Los microplásticos son partículas compuestas de polímeros sintéticos de menos de 5 milímetros que están por todas partes: en el agua que bebemos, en la comida que ingerimos y en el aire que respiramos. Ahora una nueva investigación de Greenpeace Internacional revela que también están presentes en alimentos para bebés comercializados en bolsitas de plástico flexible por dos grandes empresas del sector: Nestlé y Danone.
El estudio, titulado Plásticos diminutos, un gran problema: Los riesgos ocultos de las bolsas de plástico para alimentos infantiles, expone análisis de laboratorio realizados en productos de marcas como Gerber (Nestlé) y Happy Baby Organics (Danone) y todas las muestras estudiadas contenían partículas de microplásticos. Los análisis también identificaron diversas sustancias químicas tanto en los envases como en los alimentos. Por ello, la organización advierte que los bebés quedan expuestos a miles de fragmentos microscópicos en cada consumo.
“En España hemos visto cómo estas bolsitas han colonizado los pasillos de los supermercados, sustituyendo al tradicional tarro de cristal bajo la falsa promesa de comodidad. Lo que Nestlé y Danone no cuentan es que su modelo de negocio dependiente del plástico no puede garantizar que su contenido esté libre de microplásticos y químicos disruptores. Estamos alimentando a una generación con residuos plásticos ante la pasividad de los reguladores”, señala Julio Barea, responsable de la campaña de Residuos de Greenpeace.
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La organización recuerda que los bebés son especialmente vulnerables a estas exposiciones debido a que sus órganos están en pleno desarrollo y a que su ingesta de alimentos es mucho mayor en relación con su peso corporal que la de un adulto. “La contaminación por plásticos no solo está destruyendo nuestras costas y campos en España, sino que está entrando en los cuerpos de nuestros hijos desde su más tierna infancia”, sostiene Barea. “El diseño de estos envases prioriza el beneficio económico de las multinacionales sobre la salud pública. No podemos permitir que marcas que aparecen repetidamente en los informes de Break Free From Plastic como las más contaminantes del planeta sigan jugando con la seguridad alimentaria infantil”, añade.
Principales hallazgos
En cada gramo de comida analizado, los investigadores hallaron hasta 54 partículas de microplásticos en las bolsitas de Gerber y hasta 99 en las de Happy Baby Organics, lo que equivale a unos 270 y 495 microplásticos por cada cucharadita, respectivamente. Según el estudio, en cada bolsa de comida infantil, un bebé puede ingerir más de 5.000 partículas de microplásticos si consume productos de Gerber, y más de 11.000 si elige Happy Baby Organics.
La investigación también ha encontrado sustancias químicas relacionadas con el plástico tanto en los envases como en los alimentos, entre ellas un posible disruptor hormonal (2,4-DTBP) presente en muestras de yogur de la marca Gerber. Los resultados muestran una conexión clara: el polietileno, material que recubre el interior de las bolsas, es la fuente directa de los microplásticos detectados en la comida.
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Greenpeace asegura que el uso de bolsas flexibles en el mercado español está creciendo con rapidez y ya representa el 37% del sector global, por encima de los tarros de vidrio, y se estima que este formato crecerá a un ritmo anual del 8% hasta 2031. La organización advierte que, al tratarse de envases multicapa, “no se pueden reciclar de manera efectiva en España, por lo que la mayoría acaba en vertederos, incineradoras o dispersa en el medio ambiente”.
Alternativas reutilizables y libres de tóxicos
Greenpeace pide a Nestlé, Danone y a las demás empresas de alimentación infantil que revisen a fondo sus productos y garanticen que no suponen un riesgo para la salud de los niños. Además, la organización reclama un compromiso concreto para abandonar el uso de envases plásticos y apostar por alternativas reutilizables y libres de tóxicos.
También pide al Gobierno español que adopte una posición contundente en la ONU: exigir la prohibición de estos envases, impulsar una reducción del 75% en la producción global de plásticos y establecer controles estrictos para detener la contaminación química.
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