El Boletín Oficial del Estado (BOE) ha publicado 114 convocatorias con 732 nuevas plazas para acceder a un empleo público. Pero aprobar una oposición no es fácil. Los nervios, el tiempo, el límite de plazas, los diferentes tipos de test y la inseguridad de saber que ese examen puede marcar un nuevo punto en tu vida pueden hacer caer en la trampa del miedo.
Y dentro de estos tipos de test existe una prueba que, a priori, puede parecer sencilla, pero que en realidad es un auténtico quebradero de cabeza si se apoderan los nervios, te atascas y se mira el reloj. Los tests psicotécnicos son ejercicios de lógica, atención, memoria y razonamiento que para muchos aspirantes a las plazas se convierten en el momento más angustioso de toda la oposición.
No obstante, para Susana Ruíz García, psicóloga y coordinadora del Máster en formación en psicotécnicos de la Academia de preparación PIR (APIR), consultada por Infobae, el mayor enemigo del opositor no es el test, sino el desconocimiento.
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No buscan al más listo, sino al más adecuado
“Se busca a la persona que mejor se pueda adaptar al puesto de trabajo ofertado. No se trata de encontrar al más inteligente, sino a quien pueda ofrecer mejor servicio en una plaza de empleo público”, explica Ruíz García. “Aunque, en cualquier caso, una persona asentada emocionalmente y con un sistema nervioso equilibrado ofrecerá mejor desempeño en cualquier puesto”, reconoce.
Además, no todos los puestos requieren el mismo perfil. “Las aptitudes evaluadas van en función del puesto. No se aplica el mismo psicotécnico en la selección de un policía que en la de un sanitario”, precisa la psicóloga. El objetivo es identificar a los candidatos capaces de desempeñar el trabajo de forma eficaz y equilibrada, especialmente en profesiones donde la precisión o la atención constante son exigencias del día a día.
Un complemento a la teoría
Los psicotécnicos no pretenden sustituir al examen teórico, sino complementarlo. Mientras el temario mide los conocimientos, estas pruebas detectan las capacidades que no afloran en un examen tradicional: concentración, juicio, autocontrol emocional o aptitudes para el pensamiento lógico.
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Su aplicación persigue además la subjetividad de la selección mediante herramientas estandarizadas con validez psicométrica. “La psicometría busca garantizar la fiabilidad, validez y precisión en los resultados”, señala Ruíz García.
Cómo se hace un test psicotécnico
Detrás de cada pregunta hay un trabajo considerable. La elaboración comienza defendiendo qué capacidad concreta se quiere medir (lógica, memoria, atención, velocidad mental o personalidad), se ajusta el nivel de dificultad según el puesto y el perfil de los aspirantes, y se diseñan ejercicios claros y coherentes con la habilidad que se evalúa.
Una vez elaborado, el test pasa a una prueba piloto para detectar errores o ambigüedades. Sus resultados se analizan para comprobar su fiabilidad y validez antes de la aplicación definitiva. Estos exámenes se apoyan en modelos como la Teoría Clásica de los Test y principios de Psicología Cognitiva.
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“Es imprescindible que un profesional de la psicología esté detrás de la elaboración e interpretación de los resultados”, sentencia la experta. Los tests mal diseñados, sin un experto al frente, pueden incluir preguntas sesgadas o interpretaciones incorrectas y derivar en evaluaciones injustas.
¿Las preguntas están hechas para pillar?
Esta es una de las preguntas que más se hacen los opositores. La sensación de que el examen intenta confundir aparece con frecuencia, especialmente cuando el tiempo corre y surgen preguntas largas o aparentemente enrevesadas. “Sois muy mal pensados… casi siempre”, responde. No obstante, reconoce que algunas preguntas incluyen distractores, pero su finalidad no es engañar gratuitamente, sino evaluar cómo el candidato responde ante el estrés.
También desmonta la creencia de que las preguntas más difíciles se colocan al principio para provocar el abandono. “No es lo habitual que las pruebas psicotécnicas pretendan provocar el abandono temprano”, dice. Lo que sí puede ocurrir es que los ejercicios más laboriosos aparezcan en la zona media del examen, precisamente para medir la capacidad del opositor de gestionarlos y avanzar.
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El gran error: hacer el examen en orden
El fallo más repetido entre los que se enfrentan a un psicotécnico es resolverlo en orden, pregunta a pregunta, sin saltarse ninguna: “Es un error muy común que la gente realice el test de forma secuencial para darse cuenta en los cinco últimos minutos de que las preguntas más sencillas estaban al final y no las han podido hacer”.
Por eso, recomienda saltar las preguntas difíciles y volver después. “Rotundamente no” hay que quedarse bloqueado ante una duda. La estrategia correcta pasa por identificar rápidamente los ejercicios más asequibles, asegurar esos puntos y vigilar las penalizaciones, admite Ruiz García a este diario.
Su consejo es simple: “Hay que empezar con tres respiraciones profundas”. Después, leer las instrucciones con calma y echar un vistazo general al test antes de ponerse a responder.
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La presión de jugarse el futuro
Sin embargo, el estrés aumenta conforme el opositor siente que tiene más posibilidades. “Cuando se lleva tiempo preparando y se sabe que hay oportunidades reales de obtener la plaza, la presión empieza a ser importante”, reconoce Ruiz García.
El estrés afecta directamente a la concentración, la memoria y el razonamiento. Por eso la psicóloga considera fundamental entrenar con simulacros reales y automatizar estrategias antes del día del examen, de modo que el opositor tenga dinámicas establecidas cuando comienza la presión.
Cómo preparar un psicotécnico
En los psicotécnicos no vale enrollarse. A diferencia de las pruebas teóricas, aquí no hay margen para la ambigüedad. Lo que se entrena es la lógica, la atención y la intuición bajo presión, y eso solo se consigue con práctica constante y planificada.
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Para preparar un test psicotécnico, Ruiz García recomienda: práctica diaria y constancia, identificación de patrones y errores propios, análisis del tiempo, lectura comprensiva de los enunciados y diseño de una estrategia personal de examen basada en las fortalezas del candidato. A partir de ahí, la prioridad al hacer examen es mantener la calma, evitar obsesionarse con las preguntas difíciles y recordar que, en muchas ocasiones, el verdadero enemigo no es el test, sino la ansiedad con la que se afronta.