Mar Cabra, la periodista con ‘burnout’ que dejó la profesión tras ganar un Pulitzer: “Tu jefe tiene tanta influencia en tu salud mental como tu pareja”

La ganadora del premio más prestigioso del periodismo por los Papeles de Panamá publica su debut literario, donde comparte su experiencia y da consejos para afrontar la jornada laboral de la manera más saludable posible

Mar Cabra, periodista de investigación ganadora de un Pulitzer (Alba Vigaray)

Mar Cabra (Madrid, 1983) cambió la actuación y el sueño de una posible nominación a los Goya por el periodismo. El premio lo ganó igual. Si el cabezón que otorga la Academia de Cine es la máxima distinción en España en materia cinematográfica, los Premios Pulitzer lo son para el periodismo. El 10 de abril de 2017, el Consorcio Internacional de Periodistas fue galardonado con dicho reconocimiento por los Papeles de Panamá, una investigación llevada a cabo por 300 reporteros de los seis continentes sobre “las infraestructuras ocultas y la escala global de los paraísos fiscales”.

La persona al frente de los más de 11 millones de documentos de la investigación, editora de la unidad de datos y tecnología del consorcio, era Cabra. Tras conocer la noticia, hizo de todo menos saborear el éxito. El agotamiento y el estrés pudieron con ella, tocó fondo y se quemó.

Ahora, casi una década después de recibir el galardón y de fundar la fundación sin ánimo de lucro The Self-Investigation, que busca mejorar la salud mental en el trabajo, publica Vivir a jornada completa (Temas de Hoy, 2026). "No me importaba el premio, tan solo quería dormir“, recuerda en el libro. En su debut literario no solo escribe sobre su experiencia personal, sino también consejos para hacer que el trabajo sea más compatible con la vida.

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'Vivir a jornada completa', de Mar Cabra. (Temas de Hoy)

P. Llevas casi una década hablando del burnout. A muchísima gente le pasa y no lo dice o no lo sabe. ¿Te desconcertó no sentir lo que “tenías que sentir” después de ganar?

R. Ganamos el Premio Pulitzer y yo me sentía una fracasada, porque no entendía por qué no me sentía bien. Lo interpreté como un fracaso personal. Lamentablemente, cuando tienes un problema de salud mental, uno de los primeros pensamientos suele ser: “¿Qué me pasa a mí? ¿Por qué yo estoy viviendo esto y los demás no? ¿Me falta algo? ¿No tengo lo que hay que tener?”. Y no es cierto. Por eso estos últimos años me he dedicado a compartir lo que viví para que cualquiera que lo esté viviendo no sufra en silencio ni piense que es raro. Si lo estás pasando mal, lo mejor que puedes hacer es pedir ayuda, para poder salir de ahí, porque se sale.

P. ¿Llegaste a entrar en un círculo tóxico de validación, de “me estoy empezando a quemar, no puedo con todo, pero aun así quiero más y sentirme validada”?

R. En mi caso, no me di cuenta de que me estaba quemando. Cuando me di cuenta de que estaba agotada, ya estaba quemada. Mucho de lo que nos pasa no es consciente. A posteriori, después de muchos años de terapia, puedo decirte cuáles son los mecanismos de mi mente y lo que me pasó, pero en el momento no sabía que me estaba quemando. Solo que cada vez me gustaba menos mi trabajo, que estaba cansadísima, que no me apetecía ir a trabajar y que no entendía por qué, si tenía el mejor trabajo del mundo, ganaba muy bien dinero y estaba haciendo historia. No entendía qué me pasaba. Desde la pandemia, la salud mental está más visibilizada y hablamos más de las señales de demasiado estrés, del burnout, entendemos mejor qué es la ansiedad y qué son los ataques de pánico. Pero queda mucho. La asignatura pendiente como sociedad es la inteligencia emocional y la comprensión de lo que nos pasa por dentro para poder entender las señales y prevenirlo.

España, récord de bajas por salud mental

P. La pandemia también fue un antes y un después con respecto a la salud mental. Se abrió un cajón que antes se abría muy pocas veces. ¿Sigue quedando mucho camino por recorrer? Pasará que alguien se notará quemado y se sentirá obligado a trabajar.

R. Aunque en mi libro cuente mi experiencia personal, pongo mucho énfasis en herramientas y claves prácticas para que la gente progrese y, sobre todo, para que las empresas cambien la manera en la que trabajamos. Esta epidemia de salud mental se reducirá cambiando cómo trabajamos, porque la salud mental está muy afectada por el trabajo. El trabajo es el lugar donde más tiempo pasamos en la vida adulta: unas 80 mil horas en nuestra vida. La clave está en cambiar las empresas desde dentro y trabajar de una manera más sana. En el libro explico metodologías que se han demostrado útiles para que personas y empresas hagan las cosas de una manera más saludable.

