Ángela Fernández, psicóloga: “No importa cómo empieza alguien contigo, importa cómo se queda”

La especialista explica que la constancia y el cuidado diario son indicadores más fiables que la intensidad de los primeros meses

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La verdadera implicación en una relación se observa en la constancia, no en cómo comienza el vínculo. (Magnific)

Las relaciones no son líneas rectas. Como cualquier vínculo humano, atraviesan momentos de entusiasmo, etapas de estabilidad y también periodos más complejos en los que la conexión parece debilitarse. Los cambios forman parte de cualquier pareja y es habitual que la intensidad inicial dé paso a una convivencia más calmada y menos marcada por la novedad.

Sin embargo, cuando las dificultades se prolongan en el tiempo, muchas personas continúan aferradas a la esperanza de que todo vuelva a ser como antes. A menudo, el recuerdo de los primeros meses de una relación se convierte en un refugio emocional desde el que se interpreta el presente. La ilusión, los gestos constantes y la sensación de descubrimiento dejan una huella difícil de olvidar.

Esa tendencia a mirar hacia atrás puede llevar a confundir el inicio con la realidad de largo plazo. Comenzar una relación de forma intensa resulta relativamente sencillo: la novedad activa la curiosidad, las ganas de agradar y el deseo de mostrar la mejor versión de uno mismo. La verdadera prueba llega cuando el tiempo avanza, desaparece el efecto sorpresa y la relación deja de sostenerse únicamente en la emoción de los primeros encuentros.

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“No importa cómo empieza alguien contigo, importa cómo se queda”, explica la psicóloga Ángela Fernández (@angelaprs.psicologia en TikTok). Según señala, es frecuente quedarse atrapado en el recuerdo de cómo alguien se comportó al principio, otorgando a esa etapa un peso que no siempre se corresponde con la realidad posterior.

La psicóloga Ángela Fernández explica la importancia del cuidado diario en una relación. (Freepik)

“Creo que a veces nos quedamos atrapados en el inicio de las cosas. Cómo nos hablaron al principio, lo que demostraban, la intensidad”, indica. Para la experta, esa idealización puede llevar a interpretar los primeros comportamientos como una prueba definitiva del compromiso de una persona, cuando en realidad las relaciones se construyen y se evalúan a lo largo del tiempo.

La constancia frente al entusiasmo inicial

Fernández destaca que el cerebro humano está especialmente preparado para responder a los estímulos novedosos. “Empezar de una manera bonita es fácil. Hay ilusión, hay ganas. ¿Qué más quiere nuestro cerebro que un estímulo novedoso, atractivo y agradable?”, explica. Durante las primeras fases de una relación, la emoción y la incertidumbre suelen generar una sensación de bienestar que favorece una percepción muy positiva del otro.

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Sin embargo, la psicóloga advierte de que esa etapa inicial no siempre refleja cómo será el vínculo una vez desaparezca la novedad. A medida que la relación avanza, la intensidad emocional se regula y las dinámicas cotidianas ocupan un espacio cada vez mayor. Es entonces cuando aparecen indicadores más fiables sobre la calidad del vínculo.

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“Lo que más muestra de una persona es cómo se queda contigo cuando el tiempo pasa, la novedad desaparece y ese subidón de dopamina se va regulando”, afirma. Para Fernández, es precisamente en esos momentos cuando se puede observar si existe una implicación genuina o si gran parte del esfuerzo respondía únicamente al entusiasmo inicial.

La especialista considera que la constancia, la presencia y el cuidado cotidiano son aspectos mucho más reveladores que los grandes gestos de los primeros meses. “Cuando ya no hay tanta sorpresa y no hace falta impresionar, ahí es donde se ve la verdad. Si hay constancia, si hay presencia, si hay cuidado real. Si solo fue una versión edulcorada en un momento bonito”, sostiene Fernández. “No se trata de cómo te hicieron sentir al principio. Lo importante es cómo te sostienen cuando ese principio mágico deja de sostenerse por sí solo”.