¿Te cuesta ahorrar y gastas más de lo que ganas? Le pasa a uno de cada cinco españoles

El 20% de los españoles presenta un ahorro negativo, según la base de datos de Fedea. Para los más jóvenes, la familia es un pilar fundamental y, en el caso de los mayores, se observa una reducción progresiva a partir de los 70 años

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El 20% de los españoles
El 20% de los españoles gastan más de lo que ganan, según la base de datos de Fedea. (Freepik/Montaje Infobae)

Cuando los salarios suben un 30% pero los alquileres de vivienda un 82%, es lógico que a los españoles les cueste ahorrar. Dadas las circunstancias de la crisis de vivienda en España, ya no se puede decir eso de que quien no ahorra es porque no quiere. Y aunque habrá de todo, hay una amplia mayoría que no ahorra porque no puede. Un informe de Fedea que analiza cómo las diferentes generaciones en España producen, consumen y comparten recursos económicos menciona una cifra curiosa de su base de datos: el 20% de la población española presenta un ahorro negativo. Esto significa que uno de cada cinco españoles concluye el año con más gastos que ingresos, por lo que tiene que recurrir a apoyos familiares, préstamos o al consumo de ahorros previos.

La investigación pone el foco en el papel de la estructura familiar y la dinámica del ciclo vital como factores explicativos de este comportamiento. Los jóvenes destacan como el grupo más expuesto al desahorro, en parte debido a su menor nivel de ingresos y a la tardía emancipación en España, que se sitúa en los 30,5 años, según Eurostat. Pero el fenómeno no se limita solo a los jóvenes: existe variabilidad individual significativa, incluso entre adultos y mayores.

El estudio de Fedea señala que, aunque el perfil medio del ahorro por edades es positivo —es decir, en promedio la población ahorra—, dentro de esa media se esconde un 20% de personas que gasta sistemáticamente más de lo que ingresa. En los jóvenes, esta situación suele estar asociada a la dependencia familiar y a la dificultad de obtener ingresos estables en las primeras etapas de la vida laboral. Permanecer en el hogar de los padres o compartir vivienda permite amortiguar el impacto de los bajos ingresos, pero no evita que muchos deban recurrir a ayudas o a endeudamiento para mantener su nivel de consumo.

Quienes nacieron en los años 80 y 90 enfrentan salarios más bajos, menor capacidad de ahorro y acceso limitado a la vivienda. A los 42 años, acumulan hasta un tercio de la riqueza que tenían generaciones anteriores a su edad.

Y en este sentido, la familia es un pilar fundamental. Tiene “un papel claro en la financiación del consumo privado de los jóvenes a través de transferencias que se llevan a cabo en el interior de los hogares”, explica el documento. “La interpretación de este resultado tiene un marcado carácter estructural: en el tramo previo a la plena inserción laboral, el equilibrio entre consumo y recursos no se resuelve mayoritariamente mediante endeudamiento individual o acumulación previa de activos (por definición, limitada o prácticamente nula), sino mediante redistribución dentro del hogar”, agrega.

Es decir, el hogar opera como una especie de lo que los autores llaman “institución aseguradora”, hasta que los jóvenes consiguen encontrar un trabajo con el que mantenerse. Así, la estructura familiar en España influye de forma determinante en la capacidad de ahorro. La solidaridad intrafamiliar, especialmente en hogares donde conviven varias generaciones, permite suavizar los déficits puntuales de algunos miembros.

A partir de los 70 años baja el ahorro

A partir de los 65 años, el perfil financiero de los españoles experimenta un cambio significativo. Según el análisis de Fedea, en esta etapa de la vida las pensiones pasan a ser la principal fuente de ingresos, mientras que las rentas del trabajo adquieren un papel secundario o accesorio. La aportación de los mayores al sistema fiscal disminuye, a la vez que aumentan las prestaciones recibidas, especialmente en forma de pensiones y asistencia sanitaria.

El estudio muestra que, aunque el ahorro medio sigue siendo positivo entre los mayores, se observa una reducción progresiva a partir de los 70 años. Esto se refleja en la tendencia de las personas de mayor edad a estabilizar su riqueza y a utilizar los activos acumulados durante la etapa laboral para financiar su consumo en la vejez. Así, el ciclo vital económico se completa: tras años de acumulación, en la última etapa la renta disponible procede fundamentalmente de las transferencias públicas y del patrimonio construido previamente.