Las experiencias traumáticas sufridas durante los primeros años de vida podrían dejar una huella duradera en el cerebro y aumentar la sensibilidad al estrés décadas después. Así lo apunta un reciente estudio realizado por investigadores de Princeton University y Washington University en St. Louis (Estados Unidos), tras identificar un posible mecanismo epigenético que explicaría cómo el estrés temprano puede “programar” determinadas respuestas cerebrales en la edad adulta.
La investigación, publicada en la revista Neuron, se ha llevado a cabo con roedores y pone el foco en el área tegmental ventral (VTA), una región cerebral relacionada con la dopamina, la motivación y la respuesta al estrés. Los científicos observaron que las experiencias estresantes durante los primeros días de vida modificaban una marca epigenética concreta en esta zona y alteraban posteriormente la respuesta de los animales ante nuevas situaciones adversas.
El equipo, liderado por Catherine Jensen Peña y Meaghan C. Creed, utilizó un modelo de estrés temprano basado en la separación materna y la reducción del material disponible para construir el nido durante los primeros días después del nacimiento. Mediante técnicas que incluyeron espectrometría de masas, secuenciación de ARN, registros de actividad neuronal y manipulación epigenética, los investigadores analizaron qué cambios se producían en el VTA.
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El resultado más destacado fue un incremento de la monometilación de la lisina 4 de la histona H3 (H3K4me1), una modificación química que interviene en la regulación de la actividad de los genes. Este aumento coincidió con una mayor presencia de SETD7, una enzima responsable de añadir ese grupo metilo. Para comprobar si la relación era causal y no simplemente una consecuencia del estrés, los investigadores manipularon directamente los niveles de SETD7 en el cerebro de los animales y descubierton que, en ratones que no habían sufrido estrés durante la infancia, aumentar artificialmente la actividad de Setd7 en el VTA provocó una respuesta exagerada al estrés en la edad adulta. En cambio, reducir esta enzima en animales que sí habían experimentado adversidad temprana evitó en buena medida esa mayor sensibilidad.
Neuronas más sensibles y cambios en la conducta
Los efectos no se limitaron a los cambios moleculares. Tras enfrentarse a nuevos episodios de estrés, los animales con una mayor actividad de Setd7 mostraron una mayor excitabilidad de las neuronas dopaminérgicas del VTA y un incremento de la corriente Ih, un mecanismo eléctrico que favorece la activación neuronal.
Estas alteraciones tuvieron también una expresión conductual. Los ratones mostraron una mayor tendencia a evitar la interacción social y comportamientos compatibles con una mayor susceptibilidad ante situaciones estresantes.
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El experimento inverso reforzó la conclusión: reducir Setd7 en animales con antecedentes de estrés temprano disminuyó esa respuesta exagerada y favoreció características asociadas con una mayor resiliencia.
Una vía hacia nuevas estrategias contra el estrés
Los investigadores consideran que estos resultados ayudan a explicar, desde una perspectiva biológica, por qué las personas expuestas a adversidades durante la infancia presentan un mayor riesgo de desarrollar problemas relacionados con el estrés, la ansiedad o el estado de ánimo.
Sin embargo, el hallazgo todavía está lejos de traducirse directamente en un tratamiento, puesto que el estudio se realizó en roedores y será necesario determinar si el mismo mecanismo opera de forma comparable en seres humanos. También quedan por resolver cuestiones sobre la duración de estos cambios epigenéticos y sobre si pueden modificarse mediante intervenciones posteriores.
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Los autores señalan además que la misma “preparación” molecular que aumenta la respuesta ante experiencias negativas podría influir en la manera en que el cerebro responde a estímulos positivos. Esta posibilidad abre una línea de investigación sobre si el enriquecimiento ambiental o determinadas intervenciones durante etapas tempranas de la vida podrían ayudar a contrarrestar los efectos de las experiencias traumáticas.