El linfoma no Hodgkin es uno de los tipos de cáncer hematológico más frecuentes en el mundo y afecta al sistema linfático, una red fundamental para la defensa inmunológica del organismo. Como es natural, su diagnóstico suele generar preocupación, los avances médicos de los últimos años han permitido mejorar significativamente las posibilidades de control y tratamiento de la enfermedad.
De acuerdo con la Clínica Mayo, el linfoma no Hodgkin se origina cuando ciertos linfocitos, que son los glóbulos blancos encargados de combatir infecciones, sufren alteraciones en su ADN y comienzan a multiplicarse de forma descontrolada. Estas células anormales pueden acumularse en ganglios linfáticos, médula ósea, bazo y otros órganos.
Los especialistas distinguen este cáncer del linfoma de Hodgkin por la ausencia de las llamadas células de Reed-Sternberg, visibles al microscopio. Además, el linfoma no Hodgkin incluye decenas de subtipos distintos, algunos de crecimiento lento y otros más agresivos.
PUBLICIDAD
Síntomas de alerta del linfoma no Hodgkin
Uno de los principales desafíos de esta enfermedad es que, en sus primeras etapas, puede desarrollarse sin síntomas evidentes. Sin embargo, existen señales de alerta que requieren atención médica. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran los ganglios inflamados en cuello, axilas o ingles, que suelen sentirse como bultos bajo la piel. También pueden aparecer fiebre persistente, sudoraciones nocturnas intensas, fatiga extrema y pérdida de peso involuntaria.
Otros pacientes experimentan dolor abdominal, sensación de presión en el pecho, tos o dificultad para respirar. En algunos casos también pueden presentarse picazón, sarpullidos o lesiones cutáneas. Según la Clínica Mayo, la localización del linfoma influye en los síntomas. Cuando la enfermedad afecta el sistema nervioso central, por ejemplo, puede provocar dolores de cabeza, visión doble, náuseas o debilidad en brazos y piernas.
Qué causa el linfoma no Hodgkin
Las causas exactas todavía no se conocen completamente, aunque la ciencia ha identificado varios factores que aumentan el riesgo. La edad es uno de ellos: el linfoma no Hodgkin es más frecuente en personas mayores de 60 años. También existe mayor probabilidad en quienes tienen antecedentes familiares de linfoma o padecen enfermedades que debilitan el sistema inmunológico.
PUBLICIDAD
Las infecciones virales y bacterianas desempeñan un papel importante. El virus de Epstein-Barr, el VIH y la bacteria Helicobacter pylori han sido relacionados con algunos tipos de linfoma no Hodgkin. Asimismo, las personas con enfermedades autoinmunes, como artritis reumatoide o síndrome de Sjögren, presentan un riesgo más elevado. Los tratamientos inmunosupresores posteriores a trasplantes de órganos también pueden favorecer el desarrollo de la enfermedad.
Tratamiento para el linfoma no Hodgkin
El abordaje terapéutico depende del tipo de linfoma, su agresividad y el estado general del paciente. En algunos casos de crecimiento lento, los médicos optan inicialmente por una estrategia de “espera vigilante”, con controles periódicos sin iniciar tratamiento inmediato.
Cuando la enfermedad requiere intervención, la quimioterapia continúa siendo una de las herramientas más utilizadas. También se emplean inmunoterapias, radioterapia y terapias dirigidas, diseñadas para atacar específicamente las células cancerosas.
PUBLICIDAD
En los casos más complejos, pueden utilizarse terapias avanzadas como el tratamiento con células CAR-T, una técnica que modifica células inmunológicas del propio paciente para combatir el cáncer. El trasplante de médula ósea o de células madre también forma parte de las opciones disponibles para determinados pacientes.