La prensa británica desvela los detalles del retiro espiritual de Sarah Ferguson en los Alpes: 2.300 euros la noche y spa privado

La exmujer del príncipe Andrés decidió dejar Reino Unido hace unos meses y desaparecer del foco público en Suiza

Sarah Ferguson (IMAGEN DE ARCHIVO).

Sarah Ferguson decidió desaparecer del ojo público hace unas semanas tras la detención del príncipe Andrés. Sin embargo, lejos de huir a un país de Oriente Medio como otros miembros de la realeza mundial, la exduquesa ha permanecido refugiada en un exclusivo enclave alpino, rodeada de discreción, lujo y silencio. La prensa británica ha desvelado este domingo algunos detalles más de la Mayrlife Clinic, uno de los destinos favoritos de millonarios y celebridades en busca de bienestar.

Según el Daily Mail, el retiro no ha sido precisamente austero. Ferguson se habría instalado en un chalet privado de madera, valorado en unas 2.000 libras por noche (alrededor de 2.300 euros), en plena naturaleza. Un entorno diseñado para garantizar el anonimato, con vistas al lago Altaussee, spa privado y todas las comodidades imaginables. Un contraste evidente con la imagen de incertidumbre que rodea su situación personal tras su progresivo alejamiento de la vida pública.

Su reaparición, captada por fotógrafos de The Sun tras meses sin imágenes suyas, ha sido breve pero significativa. Vestida de forma discreta, con gafas de montura gruesa y gorra, la exesposa del príncipe Andrés apenas recordaba a la figura mediática habitual. Solo algunos detalles, como sus característicos pendientes dorados, permitían identificarla. Su expresión, seria y contenida, reflejaba el peso de una etapa marcada por la incertidumbre.

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El contexto no es menor. Las dudas sobre sus vínculos con el financiero Jeffrey Epstein siguen generando presión, especialmente desde Estados Unidos, donde varios legisladores han solicitado que colabore con investigaciones abiertas. Aunque no ha sido acusada formalmente, su nombre continúa apareciendo en documentos y comunicaciones que mantienen vivo el interés mediático y judicial.

Sarah Ferguson, entonces duquesa de York, aparece en esta imagen difundida por el Departamento de Justicia en Washington, D.C., EE. UU., el 19 de diciembre de 2025. (Departamento de Justicia de EE. UU./Imagen cedida a REUTERS).

Incertidumbre sobre su regreso

Mientras tanto, su entorno describe este aislamiento como un proceso necesario. “Está intentando reorganizar su vida”, aseguran fuentes cercanas al Daily Mail, que insisten en que no se trata tanto de una huida como de una pausa estratégica. La propia Ferguson habría mantenido contacto puntual con allegados a través de mensajes, aunque sin concretar planes de regreso al Reino Unido.

Durante semanas, las especulaciones sobre su paradero se multiplicaron. Se habló de estancias en Australia, Argentina, Dubái o incluso California, alimentando la idea de un viaje constante. Sin embargo, la realidad parece haber sido mucho más estática: un único destino, elegido cuidadosamente por su privacidad y su historial personal.

No es la primera vez que Ferguson recurre a este tipo de refugios. En 2024, tras ser diagnosticada de un melanoma, ya pasó una temporada en el mismo complejo, donde agradeció públicamente la atención recibida. La filosofía del centro, inspirada en las teorías del médico Franz Mayr, combina tratamientos médicos, nutrición y programas de desintoxicación enfocados en el bienestar integral.

Sarah Ferguson, duquesa de York, posa durante una sesión fotográfica a la llegada de los invitados a la gala de los Caballeros de la Caridad en Cannes, Francia, el 17 de julio de 2025. (REUTERS/Manon Cruz).

El enclave, además, cuenta con una larga lista de visitantes ilustres. Actrices como Nicole Kidman, Rebel Wilson o Melanie Griffith han pasado por sus instalaciones, consolidando su reputación como santuario para figuras públicas que buscan desconectar del ruido exterior.

Sin embargo, más allá del lujo y la tranquilidad, la incógnita principal sigue siendo el futuro inmediato de la exduquesa. Su situación personal ha cambiado radicalmente: sin funciones oficiales, sin residencia estable en Reino Unido y con su imagen pública deteriorada, el camino a seguir no parece claro.

A ello se suma la situación de su exmarido, el príncipe Andrés, también apartado de sus responsabilidades institucionales y cuya figura continúa generando controversia. Ambos comparten ahora un escenario marcado por la pérdida de estatus y la necesidad de redefinir su papel fuera del núcleo central de la monarquía británica.

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