P. Aquí los jefes son fundamentales, claro.

R. Hay una parte del libro en la que doy un dato clarificador: tu jefe o tu jefa tiene tanta influencia en tu salud mental como tu pareja. Pero no es mi opinión; cuando se hacen estudios y encuestas, eso es lo que sale. Por eso la verdadera revolución ocurre desde dentro de las empresas. El cambio tiene que ocurrir formando a mandos intermedios y directivos en cómo cuidar a las personas y generar entornos laborales que pongan al ser humano y el cuidado en el centro, en vez de promover prácticas tóxicas, como mandar mensajes a todas horas o hacer peticiones de carga de trabajo desmesuradas o con tiempos demasiado ajustados. Muchas veces los mandos intermedios lo pasan peor porque están empujados por arriba y por abajo. No se trata de señalar a un único culpable: no lo hay. Hay muchos factores que están haciendo que el trabajo sea una fuente de sufrimiento.

En España tenemos un récord de bajas por salud mental, muchas probablemente relacionadas con el trabajo, así que el trabajo tiene que ser el principal motor de cambio. Hay muchos factores: las personas tenemos que aprender herramientas para gestionarnos mejor, los jefes tienen que aprender a cuidar mejor y las organizaciones tienen que aprender su responsabilidad de cuidado y poner la salud mental de sus trabajadores en el centro.

P. ¿Qué prácticas tenías normalizadas que hoy te parecerían inaceptables?

R. Más que inaceptables, a mí me gusta hablar en positivo. ¿Qué prácticas podemos promover para generar culturas laborales más sanas? En el libro doy algunas y en las charlas a empresas, que es a lo que me dedico ahora, las resumo así. Primero, que los jefes hagan reuniones uno a uno de manera regular para ver cómo está cada persona del equipo, qué necesita, qué se le está atascando y qué apoyo se le puede dar. Y segundo, tener normas de comunicación digital para que la persona sepa cuándo tiene que responder, a qué tipo de mensajes, y no sienta que tiene que estar haciendo multitareas, respondiendo a todos todo el rato, incluido fuera del horario laboral. Se trata de promover el foco cuando trabajas y proteger el descanso cuando estás fuera de él. Con esas dos cosas se producen grandes cambios.

P. En estos casi diez años, ¿te han llegado periodistas diciendo: “Gracias a ti me he cogido una baja” o “He dejado el periodismo”?

R. Me han llegado muchos casos. Y los que más me alegran son: “Gracias a ti y al trabajo de The Self-Investigation, que es la fundación que lidero y en la que somos varias personas trabajando, sigo siendo periodista”. Los testimonios que más me emocionan son los de quienes me dicen: “Estaba en un momento muy bajo cuando descubrí vuestras formaciones y vuestro trabajo. Lo que me enseñasteis me ayudó a recuperarme y hoy sigo haciendo este trabajo que tanto amo gracias a vuestro apoyo”.

P. ¿Qué evolución has visto? ¿Ha cambiado algo desde que lo empezaste hasta ahora?

R. Sin la pandemia y la apertura hacia temas de salud mental, no existiría The Self-Investigation. Creamos la fundación porque se empezó a hablar más de ello y empezamos a sacarla del armario. Hemos trabajado con más de trece mil profesionales de medios. Sin esta visibilización, probablemente no se habrían sumado a nuestras formaciones y a nuestro trabajo. También hemos trabajado con una treintena de organizaciones a las que hemos ayudado a generar culturas más saludables: desde marcos de comunicación digital para mitigar el estrés hasta estrategias de prevención del burnout.

Mar Cabra, periodista de investigación ganadora de un Pulitzer (Alba Vigaray)

Hemos ayudado a formar a cargos directivos que están haciendo las cosas diferente. Veo mucho cambio y, gracias a eso, algunos medios han hecho cambios que han evitado que se les vaya gente. A nivel particular, he visto mucha más sensibilización en los medios y fuera, porque doy charlas a todos los niveles sobre esta temática y sobre ponerla como prioridad en el mundo de la empresa. Por eso, en The Self-Investigation, desde principios de este año trabajamos con profesiones más allá del periodismo, con otras profesiones vocacionales y empresas con propósito, quienes trabajan por causas más de servicio.

P. En el libro dices que uno de los perfiles que más tiende a quemarse es el de los profesionales apasionados: periodistas, enfermeros, ONG… ¿Por qué? ¿Tiene que ver con eso de “es mi vocación” y acabar trabajando muchísimas horas más?

