Millones de botellas de plástico terminan cada año en los océanos y en los márgenes de las carreteras de todo el mundo. Los residuos se acumulan, pero no sólo eso, afectan a la salud de los animales de la zona y a los humanos. Para Robert Bezeau, un empresario canadiense afincado en el archipiélago panameño de Bocas del Toro, esa realidad era el pan de cada día cuando se mudó al país centroamericano. Lo que empezó en 2012 como un intento personal de entender cuánta basura generaba la isla Colón se ha transformado en la Aldea de Botellas de Plástico, un proyecto de construcción sostenible que ha levantado viviendas, un hotel y un castillo con más de un millón de envases reciclados.
Bezeau llegó a Panamá en 2007, procedente de Montreal, atraído por el clima tropical y la biodiversidad del Caribe centroamericano. Lo que encontró también fue una isla que acusaba el peso de décadas de turismo creciente con plásticos acumulados en las orillas, basura dispersa por los caminos y una infraestructura de gestión de residuos que no daba abasto. Lejos de ignorarlo, decidió documentarlo. Junto a un grupo de 15 personas, recorrió calles y locales comerciales para recolectar y catalogar los residuos. Solo entre agosto y diciembre de 2012 acumularon 60.000 bolsas de basura. En año y medio, la cifra de botellas superó el millón.
Un sistema de construcción nacido del ingenio
La transición de la recolección a la arquitectura llegó cuando Bezeau, con experiencia previa en el sector industrial, desarrolló un sistema modular propio. Las botellas vacías se introducen en jaulas de acero capaces de albergar entre 120 y 300 unidades según su tamaño. Esas jaulas se ensamblan entre sí y se integran en las paredes de los edificios, que después se cubren con una capa de cemento de unos 2,5 centímetros por cada lado. El aire atrapado en el interior de las botellas actúa como aislante térmico natural, lo que significa que el interior de las viviendas puede llegar a ser hasta 35 grados más fresco que la temperatura exterior de la pared, según recoge Vice. La estructura, además, resulta resistente a los terremotos.
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Las primeras casas del proyecto sirvieron como prototipos. A medida que el método se consolidó, el proyecto escaló hacia hoteles y restaurantes de la zona, que comenzaron a ceder sus residuos plásticos como material de construcción. Bezeau recogía las botellas dos veces por semana en camión, con el apoyo de voluntarios y empleados. La mitad del material provino de esas recogidas; la otra mitad, de campañas de reciclaje en la isla, tal como detalló La Nación de Costa Rica.
La pieza más visible de todo el conjunto es el Castillo Inspiración, una construcción de cuatro plantas y 14 metros de altura levantada con 40.000 botellas PET, según documenta Smithsonian. El edificio incluye habitaciones para huéspedes, una zona de comedor en el tercer piso y una plataforma de observación en la azotea. En 2017 obtuvo el récord Guinness al mayor castillo del mundo construido con botellas de plástico. Cuatro años después, en 2021, Bezeau añadió una mazmorra adyacente fabricada con 10.000 botellas más, con capacidad para alojar hasta 16 personas en celdas habilitadas como habitaciones temáticas.
El plan a largo plazo contempla 120 viviendas privadas distribuidas en un terreno de más de 330.000 metros cuadrados en la isla Colón. Las casas, diseñadas por estudios de arquitectura panameños, se ofrecen en varios modelos e incorporan sistemas de captación de agua, tanques sépticos y conexiones eléctricas. Una vivienda de dos plantas con 280 metros cuadrados en total tiene un coste aproximado de 70.000 dólares. El complejo prevé también una tienda, un huerto comunitario, una ecoescuela y zonas para actividades al aire libre.
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Para mantener el flujo de material, el proyecto puso en marcha las Pegatinas de Huella de Carbono. Adhesivos disponibles por una contribución de cinco dólares en hoteles y comercios de la isla. Los visitantes las entregan a niños de la zona, quienes recogen botellas, les pegan los adhesivos y las intercambian por alimentos en el Castillo Inspiración. Las botellas recolectadas se destinan directamente a la construcción de nuevas viviendas. El sitio web del proyecto, que ha recibido visitas de más de 204 países, resume la filosofía de Bezeau en una frase: “Cambia el mundo sin cambiar la Tierra”.
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