Sentir que uno debe ganarse el afecto de su pareja cada día es uno de los principales síntomas de que algo no va bien en una relación. Lo explica el psicólogo y divulgador Fran Sánchez que, en una de sus últimas publicaciones, sostiene que hay señales claras de que un vínculo es dañino.
Sánchez expone ciertos escenarios que dejan claro que la relación es tóxica: “Si estás en una relación donde sientes que tienes que ganarte al otro cada día, donde sientes que tienes que luchar constantemente para que no se acabe, permíteme decirte que no estás en una buena relación”, avisa. Tampoco si “casi pareciese que tu pareja ocupa el lugar de jefe y tú el de alguien que está haciendo malabares constantemente para que no le abandonen o no le echen de su vida”; o “si el hecho de que el otro esté contigo se vive casi como si te estuviese dando un premio, un privilegio o un favor que te estuviera haciendo”.
“No estás en una buena relación si eres tú quien hace esfuerzos constantes mientras el otro se acomoda y espera a que seas tú quien se adapte a todo lo que quiere y cómo lo quiere sin tenerte en cuenta”, continúa y añade que otra señal es que “lo que tú necesitas y tu forma de entender las cosas se invalida o se critica constantemente o directamente no importa”. No estás en una buena relación, agrega, “si tú siempre eres culpable y del otro lado nunca hay reconocimiento de nada”.
Frente a este tipo de experiencias, el especialista contrapone el modelo de vínculo saludable, caracterizado por la equidad y el reconocimiento: “Una relación sana no es un lugar donde tienes que estar demostrando tu valor constantemente. Es un lugar donde tu valor ya está reconocido y donde el esfuerzo existe, sí, pero es cosa de dos, no de uno”, ha argumentado Sánchez en sus reflexiones divulgativas.
La búsqueda de reciprocidad y el riesgo de perder la propia identidad
La tendencia a permanecer en relaciones desequilibradas suele nacer, según Sánchez, de un deseo intenso de que el otro termine por corresponder a las propias necesidades: “Muchas veces queremos que alguien sea lo que necesitamos porque lo deseamos de una forma muy intensa y por eso nos quedamos aunque las cosas marchen mal”, ha sostenido el psicólogo. El especialista advierte, no obstante, que en la mayoría de los casos esa correspondencia no llega a materializarse: “La realidad es que en muchos casos eso no cambia y nunca llega a ser”.
El desenlace de estas relaciones puede derivar en una sensación de vacío persistente: “Cuando tienes que luchar constantemente para que alguien no se vaya, esa persona en realidad ya no está y en el fondo te estás perdiendo también a ti cada vez más”. En este tipo de casos, que no son fáciles de reconocer ni de afrontar, lo más conveniente es plantearse si es el momento de que termine la relación y empezar un proceso de recuperación.