Silvia Severino, psicóloga: “Hay personas a las que ciertos sonidos les producen rabia o angustia y no es una exageración”

La misofonía es una alteración en la forma en que el cerebro procesa algunos sonidos

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La misofonía provoca ira o ansiedad ante determinados estímulos auditivos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Escuchar a alguien masticar, respirar fuerte o golpear repetidamente una mesa puede resultar molesto para cualquiera. Sin embargo, para algunas personas, esos sonidos cotidianos desencadenan una reacción emocional extrema e imposible de controlar. Se trata de la misofonía, un trastorno todavía poco conocido que provoca ira, ansiedad y una necesidad urgente de escapar ante determinados estímulos auditivos.

Lo que para muchos es apenas una incomodidad pasajera, para quienes padecen esta condición puede convertirse en una experiencia insoportable. Así lo ha explicado la psicóloga Silvia Severino en una reciente publicación de TikTok: “Hay personas a las que ciertos sonidos cotidianos les producen una rabia o una angustia tan intensa que necesitan escapar de ese espacio”.

“No es exageración, es un trastorno”, señala la psicóloga en su vídeo, aclarando que no se trata de una sensibilidad general al ruido ni de una simple irritabilidad. “Es una reacción emocional intensa y específica a ruidos concretos”, indica. Entre los sonidos que suelen actuar como desencadenantes mencionó a personas masticando, respirando fuerte, chasqueando los dedos o dando golpecitos de manera repetitiva.

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Una reacción que no pueden controlar

La misofonía provoca respuestas emocionales desproporcionadas frente a determinados sonidos repetitivos o corporales. “Para la mayoría, esos sonidos son simplemente molestos”, explica la psicóloga. Pero para las personas con misofonía, “pueden generar una ira intensa, ansiedad o necesidad urgente de dejar el espacio”. Además, remarca que quienes sufren este trastorno “no lo eligen y tampoco lo exageran”.

La misofonía es una alteración en la forma en que el cerebro procesa algunos sonidos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según detalla Severino, el problema está relacionado con la manera en que el cerebro procesa esos estímulos auditivos, ya que “conecta esos sonidos directamente con el sistema de amenaza”. Es decir, ruidos completamente cotidianos son interpretados por el organismo como señales de alerta, lo que desencadena respuestas emocionales involuntarias e intensas.

Durante años, quienes sufrían esta condición fueron incomprendidos o etiquetados como personas demasiado sensibles, intolerantes o emocionalmente inestables. “Durante mucho tiempo se lo descartó como simplemente inestabilidad. En los últimos años tomó su nombre: misofonía”, resume la especialista.

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Qué dice la ciencia sobre la misofonía

En los últimos años comenzaron a publicarse investigaciones científicas que respaldan la existencia de este trastorno y profundizan en su origen neurológico. Uno de los estudios más relevantes fue “The Brain Basis for Misophonia”, publicado en la revista Current Biology. La investigación detectó que las personas con misofonía presentan una actividad cerebral diferente cuando escuchan sonidos desencadenantes.

Ciertos sonidos cotidianos producen una rabia o una angustia tan intensa a algunas personas que necesitan escapar de ese espacio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los científicos observaron alteraciones en áreas relacionadas con la regulación emocional y la percepción de amenaza, especialmente en la corteza insular anterior. Además, especialistas remarcan que la reacción no depende del volumen del sonido, sino de características concretas del estímulo. Incluso ruidos muy bajos pueden provocar respuestas intensas si forman parte de los sonidos que la persona asocia con malestar.

Aunque todavía no existe un tratamiento definitivo, especialistas recomiendan abordajes psicológicos orientados a reducir la ansiedad y mejorar la regulación emocional. También suelen utilizarse herramientas de adaptación, como auriculares con cancelación de ruido, técnicas de respiración o estrategias para reducir la exposición a los sonidos desencadenantes.

La difusión de este trastorno en redes sociales puede ayudar a que muchas personas identifiquen por primera vez lo que les ocurre y dejen de sentirse incomprendidas. “Si alguien de tu vida reacciona así, no es drama. Su cerebro procesa esos sonidos como una alarma que no puede apagar”, concluye Severino.