Dos señales de que estás dejando de lado tus necesidades, según un psicólogo

El profesional trata de evitar consecuencias como ansiedad, insatisfacción y la pérdida de bienestar emocional

Las señales de que has abandonado tus necesidades. (Adobe Stock)

Muchas personas pasan años sin darse cuenta de que están dejando de lado sus propias necesidades para agradar, adaptarse o simplemente evitar conflictos. El psicólogo Mark Travers, autor en Psychology Today, señala que esta tendencia suele surgir de hábitos aprendidos en la infancia, cuando se prioriza la armonía social por encima de la autenticidad personal. Lo que en un principio puede parecer cortesía o flexibilidad, termina convirtiéndose en una limitación que afecta la vida adulta.

Según Travers, estos patrones de comportamiento rara vez son decisiones conscientes. Más bien, se desarrollan como estrategias de supervivencia emocional y se refuerzan a través de la familia y las normas sociales. En palabras del especialista, “la mayoría de los comportamientos sociales que adquirimos en la infancia para sobrevivir se convierten en las limitaciones que nos restringen en la edad adulta”. Así, muchas personas llegan a la adultez sin saber bien cuáles son sus deseos, necesidades o límites.

Identificar las señales de que estamos relegando nuestras propias necesidades es fundamental para evitar consecuencias como ansiedad, insatisfacción y la pérdida de bienestar emocional. Travers destaca dos señales claras y frecuentes que pueden pasar desapercibidas, pero que indican que alguien está priorizando a los demás en detrimento de sí mismo.

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El autosilenciamiento: callar para pertenecer

Para Mark Travers, una de las señales más importantes es el autosilenciamiento, es decir, la tendencia a callar opiniones, emociones o necesidades con tal de evitar el conflicto y mantener la aprobación del entorno. Este patrón se origina en la infancia, donde los niños aprenden que ciertas emociones (como la alegría o la curiosidad) son bien recibidas, mientras que otras (como la ira, la tristeza o el desacuerdo) generan incomodidad o rechazo.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

Travers explica que esta regulación emocional no es innata, sino aprendida. Cuando los cuidadores minimizan o ignoran las emociones, los niños internalizan la idea de que deben inhibir sus sentimientos para preservar la conexión. En la vida adulta, esto se traduce en frases como “dudar antes de expresar desacuerdo”, “minimizar el propio malestar” o decir “está bien” aunque no sea cierto. El especialista advierte que este autosilenciamiento se convierte en un reflejo, una respuesta automática ante la amenaza de perder la aceptación.

El costo de mantener esta brecha entre lo que se siente y lo que se expresa no es menor. Travers subraya que las personas que se autosilencian suelen experimentar una incongruencia emocional persistente, lo que genera ansiedad, síntomas físicos y un malestar difícil de identificar. “Mantener esa brecha tiene un costo fisiológico y psicológico, y se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y síntomas somáticos”, afirma el psicólogo.

La segunda señal: adaptarse en exceso para encajar

La segunda señal que destaca Travers es la tendencia a volverse excesivamente adaptable. Aunque la sociedad valora la flexibilidad y la capacidad de ajustarse a los demás, llevada al extremo, esta cualidad puede hacer que la persona pierda claridad sobre sus propios deseos, preferencias e incluso su identidad. El psicólogo lo describe como “reflejar las preferencias de los demás sin darse cuenta” o tener dificultades para responder preguntas básicas como “¿qué quieres?”.

Adaptarse a los demás tanto que olvidas tus necesidades. (Freepik)

Esta adaptación excesiva suele desarrollarse en contextos donde la individualidad no se fomenta o incluso se desaconseja. Según Travers, quienes caen en este patrón tienden a describirse en función de sus relaciones y roles, cambiando de opinión según la audiencia y sintiendo vacío cuando están solos. “La reducción de la propia imagen no se percibe como represión, sino como una actitud de baja exigencia”, señala. Sin embargo, el precio es una identidad frágil, que depende de la presencia y aprobación de los demás.

Travers concluye que la clave para dejar de “encogerse” está en aprender a tolerar el malestar que puede surgir al mostrarse tal cual uno es, permitirse sentir y expresar emociones y preferencias, y practicar la autoindagación. Solo así es posible ocupar espacio en la propia vida y construir una autenticidad menos dependiente de la validación externa.

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