Nuestra salud intestinal tiene mucho que decir de nuestra salud en general, más incluso de lo que se pensaba hace solo unos años. El ritmo del tránsito intestinal, es decir, la rapidez con la que las heces avanzan por el aparato digestivo, podría ser clave en cuestiones como la eficacia de tratamientos y ciertas dietas.
La comunidad científica se ha preocupado especialmente por encontrar una relación entre el tránsito intestinal y la salud general. Uno de los estudios más importantes hasta la fecha salió a la luz en 2023 en la revista Gut, en el que los investigadores descubrieron que los microbios intestinales variaban de manera significativa en función de la rapidez con la que las heces se movían por el aparato digestivo.
Los datos que sustentan este hallazgo provenían de un metaanálisis que reunió los resultados de decenas de estudios en los que participaron miles de personas, tanto sanas como con diagnósticos de síndrome de intestino irritable, estreñimiento o cirrosis hepática.
La revisión, liderada por Nicola Procházková y Henrik Roager de la Universidad de Copenhague, subrayaba que los denominados perfiles de tránsito rápido o lento no solo evidencian diferencias visibles en el ritmo digestivo, sino que también se reflejan en la diversidad y el tipo de bacterias predominantes en el intestino. Las personas con tránsito rápido presentan una microbiota dominada por especies que se desarrollan en entornos ricos en carbohidratos y bajos en grasas, mientras que el tránsito más lento favorece la proliferación de bacterias que prefieren las proteínas.
Tanto los perfiles extremos de tránsito, rápido y lento, muestran una menor diversidad microbiana que aquellos con un ritmo medio, lo que sugiere que la velocidad del tránsito intestinal puede determinar el predominio de especies especializadas que condicionan el equilibrio de todo el sistema.
El tránsito intestinal y el Parkinson
La presencia de distintos perfiles bacterianos asociada al tiempo de tránsito intestinal explica las diferencias en la producción de metabolitos y la regulación de la acidez del colon. El análisis detectó que, durante periodos de tránsito más prolongado, los microbios disponen de más tiempo para fermentar los restos alimentarios y modificar el entorno intestinal, lo que puede tener efectos directos sobre la aparición de trastornos metabólicos, inflamatorios o incluso neurológicos, entre los que se encuentra la enfermedad de Parkinson.
Procházková y Roager, junto a su equipo, señaron en su trabajo que “comprender mejor las interacciones complejas y bidireccionales entre la microbiota intestinal y el tiempo de tránsito es esencial para conocer cómo varía el microbioma en la salud y en la enfermedad”, según recoge ScienceAlert.
El ritmo intestinal marca la eficacia de los suplementos
El tiempo de tránsito intestinal no solo constituye un factor diagnóstico, sino que también puede determinar el éxito o el fracaso en la utilización de probióticos y suplementos, puesto que la reacción del organismo a las intervenciones terapéuticas podría depender del ritmo individual del aparato digestivo. De este modo, dos personas que consumen una misma dieta pueden experimentar efectos diferentes, condicionados únicamente por la velocidad a la que sus sistemas eliminan los residuos.
La inclusión sistemática de la medición del tiempo de tránsito en estudios sobre la microbiota podría permitir una personalización mucho más ajustada de los tratamientos y de la prevención de enfermedades digestivas y sistémicas. Procházková y Roager afirmaron en su artículo que “la integración de la medición del tiempo de tránsito intestinal en las investigaciones sobre el microbioma puede ayudar a relacionar la dieta, la salud intestinal y las enfermedades”.