Italia ha puesto en marcha la construcción del que será el túnel submarino de mayor diámetro de Europa, una infraestructura estratégica que conectará el oeste y el este de Génova atravesando el área portuaria. El proyecto, ya en fase inicial, se enmarca en un ambicioso plan de transformación urbana y de movilidad que pretende aliviar la congestión del tráfico y avanzar hacia un modelo de ciudad más sostenible.
La nueva conexión subterránea, promovida por la concesionaria Autostrade per l’Italia (Aspi), surge además como parte de las obras compensatorias tras el colapso del viaducto de Morandi en 2018, una tragedia en la que fallecieron 43 personas y que dejó aislado a un barrio entero, con cientos de ciudadanos desplazados. La iniciativa busca no solo mejorar la red viaria, sino también responder a una deuda social y territorial derivada de aquel suceso.
Un eje subterráneo para redibujar la ciudad
El túnel contará con una longitud de 3,4 kilómetros —que se amplía hasta los 4,2 kilómetros si se incluyen los enlaces con la red urbana— y discurrirá a una profundidad máxima de 45 metros bajo el nivel del mar. Con un diámetro aproximado de 16 metros, se situará entre los mayores del mundo en su categoría.
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El trazado partirá desde la zona occidental de San Benigno, próxima a la histórica Lanterna de Génova, y avanzará bajo el subsuelo portuario, incluyendo el paso bajo el Porto Antico, hasta alcanzar su salida en el este de la ciudad, en Viale Brigate Partigiane. El diseño contempla dos galerías paralelas, cada una destinada a un sentido de circulación, con el objetivo de garantizar la seguridad y la fluidez del tráfico.
La infraestructura ha sido concebida para descongestionar arterias clave como la Sopraelevata, una vía elevada que actualmente soporta una alta densidad de tráfico. Según los responsables del proyecto, el túnel permitirá ahorrar más de un millón de horas de desplazamientos al año una vez esté operativo.
Tecnología y sostenibilidad como ejes del proyecto
La ejecución de la obra requerirá el uso de tuneladoras TBM (Tunnel Boring Machines), conocidas como “topos” mecánicos, capaces de perforar distintos tipos de terreno con precisión milimétrica. Estas máquinas, dotadas de sistemas informatizados, permitirán trabajar a gran profundidad minimizando riesgos estructurales.
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El túnel no solo será una infraestructura de transporte, sino también un sistema inteligente e interconectado, preparado para integrar tecnologías avanzadas de gestión del tráfico y seguridad. Este enfoque responde a los estándares actuales de las denominadas smart cities, en las que la digitalización y la eficiencia energética juegan un papel central.
El impacto medioambiental es otro de los pilares del proyecto. Las autoridades italianas sostienen que la nueva conexión reducirá significativamente las emisiones de carbono al optimizar los desplazamientos y disminuir la congestión del tráfico en superficie. Además, la liberación de espacio urbano permitirá la creación de hasta 10 hectáreas de zonas verdes, contribuyendo a mejorar la calidad ambiental de la ciudad.
La inversión total asciende a 1.000 millones de euros y el calendario de ejecución prevé la finalización de las obras en 2029. Durante este periodo, se estima la creación de más de 5.000 puestos de trabajo directos e indirectos.
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Un precedente internacional: el modelo noruego
En el contexto internacional, los túneles submarinos han demostrado su capacidad para transformar la movilidad en territorios complejos. Uno de los ejemplos más destacados es el Ryfylketunnelen, en Noruega, considerado el más largo del mundo con sus 14,4 kilómetros.
Este túnel conecta la ciudad de Stavanger con la localidad de Solbakk, cerca de Tau, atravesando el fiordo de Horgefjord. Con una pendiente de hasta el 7% y una profundidad máxima de 292 metros bajo el nivel del mar, su construcción supuso un hito en la ingeniería civil.
Antes de su apertura, el trayecto entre ambos puntos requería un desplazamiento en ferry de aproximadamente 45 minutos. Con la nueva infraestructura, el tiempo de viaje se ha reducido a unos 15 minutos, mejorando notablemente la conectividad y la actividad económica de la región.
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El caso noruego sirve como referencia para proyectos como el de Génova, que buscan combinar innovación tecnológica, eficiencia en el transporte y beneficios medioambientales. En el caso italiano, además, la iniciativa se integra en un plan urbanístico de largo recorrido, cuyos orígenes se remontan a propuestas elaboradas en 2003 y posteriormente aprobadas por el Ministerio de Infraestructuras en 2005.
El relanzamiento definitivo del proyecto en 2024 ha sido posible gracias a la colaboración entre distintas administraciones, incluyendo la Región de Liguria, el Ayuntamiento de Génova y el Gobierno italiano, junto con la participación de Aspi como principal ejecutor.