R. Nos hemos creído a pies juntillas la frase: “Si encuentras tu pasión y trabajas en tu pasión, no sentirás que trabajas ni un día en tu vida”. Esa frase es incompleta: le falta “pero no olvides cuidarte, porque si tú no estás bien, no vas a poder ser buen profesional”. No puedes poner tu vocación y tu profesión por encima de todo, incluso de ti mismo. A esas profesiones vocacionales les digo especialmente: “Tú eres más importante que tu trabajo”. Como quieres ser muy buen profesional y ayudar muy bien a los demás, seas periodista, doctora o abogada, es fundamental que estés bien. Porque si no estás bien, ¿quién va a hacer tu trabajo? ¿De qué sirve que yo gane un Pulitzer si después lo dejo y no quiero volver al periodismo? Mejor tener una carrera más sostenida que tener que dejarla a la mitad.

El cambio: de los boomers a la generación Z

P. También otro de los perfiles que mencionas, a los millennials. La generación Z es más consciente de poner límites. ¿Qué dirías que ha cambiado para que lo sintamos diferente?

R. Los millennials somos la generación de los quemados, pero no porque antes no se quemaran, es que antes no sabían identificar las señales y tenían otros valores. Lo que más ha ayudado a los millennials es visibilizar una cuestión que antes ocurría muy en silencio. En todo caso, lo que ha cambiado es el mundo del trabajo. Antes, si entrabas en una empresa, solías trabajar allí toda tu vida o casi toda tu vida. Si trabajabas duro, crecías y ascendías y te daba algo de seguridad. Ahora, aunque seas un gran profesional, te pueden despedir al día siguiente, porque hay una gran precariedad y una gran volatilidad del mercado laboral. Ante un mercado laboral tan inestable, lo que hemos dicho los millennials y la generación Z es que no voy a sacrificarlo todo por el trabajo. Ese es el gran cambio: “Voy a trabajar, idealmente en lo que me gusta, pero no a costa de todo. No voy a dejarme la salud en el camino”. Eso está generando una brecha en el trabajo, porque la generación X y los boomers valoran más la estabilidad y se identifican más con el trabajo.

“¿De qué sirve que yo gane un Pulitzer si después lo dejo y no quiero volver al periodismo? Mejor tener una carrera más sostenida que tener que dejarla a la mitad"

Cuando ponemos límites y decimos: “Quiero terminar a una hora razonable; por la tarde quiero ir al gimnasio o tomar una caña con mis amigos”, piensan que somos vagos. Pero es falta de entendimiento. No es que seamos vagos, es que el trabajo es un componente más de nuestra vida, no el único. Estoy muy orgullosa de ser la millennial quemada que quiere revolucionar el mundo del trabajo para que trabajemos todos de manera más sana.

¿Puede la genética determinar tu salud mental? Un gen define cómo respondemos ante el estrés.

P. En periodismo necesitamos creatividad para funcionar. Si estamos quemados o estresados, no fluye.

R. El estrés es un mecanismo natural del cuerpo para lidiar con amenazas, pero sostenido no es bueno. Demasiado estrés durante demasiado tiempo nos lleva a problemas de salud física y mental y a cambios de comportamiento: puede bajar la libido, dejamos de sentirnos creativos, nos cuesta tomar decisiones rápido, sentimos más neblina mental. Si te está pasando, puede ser porque tienes demasiado estrés. Tienes que aprender a gestionarlo y calmar el sistema nervioso. No podemos estar en alerta todo el rato. Para mí, perder la creatividad fue uno de los primeros síntomas. Yo decía: “Ya no puedo pensar de manera creativa”. Tenía demasiado estrés y me quemé. El problema es el estrés cronificado que no se ha gestionado bien durante mucho tiempo.

P. Y a eso le sumamos que el periodismo es una profesión con alta tasa de precariedad.

R. Pero no solo el periodismo, hay muchas profesiones vocacionales que están muy precarizadas y nos autoexplotamos. Normalizamos comportamientos que no nos hacen bien: trabajar demasiadas horas, trabajar en vacaciones, no desconectar. Todo eso va en contra de tu propia persona y, además, de tu trabajo. Tenemos que repensar cómo trabajar de manera más sana, por nosotros mismos y por esa profesión que tanto amamos.

P. ¿Te han ofrecido volver a una redacción? ¿Volverías?

R. Ahora mismo siento muy fuerte que mi misión vital es ayudar a transformar el mundo del trabajo para que haya menos sufrimiento dentro del mundo laboral, en todas las profesiones. Quiero que podamos trabajar de manera más sana, porque sé que es posible, pero hay que cambiar. Ese es el propósito que ahora mismo me llama.

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