La historia del buque ruso hundido frente a Cartagena que transportaba reactores nucleares

El Gobierno emitió una respuesta parlamentaria el pasado mes de febrero después de que el PP exigiera información del caso

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Survivors of the sinking of
Survivors of the sinking of Russian cargo ship Ursa Major disembark from a Spanish Maritime Rescue ship upon arrival at the port of Cartagena, Spain, December 23, 2024. REUTERS/Jose Maria Rodriguez

El misterioso hundimiento del carguero Ursa Major la noche del 23 al 24 de diciembre de 2024, a 60 millas de Cartagena, ha sido objeto de múltiples teorías de la conspiración desde que trascendió su vinculación con la flota fantasma rusa. Sin embargo, más de un año después, la combinación de nuevas informaciones propiciadas por el diario murciano La Verdad y la respuesta del Gobierno a una pregunta parlamentaria del PP este mes de febrero ha permitido perfilar un escenario más claro.

El buque de carga pesada Ursa Major salió de San Petersburgo con destino a Vladivostok el 11 de diciembre de 2024. Once días después, cuando el barco se encontraba en aguas entre España y Argelia, redujo drásticamente su velocidad, hasta que el 23 de diciembre el buque emitió una señal de socorro tras registrarse tres explosiones en la sala de máquinas. Así es como, como publicó el diario urciano, las autoridades españolas acudieron al rescate cumpliendo con la legislación internacional.

A su llegada, Salvamento Marítimo comprobó que el carguero presentaba una fuerte escora y entrada de agua, y que los marinos habían abandonado la nave en un bote salvavidas. En total, 14 de los 16 tripulantes fueron rescatados con vida, mientras que el segundo jefe de máquinas y el engrasador permanecen a día de hoy desaparecidos. Sin embargo, no solo preocupaban las vidas humanas. El barco almacenaba en sus tanques 380 toneladas de fuel pesado y la misma cantidad de gasoil.

El capitán del carguero, Igar Vladimirovich, aseguró que eran 129 contenedores de 40 pies (12 metros) vacíos, cinco de 20 pies con repuesto para tapas de escotillas, dos grúas Liebherr y dos pinzas para un rompehielos en construcción. Ahí es cuando surgió la pregunta del millón: ¿Por qué un buque atraviesa medio planeta para transportar contenedores vacíos y piezas que podrían ir por carretera o tren ahorrando mucho dinero y tiempo?

En la investigación llevada a cabo por el citado medio apuntaban a que el carguero cargaba con dos bultos azules de unas 65 toneladas cada uno. “Esa misteriosa carga no declarada sí justificaría un viaje de más de 15.000 kilómetros por mar entre San Petersburgo y Vladivostok”, recogieron en la investigación, puesto que la ciudad rusa se ubica cerca de la frontera con Corea del Norte.

A partir de ahí, las pesquisas comenzaron a estrechar el cerco sobre la verdadera naturaleza de la carga. Según la investigación del medio, las autoridades españolas detectaron elementos que no encajaban con el manifiesto declarado, como tuberías, módulos y otros componentes propios de sistemas de propulsión nuclear. La hipótesis que terminó imponiéndose en los informes internos apunta a que esos bultos correspondían en realidad a las cubiertas de dos reactores nucleares del modelo VM-4SG, asociados históricamente a submarinos.

La respuesta del Gobierno

Esta conclusión conecta con el contexto geopolítico en el que se produjo el incidente. Meses antes, Rusia y Corea del Norte habían reforzado su cooperación militar, abriendo la puerta al intercambio de armamento y tecnología sensible. La posible utilización del Ursa Major para trasladar componentes nucleares hacia el puerto norcoreano de Rason —próximo a la frontera rusa— situaría el episodio en el terreno de la proliferación y las sanciones internacionales.

Sin embargo, la respuesta oficial del Gobierno español introduce matices relevantes. En la respuesta remitida al Congreso el pasado 23 de febrero, en la que un mes antes el Partido Popular solicitó información sobre lo ocurrido, el Ejecutivo confirma que el capitán del buque acabó reconociendo que transportaba componentes de dos reactores nucleares similares a los de submarinos, aunque, según su testimonio, sin combustible nuclear.

El Gobierno admite, además, que no se realizó una inspección exhaustiva de la carga. La intervención de los medios españoles se limitó a las tareas de rescate de la tripulación, ya que el buque se encontraba en alta mar y cualquier inspección habría contravenido el Convenio de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

FOTO DE ARCHIVO: El carguero
FOTO DE ARCHIVO: El carguero ruso Ursa Major transita por el Bósforo en Estambul, Turquía, el 11 de abril de 2023. REUTERS/Yoruk Isik/Fotografía de archivo

Otro de los puntos clave confirmados es la rápida intervención de Rusia en el operativo. Horas después del aviso de socorro, un buque de guerra ruso asumió las tareas de salvamento por tratarse de un buque de su misma bandera y solicitó a las unidades españolas que se mantuvieran a dos millas de distancia, lo que limitó el margen de actuación directa de los medios desplegados por España.

Sin embargo, el 25 de diciembre de 2024, tras lo ocurrido, la agencia rusa de noticias RIA Novosti informó que el Ursa Major fue víctima de un “acto terrorista”.

El Ursa Major, un carguero de 142 metros de eslora y más de 16.000 toneladas de desplazamiento, figuraba entre los buques más relevantes de Oboronlogistics, la naviera dependiente del Ministerio de Defensa ruso encargada del transporte estratégico hacia enclaves como Crimea, Kaliningrado, el Ártico o las islas Kuriles. Construido en Alemania en 2009 bajo el nombre de Scan Britania, el barco cambió de denominación en varias ocasiones y operó bajo distintos pabellones a lo largo de su trayectoria.

En el momento de su hundimiento, otro mercante de la misma compañía, el Sparta, navegaba por la zona antes de continuar rumbo a Puerto Said, en Egipto. El Ursa Major había partido de San Petersburgo el 11 de diciembre de 2024 con destino a Vladivostok, en el extremo oriental de Rusia, donde tenía prevista su llegada el 22 de enero.