“España mantiene el pulso de crecimiento y eso apunta al 2,6% que hemos previsto de cara al conjunto del año”. Las palabras pronunciadas el pasado lunes por el vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, reflejan el buen momento que atraviesa la economía española, que acumula tres años consecutivos liderando el crecimiento entre las grandes economías del mundo.
Sin embargo, este escenario favorable empieza a verse amenazado por dos factores que pueden poner a prueba la fortaleza del ciclo expansivo: el repunte de la inflación, impulsado por el recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio y la escalada de los precios energéticos, y el aumento del coste de financiación de la deuda pública. Según previsiones de Funcas, la factura de los intereses de la deuda española aumentará cerca de un 50% hasta 2030.
PUBLICIDAD
Por el momento, los principales indicadores de actividad y empleo mantienen el tono positivo y confirman que el ciclo expansivo conserva buena parte de su impulso. El turismo, la construcción y, sobre todo, los servicios continúan sosteniendo la actividad, mientras la industria permanece rezagada. Sin embargo, detrás de esta fortaleza empiezan a acumularse señales de alerta que podrían condicionar la evolución de los próximos meses.
La inflación se disparada
La principal amenaza llega de la inflación. El índice de precios de consumo (IPC) registró en agosto un incremento interanual del 4,3%, mientras que en términos armonizados alcanzó el 4,5%. La cifra contrasta con el 3,3% registrado en el conjunto de la eurozona y amplía una brecha que España ya había comenzado a experimentar durante la recuperación. Aunque el repunte de los precios afecta también a otras economías del euro, el diferencial español se ha ensanchado.
A la presión inflacionista se suma un segundo problema que va a más: el coste de financiar la deuda pública. Los mercados internacionales han comenzado a exigir mayores rentabilidades por los bonos soberanos, en un contexto marcado por el aumento de los déficits, las necesidades de inversión, el gasto militar y el envejecimiento de la población. España no queda al margen de esta tendencia y el rendimiento de su bono a diez años ha superado el 3,8%, alrededor de medio punto más que a comienzos de año, aunque la prima de riesgo continúa en niveles reducidos.
PUBLICIDAD
Todo ello hace que el escenario por el que transita la economía española muestre una dualidad. Por un lado mantiene la velocidad suficiente para evitar un frenazo brusco, pero los factores que alimentan el crecimiento conviven con otros que amenazan con hacerlo más costoso y menos sostenible. La inflación energética, el endurecimiento financiero y el aumento de los intereses de la deuda dibujan un horizonte en el que las administraciones tendrán menos margen de maniobra para responder ante nuevas crisis.
La subida de precios puede impactar en el consumo
El repunte de la inflación tiene un componente energético. El prolongado bloqueo del estrecho de Ormuz ha tensionado los mercados de hidrocarburos y ha provocado una nueva oleada inflacionista en España. El gasoil, la gasolina, la electricidad, los transportes y los costes de las empresas han subido. El problema, a juicio de los analistas de Funcas, es que cuanto más tiempo permanece elevada la inflación, más difícil resultará considerarla un fenómeno pasajero.
Esta persistencia puede tener consecuencias directas sobre el consumo. Los salarios pactados en convenio avanzan alrededor de un 3% de media, un ritmo inferior al de los precios. En este contexto, la pérdida de poder adquisitivo puede llevar a los hogares a contener sus compras y a reducir el ahorro que permitió mantener el gasto durante las primeras fases de la crisis energética. Si cambia esa percepción de transitoriedad, el consumo podría convertirse en uno de los principales frenos del crecimiento, señalan los analistas.
PUBLICIDAD
Más subidas de tipos de interés
La escalada de la inflación ya ha impulsado al Banco Central Europeo a subir los tipos de interés. Tras el primer ajuste realizado en julio, que colocó el precio del dinero en el 2,25%, el mercado descuenta una nueva subida de 25 puntos básicos en la reunión que hoy, 10 de septiembre, va a mantener el Consejo de Gobierno del eurobanco. Esta previsión ya ha provocado una subida del euríbor que en septiembre ya supera el 3,1% y que ha provocado un encarecimiento de las cuotas de las hipotecas cercano a los 1.000 euros de media.
El problema no se limita a las familias. Unos tipos más elevados encarecen también los préstamos a las empresas y pueden frenar la inversión. Las pequeñas compañías, más dependientes del crédito bancario, son especialmente vulnerables a este cambio de condiciones. La economía española tiene solidez para absorber el golpe, pero la capacidad de maniobra se reducirá si la inflación permanece elevada durante más tiempo, advierten desde Funcas.
La factura de la deuda se encarece
La otra gran señal de alerta procede de los mercados de deuda. El rendimiento del bono estadounidense a diez años se ha disparado hasta situarse cerca del 5%, mientras el alemán ronda el 3,5%. España sigue la misma tendencia y la cotización de su bono a diez años supera el 3,8%, medio punto más que a inicios de año. Sin embargo, la prima de riesgo permanece en niveles reducidos.
PUBLICIDAD
La tendencia al alza de la deuda pública no se debe solo al repunte de los precios y la perspectiva nuevas subidas de tipos de interés por parte del BCE. “También contribuye la sensación de incapacidad de los gobiernos para contener el deterioro de los desequilibrios presupuestarios y prevenir una acumulación insostenible de deuda”, afirman los expertos de Funcas.
Subrayan que lo que está en el fondo de este sentimiento de los inversores es, por una parte, “la presión sobre el gasto provocada por los programas de rearme, las ayudas para paliar los efectos de los conflictos geopolíticos y el coste del envejecimiento, cada vez más visible. Y, por otra parte, la dificultad para generar ingresos suficientes para financiar ese gasto”.
Esto se traduce en un fuerte encarecimiento de los costes financieros que deberán asumir los Estados en los próximos años. Respecto a España, desde Funcas prevén un incremento del gasto en intereses cercano al 50 % entre 2025 y 2030 debido a la subida de tipos de interés y la necesidad de refinanciar deuda que fue emitida a tipos de interés muy reducidos durante la época de la expansión cuantitativa.
PUBLICIDAD
57.000 millones de euros en intereses para 2030
Si los tipos se mantienen en los mismos niveles que en 2025 (en torno al 3,2 % los de largo plazo y el 2,2 % los de corto plazo), los pagos por intereses se situarían en 2030 en unos 57.000 millones de euros, es decir, 17.000 millones más que en 2025, calculan los analistas.
En torno a la mitad de dicho incremento, algo más de 8.000 millones, serían los intereses por pagar por la nueva deuda que se emitirá, como consecuencia de los déficits esperados para los próximos años, y la otra mitad sería consecuencia de la refinanciación de la deuda que vencerá a lo largo de ese periodo a tipos de interés superiores a los que fue emitida.
“Si a ello sumamos la subida de los tipos de interés —en torno a medio punto en relación con 2025, mantenido a lo largo de todo el periodo—, la factura por intereses se elevaría en unos 3.600 millones más en 2030, hasta situarse algo por encima de los 60.000 millones de euros”, cifran los economistas de Funcas. Consideran que en este escenario el principal desafío para España ahora es que aproveche el actual el ciclo expansivo para generar margen de maniobra y así reducir la vulnerabilidad ante futuros shocks.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD