La alarma saltó en febrero y puso de nuevo el foco sobre uno de los grandes quebraderos de cabeza de la Casa Real de los Países Bajos: la seguridad de sus miembros. Un hombre de 33 años fue detenido en La Haya después de protagonizar un comportamiento que hizo temer a las autoridades por la integridad de las princesas Amalia y Alexia. Sin embargo, varios meses después, la Justicia neerlandesa ha dado un giro al caso y ha descartado que existieran pruebas suficientes para demostrar que preparaba un ataque contra las hijas de los reyes Guillermo Alejandro y Máxima.
El acusado, identificado como A. Romke van der H., había sido arrestado mientras se alojaba en un hotel de la ciudad. Varias personas aseguraron haberle escuchado gritar desde el balcón de su habitación que iba a matarlos a todos. La intervención policial permitió localizar en el interior del cuarto dos hachas que llevaban inscripciones especialmente inquietantes. Una de ellas incluía el nombre de Alexia, mientras que en la otra aparecían las palabras “Mossad” y “Sieg Heil”, además de otros elementos que hicieron saltar las alarmas.
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Los agentes encontraron también documentos manuscritos en los que figuraban los nombres de las dos princesas. Entre las anotaciones aparecía el término neerlandés “bloedbad”, que significa “baño de sangre”. La combinación de estos objetos, las declaraciones de los testigos y el contexto de amenazas que ha rodeado a la heredera al trono hicieron que el caso adquiriera una especial gravedad.
La investigación apuntó inicialmente a que el hombre podía estar preparando un delito contra la libertad de las dos jóvenes. La Fiscalía sostuvo que sus planes incluían viajar con la princesa Amalia a Polonia para realizar una especie de experiencia de supervivencia en la naturaleza. Para ello había adquirido un completo equipo de acampada y supervivencia cuyo valor superaba los 2.000 euros.
Entre los objetos había cuchillos, utensilios para cocinar, una esterilla, comida y las dos hachas. Según la acusación, el problema era que la heredera difícilmente habría aceptado acompañarle voluntariamente, por lo que la Fiscalía planteó la posibilidad de que el acusado tuviera que recurrir a un secuestro o a la toma de rehenes para conseguirlo.
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La Justicia, sin embargo, no ha considerado demostrado ese escenario. El tribunal ha concluido que no existen evidencias suficientes para afirmar que estuviera preparando un ataque real contra Amalia y Alexia ni que tuviera intención de ejercer violencia contra ellas.
Un episodio psicótico
Uno de los elementos determinantes de la resolución ha sido el estado mental del acusado. Los expertos determinaron que padece esquizofrenia y que, cuando ocurrieron los hechos, atravesaba un episodio psicótico. Durante ese periodo, según se expuso en el proceso, estaba convencido de mantener una relación sentimental con la futura reina.
“Quería casarse con ella e ir de acampada a Polonia para vivir una experiencia de supervivencia”, explicó la Fiscalía. El tribunal considera que esas ideas formaban parte de su estado psicótico y que no constituyen por sí mismas una prueba de que quisiera atacar a las princesas.
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De hecho, uno de los elementos que ha pesado en la decisión fue que el acusado habría contado al empleado de la tienda donde adquirió las herramientas que tenía previsto viajar a los bosques polacos acompañado de una mujer.
El hombre ha reconocido además que necesitaba ayuda. En una audiencia anterior explicó que consumía grandes cantidades de marihuana y relacionó este consumo con el desarrollo de sus episodios psicóticos. Los especialistas que lo examinaron describieron su conducta como profundamente irresponsable.
Culpable de otros delitos, pero sin castigo
Aunque ha quedado absuelto de los cargos relacionados con las princesas, el tribunal sí le considera responsable de haber insultado a seis agentes de policía y de haber causado daños al romper una ventana. No obstante, tampoco recibirá una pena por estos hechos debido al estado psicótico en el que se encontraba.
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Los jueces tampoco han considerado necesario imponerle un tratamiento psiquiátrico obligatorio. Según explicaron, no se reunían las condiciones exigidas para autorizar una medida de este tipo, al no existir información suficiente que acreditara un peligro grave para él mismo o para terceras personas. El acusado, por su parte, había manifestado su disposición a recibir tratamiento de manera voluntaria.
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