Los bosques de Europa podrían sufrir el doble de incendios y plagas antes de que acabe el siglo XXI: el Mediterráneo es una de las zonas más vulnerables

Estas perturbaciones forestales se incrementarán si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero

Varios servicios de emergencia tratan de apagar el fuego, a 21 de agosto de 2025, en Anllarinos del Sil, León, Castilla y León (España). (Xuan Cueto/Europa Press)

Las emisiones de gases de efecto invernadero nos están empujando hacia un escenario futuro marcado por un profundo cambio en el sistema climático de nuestro planeta. Sus consecuencias ya están siendo notables —el aumento de la temperatura global, la subida del nivel del mar y la cada vez mayor incidencia de fenómenos meteorológicos extremos, entre otros— y estas podrían intensificarse mucho más si se continúa por esta senda.

En este contexto, los ecosistemas forestales podrían verse gravemente perjudicados en menos de 75 años: si se continúa sin realizar una reducción significativa de las emisiones, los incendios y plagas de insectos en los bosques europeos podrían duplicarse antes de finales del siglo XXI en comparación con el periodo 2001-2020. España sería uno de los enclaves más afectados por esta situación.

Esta es la conclusión de un estudio publicado este jueves en la revista científica Science, que ha analizado cuánto podrían incrementarse las perturbaciones forestales en función de cómo se trabaje en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. La investigación ha estado liderada por la Universidad Técnica de Múnich (TUM) y ha contado con la participación de diversas entidades españolas, como el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), el Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC) y la Universitat de Girona.

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Bosque mediterráneo en el Montseny, Cataluña. (Galdric Mossol/CREAF)

Más numerosos y extremos: incendios y plagas forestales

Entre las perturbaciones analizadas, los incendios forestales se erigen como claros protagonistas de las proyecciones. Si estos ya de por sí se consideran extremos, a finales de siglo la superficie quemada anual en Europa podría llegar a casi triplicarse.

Las plagas forestales también serían significativas, con un aumento de más del 50%. El estudio destaca, por ejemplo, la incidencia de los escarabajos xilófagos, que se alimentan de la madera. El aumento de la temperatura provoca una aceleración en el ciclo reproductivo de estos insectos, permitiendo que se expandan hacia zonas a las que antes no accedían por el frío y que ataquen bosques más debilitados.

Junto a esto, los investigadores destacan que los temporales de viento también van a aumentar ligeramente, pero estos fenómenos no serían tan preocupantes como los anteriores.

Vecinos de Sober ayudados por voluntarios plantan bellotas en los terrenos quemados en la aldea de A Barca, a 20 de diciembre de 2025, en Sober, Lugo, Galicia (España). (Carlos Castro/Europa Press)

“Un elemento inquietante es que estas proyecciones no se comparan con periodos históricos antiguos y estables, sino con un periodo reciente (2001-2020) que ya ha sido el más intenso en perturbaciones en los últimos 170 años”, explica Josep María Espelta, investigador del CREAF y uno de los coautores de la investigación. “El punto de partida ya es muy alto y, aun así, el estudio muestra que la situación puede empeorar aún más”.

Puede afectar al 90% de los bosques mediterráneos

Los bosques mediterráneos se sitúan entre las zonas más vulnerables, ya que cerca del 90% podrían verse afectados por estas perturbaciones. Según apunta Espelta, esto se debe a “la combinación de sequías, calor y bosques jóvenes y homogéneos, donde, además, la actividad agrícola y pastoral se ha abandonado y ya no existe un paisaje en mosaico que dificulte la propagación de los incendios”.

Uno de los actores principales de esta degradación pueden ser los escarabajos perforadores de la corteza que afectan sobre todo a las coníferas, como es el caso de la especie Ips typographus. “Aunque es una especie autóctona, si se produce un gran aumento poblacional, destruyen la corteza y la madera del árbol hasta el punto de que puede morir”. Así, con el aumento de las temperaturas, los bosques se debilitan y estas plagas atacan con mayor intensidad, pudiendo derivar en episodios de mortalidad masiva.

El escarabajo 'Ips typographus' puede provocar una alta mortalidad de árboles si continúan aumentando las temperaturas. (Gilles San Martin/Wikimedia Commons)

El Mediterráneo no es el único entorno que puede verse afectado por estas perturbaciones. El estudio señala también el oeste de Francia, las islas Británicas y los Cárpatos, “aunque en general ninguna región se salva y toda Europa experimentará el aumento de estos fenómenos”.

Además de la clara consecuencia que esto provoca —superficies quemadas, ecosistemas debilitados y alta mortalidad de los árboles y plantas—, también deriva en la reducción de los bosques maduros, que ya de por sí son muy escasos en Europa. Al aumentar los bosques jóvenes, algo que podría ser especialmente destacable en las regiones mediterráneas y templadas, disminuiría la capacidad de los bosques para absorber CO₂, se perderían hábitats clave para la biodiversidad y supondría riesgos socioeconómicos que afectan a la gestión forestal, la prevención de incendios y las economías locales que dependen de la silvicultura.

Algunas zonas podrían, sin embargo, preservar los bosques maduros, aunque estos “serían insuficientes para compensar la pérdida”. Sería el caso de los Pirineos, otras cordilleras mediterráneas y el norte de Europa.

Bosque mediterráneo en el Montseny, Cataluña. (Galdric Mossoll/CREAF)

“Todavía hay margen para reducir los impactos”

Para llevar a cabo el estudio, el equipo ha tenido en cuenta los tres escenarios climáticos definidos por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Estos son uno optimista (acción temprana y eficaz), que implicaría reducciones rápidas y profundas de emisiones, lo que mitigaría algunas consecuencias climáticas, pero no las evitaría por completo; otro intermedio (acción decisiva pero moderada) y un último pesimista (acción tardía y descoordinada), que provocaría impactos irreversibles en casi todos los ecosistemas de la Tierra e impactos muy severos.

Los investigadores han proyectado la evolución de los bosques desde 2020 hasta 2100 bajo cada uno de estos tres escenarios. Han observado que en todos ellos las perturbaciones aumentan, pero que existen grandes diferencias entre ambos.

Así, todavía no es demasiado tarde para mitigar las consecuencias: con una reducción ambiciosa de las emisiones de gases de efecto invernadero, el aumento global de las perturbaciones forestales podría limitarse a valores cercanos al 20 %, una cifra muy por debajo de los escenarios sin mitigación. “Esto indica que la acción climática es clave y que todavía hay margen para reducir los impactos”, defiende Espelta.

La noche del 14 de febrero, se ha declarado un incendio al sur de Cartagena, en Murcia. (112 Murcia)

La resiliencia de los bosques podría aumentar con cambios en la gestión forestal más adaptados al cambio climático, como defienden los autores del estudio. “El reciente desarrollo de herramientas de apoyo a la toma de decisiones permite diseñar planes de gestión optimizados para maximizar la absorción de carbono tanto en el bosque como en los productos. Esto minimizaría el riesgo de incendios y aumentaría la resiliencia de nuestros bosques, asegurando la provisión de servicios ecosistémicos como el suministro de agua azul”, explica Jordi García-Gonzalo, investigador del CTFC. “En definitiva, se trata de desarrollar una gestión climáticamente inteligente que ofrezca resultados más positivos”.

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