La autora y psicóloga Pamela D. Brown advierte que “las habilidades sociales no siempre se desarrollan de forma natural en la infancia” y que aprender a hacer amigos requiere mucho más que compartir tiempo con otros niños. En su artículo publicado en Psychology Today, Brown señala que existe una suposición errónea: los padres suelen creer que, por el solo hecho de estar rodeados de compañeros, sus hijos aprenderán a relacionarse. Sin embargo, la experiencia demuestra que este aprendizaje necesita de guía, oportunidades para interactuar y orientación adulta.
Brown explica que la amistad va más allá de la simple conexión. Es un proceso que implica gestionar malentendidos, lidiar con emociones intensas, aprender a reconciliarse y, en ocasiones, afrontar el malestar propio de los conflictos. La psicóloga subraya que estas situaciones no solo son inevitables, sino necesarias para el crecimiento social. La habilidad para formar y mantener relaciones se adquiere con la práctica y la observación, no como un rasgo innato.
Además, la capacidad de establecer vínculos sólidos influye directamente en la gestión del estrés y en la construcción de una red de apoyo. Brown recalca que las amistades ofrecen perspectiva, apoyo emocional y oportunidades para resolver problemas, elementos que resultan centrales en el desarrollo integral del niño. Sin estas experiencias, advierte, muchas habilidades sociales pueden quedar poco desarrolladas.
El reto de la infancia en la actualidad
Pamela D. Brown destaca que el contexto actual dificulta el aprendizaje social. El tiempo que los niños pasan frente a pantallas ha aumentado considerablemente, lo que reduce las oportunidades para practicar habilidades sociales en la vida real. Según la psicóloga, la empatía, la adaptación y la consideración hacia los demás se ejercitan menos cuando la interacción es virtual, lo que puede traducirse en dificultades para “leer” a los compañeros, resolver conflictos y adaptarse a situaciones cambiantes.
La pandemia de COVID-19 aceleró este fenómeno. Muchos padres debieron combinar trabajo y cuidado de los hijos en casa, recurriendo a dispositivos electrónicos como solución práctica. Esta dinámica, aunque necesaria, limitó aún más los espacios para el contacto directo entre niños y restringió las oportunidades de aprender a negociar, resolver pequeños desacuerdos y experimentar el impacto real de sus acciones en otros.
Para Brown, las interacciones cara a cara son insustituibles. Solo en la vida real es posible observar el lenguaje no verbal, ajustar el comportamiento en tiempo real y aprender de las consecuencias inmediatas. Estas experiencias enseñan a los niños qué comportamientos fortalecen una amistad y cuáles pueden debilitarla.
El rol de los adultos y las claves de una amistad sana
La psicóloga resalta que los adultos juegan un papel fundamental en el desarrollo de las habilidades sociales. Brown sostiene que los niños aprenden observando a los demás, pero que la intervención adulta, a través de comentarios y explicaciones, potencia ese aprendizaje. Cuando los adultos ayudan a interpretar lo que ocurre en una interacción o explican por qué una acción lastimó a un amigo, facilitan la comprensión de las reglas sociales y el desarrollo de la empatía.
Según Brown, las amistades duraderas se construyen sobre pilares como el cuidado, el apoyo, la empatía, la lealtad, el respeto mutuo y la capacidad de resolver conflictos. Reconocer estos elementos en los demás y fomentarlos en uno mismo es esencial para establecer conexiones sanas. La autora destaca que no todas las amistades infantiles tienen todos estos componentes, pero aprender a identificarlos es parte del crecimiento personal.
Brown concluye que la conversación cotidiana y compartir experiencias son vitales. Los niños no solo aprenden de sus propios errores y aciertos, sino también de lo que observan y conversan con adultos y compañeros. Las habilidades sociales, recalca, no surgen por casualidad: necesitan espacios de práctica, orientación y el apoyo constante de los adultos. Así, los niños pueden construir amistades que los acompañen y fortalezcan a lo largo de la vida.