convertir el clima favorable en una producción comercialmente viable exige, además, acceso al agua, tierra suficiente y consolidada, capital, mano de obra calificada, infraestructura poscosecha, capacidades de comercialización y la posibilidad de gestionar fenómenos climáticos extremos como heladas y olas de calor. “La idoneidad climática por sí sola no es suficiente para respaldar la expansión de la industria”, afirma el documento, que cita la experiencia de España y Portugal como prueba de que desarrollar un sector competitivo depende de mucho más que la temperatura.
El desarrollo de la industria portuguesa del aguacate en el Algarve ilustra el otro lado de ese mismo problema: su expansión se apoyó en inversiones en riego, infraestructura poscosecha y servicios de apoyo técnico a los productores, factores que aceleraron la comercialización del sector más allá de las condiciones climáticas favorables.
Una industria que complementa, no reemplaza, a las importaciones
El informe también corta de raíz cualquier lectura que sugiera que la producción europea podría sustituir a las importaciones. Alrededor del 90% de la fruta tropical que se consume en la Unión Europea proviene de fuera del bloque, y RaboResearch considera improbable que la producción local revierta esa dependencia. “La producción europea es poco probable que reemplace, pero los importadores podrían complementarlas con una oferta local de mayor valor”, señala el documento.
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Esa oferta europea, de todos modos, tiene un argumento comercial de peso: el precio. Durante los últimos tres años, el valor promedio de importación de fruta fresca a la Unión Europea rondó los 1,26 euros por kilogramo, frente a 2,54 euros por kilogramo para la fruta tropical sin contar bananas ni piñas. La demanda europea de aguacate y mango, además, crece por encima del resto de la fruta y verdura: las importaciones de aguacate a la Unión Europea se multiplicaron casi por cinco desde 2010.
A ese impulso comercial se suma un factor de riesgo en el lado de la oferta. Los principales proveedores extracomunitarios enfrentan presiones climáticas crecientes: en la región peruana de Olmos, uno de los mayores polos productores de aguacate de Perú, las temperaturas extremas provocaron pérdidas de rendimiento de alrededor del 40% durante la temporada de 2024, según datos de la revista FruiTrop citados en el informe. Marruecos enfrenta restricciones similares por escasez de agua, y en México las condiciones más cálidas y secas afectaron el tamaño y el rendimiento de la fruta en los últimos años.
RaboResearch concluye que Europa difícilmente podrá competir en costes de producción con los grandes exportadores mundiales. La vía más clara de crecimiento, según el documento, pasa por el posicionamiento premium: cadenas de suministro más cortas, mayor frescura, trazabilidad y atributos de sostenibilidad que permitan a los productores europeos diferenciarse en segmentos específicos del mercado antes que competir por volumen o precio.
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