Cómo el 15M acabó con la política que conocimos: 15 años del fin del bipartidismo PSOE-PP

La movilización reclamó el fin del bipartidismo y desde entonces los gobiernos en solitario se han convertido casi en un sueño utópico

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Manifestantes del Movimiento 15M. EFE/Víctor Lerena/Archivo

Un día como hoy hace 15 años miles de personas salieron a las calles a protestar contra la realidad política y económica que el país arrastraba desde la crisis de 2008. Ya no era solo una protesta por cuestiones económicas, por la imposibilidad de acceso a la vivienda, el altísimo paro juvenil, la presión fiscal de Bruselas, los recortes sociales y rescates públicos a los bancos. Se trataba de un grito de personas indignadas que no se sentían representadas por un sistema bipartidista que llevaba rigiendo los últimos 30 años.

El movimiento de los indignados no consiguió consumar las grandes demandas sociales, pero sí fue el germen de un cambio en el tablero político, donde los partidos tradicionales pasarían de gobernar en solitario a necesitar de los nuevos para gobernar.

A raíz de este movimiento nacería años después, en 2014, Podemos. La formación emanó principalmente desde el seno académico y universitario, de la mano de ideólogos y profesores de la Universidad Complutense de Madrid como Luis Alegre, Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias o Iñigo Errejón.

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De Iglesias a Rivera, pasando por Colau y Carmena

Podemos nació para disputar la hegemonía de la izquierda al PSOE —hasta entonces su único rival era Izquierda Unida—, pero su irrupción no sería la única que revolucionaría los gobiernos. En ese mismo año, con motivo de las elecciones europeas, saltaría de Cataluña Ciudadanos, el partido liderado por Albert Rivera que emergía como el macronismo español. Un año antes se formó Vox, un partido que emergió del sector más radical del PP.

El partido de Pablo Iglesias dio la campanada en los comicios europeos celebrados en aquel año, cosechando cinco escaños en Estrasburgo. Vox no logró representación, mientras que Ciudadanos obtuvo 2 diputados. El bipartidismo, una vez más, se hizo con la mayor parte del pastel, pero los datos ya reflejaron que los partidos tradicionales irían perdiendo progresivamente cuotas de poder.

El vuelco se confirmaría en las elecciones autonómicas y municipales de 2015, un año más tarde. Aunque el Partido Popular logró mantenerse como la fuerza más votada, su control sobre los principales territorios quedó comprometido por el resultado de la formación morada y su capacidad de pactar con el PSOE, convirtiéndose en la llave de gobierno en seis comunidades autónomas.

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En la Comunidad de Madrid, los populares de Cristina Cifuentes acabaron tirando de Ciudadanos tras perder la mayoría absoluta. En la alcaldía, Manuela Carmena, de Ahora Madrid, acabaría arrebatando el bastón de mando a los populares tras más de dos décadas de dominio.

De izquierda a derecha, Mariano Rajoy (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Albert Rivera (Cs) y Pablo Iglesias (Podemos) en un debate electoral. (AFP PHOTO/JAVIER SORIANO)

El avance de las candidaturas ciudadanas de la izquierda también se tradujo en otra de las caras visibles del 15M, la victoria de Ada Colau en Barcelona, líder procedente de los movimientos sociales.

En las generales de diciembre de ese mismo año, la suma de votos de PP y PSOE apenas superó el 50%, lejos del tradicional 80% que ambas formaciones acumulaban. Podemos alcanzaría su techo, convirtiéndose en la tercera fuerza con 69 escaños. “España ha votado un cambio de sistema”, celebró Iglesias en aquella noche electoral, con el telón de fondo de su lema “sí se puede”.

Ciudadanos fue la otra sorpresa al irrumpir en el Congreso de los Diputados como la cuarta fuerza política, obteniendo 40 escaños en sus primeras elecciones generales. El Partido Popular ganó aquellas elecciones, pero sin capacidad de gobernar en solitario.

Mariano Rajoy se vio obligado a buscar pactos con Ciudadanos y Coalición Canaria. Y ni con eso daban las cuentas: 169 diputados. Finalmente, el PSOE permitiría su investidura gracias a la abstención de todos sus diputados excepto 15. Ese gobierno en minoría inédito acabaría cayendo por una moción de censura y sustituyéndolo otro gobierno de coalición, entre PSOE y Podemos.

Un gobierno en solitario sigue siendo el ‘santo grial’

En los ejecutivos nacionales, el bipartidismo se ha convertido en un sueño utópico pese a los batacazos y desapariciones de partidos que llegaron a rozar el poder. Cabe recordar que el actual gobierno de coalición de Pedro Sánchez necesitó del apoyo de hasta siete partidos (contando con el divorcio de Podemos y la coalición Sumar).

El presidente del PP de Aragón, Jorge Azcón y el portavoz de Vox, Alejandro Nolasco Asensio tras ser reelegido presidente de Aragón con apoyo de los de Abascal. (EFE/ Javier Cebollada)

Y en las autonomías el cuento no ha sido distinto. Tan solo cinco territorios resisten con mayorías absolutas ostentadas por el bipartidismo (dos del PSOE y tres del PP). Las turbulencias han llegado sobre todo para el PP, que, a pesar de mostrarse como claro ganador, ha necesitado llegar a pactos con un Vox disparado para gobernar.

El escenario que se presenta para las próximas elecciones generales es el mismo. Ni PP ni PSOE podrían gobernar en solitario y la fórmula de coalición ya es la nueva normalidad.