El final de una relación sentimental suele arrastrar dudas, impulsos contradictorios y una sensación de vacío difícil de encajar. En medio de ese torbellino emocional surge una pregunta que divide opiniones: ¿Es sano cortar todo contacto con la expareja? Para el psicólogo Fran Sánchez, la respuesta no deja lugar a dudas. El llamado “contacto cero” no solo no es inmaduro, sino que resulta “fundamental” tras una ruptura, aunque implique atravesar de lleno el dolor de la pérdida.
En un mundo en el que cada vez más personas exponen sus procesos emocionales en redes sociales, Sánchez desmonta uno de los mitos más extendidos sobre las rupturas. Frente a la creencia de que aplicar el contacto cero “es un acto de inmadurez, es innecesario y es una falta de respeto para la otra persona”, el psicólogo lo rechaza con rotundidad y sostiene que esta estrategia es “recomendable y casi fundamental en muchos casos, por no decir que en casi todos”.
La clave, explica, está en cómo funciona el vínculo emocional tras una separación. “Desvincularte de una persona cuando no era tu intención se parece mucho a dejar una adicción”, señala. Aunque matiza que no es exactamente lo mismo, sí reconoce que existen “muchas similitudes”, ya que en ambos casos se trata de separarse de algo a lo que se estaba “muy vinculado aunque no quieras hacerlo”.
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El contacto cero como herramienta psicológica
Lejos de ser una reacción impulsiva, el contacto cero tiene una base sólida en la psicología. Sánchez lo vincula con el llamado control de estímulos, una técnica que busca reducir la exposición a aquello que mantiene un hábito o una dependencia. “El control de estímulos consiste en reducir o eliminar todo aquello que activa o mantiene el deseo o el vínculo”, explica.
Para ilustrarlo, recurre a un ejemplo claro: “En una adicción al alcohol, la persona tendría que dejar de exponerse a contextos donde ese consumo es habitual, se normaliza o incluso se favorece, como bares o situaciones que recuerden constantemente a ello”.
En una ruptura sentimental, el mecanismo es el mismo. “Si quieres desvincularte de una persona con la que no querías romper, pero has tenido que hacerlo porque la otra persona así lo ha decidido o porque la relación no era sana y no te ha quedado otra opción, necesitas dejar de exponerte a todo aquello que reactive el vínculo”, subraya.
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Esto va mucho más allá de dejar de hablar con la expareja. “No mirar sus redes sociales ni comprobar si él ve las tuyas, no revisar conversaciones antiguas, no mirar fotos, no exponerte constantemente a recuerdos que te conectan con lo que fue o con lo que podría haber sido”, detalla. Y advierte: “Todo eso reactiva el vínculo emocional una y otra vez y te vuelve a llevar a los buenos y a los malos momentos, a la idealización, a la sensación de pérdida”.
Sin esa distancia, añade, es fácil quedar atrapado en una dinámica que dificulta el duelo. “Sin contacto cero entras en una espiral: un día te sientes un poco mejor, al día siguiente un poco más vulnerable, te das el permiso de mirar algo suyo, esto te sobreactiva y al final le acabas escribiendo”. Este ciclo reaviva expectativas, ilusiones de reconciliación y sentimientos de inseguridad que mantienen a la persona “enganchada en algo que ya no está”.
Aun así, Sánchez matiza que aplicar contacto cero no implica dejar de sentir. “No significa que no vayas a pensar en esa persona, a sentir o a reflexionar. Eso es parte del duelo y es necesario para procesarlo correctamente”, apunta. La diferencia está en evitar que ese proceso natural se convierta en un “sobrepensamiento constante”.
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El especialista defiende, en definitiva, que esta práctica es una forma de autocuidado. “El contacto cero no es inmadurez, es justo lo contrario: es autocontrol, es responsabilidad y es una forma de cuidarte y deberías valorar el aplicarlo”, concluye.