La manera en que cada persona organiza la limpieza en la cocina revela mucho de cómo es cada una. Solo hay que ver a Monica Geller -el personaje de Courteney Cox en Friends-, quien limpia compulsivamente y tiene aspiradoras pequeñas para limpiar las grandes y que queden impolutas. Hay quien sufre si ve un vaso sin su posavasos y la gota caer hacia la mesa. O quien mientras está cocinando no soporta la acumulación de sartenes y utensilios sucios y va limpiando a la vez. Todo esto tiene un porqué y la psicóloga Leticia Martín Enjuto nos da la explicación.
La costumbre de ir fregando a la vez que se cocina se vincula con varios rasgos de la personalidad y el bienestar emocional. Quienes lo hacen no actúan necesariamente por obsesión con el orden. La experta indica, en un artículo para Cuerpomente, que este hábito suele estar motivado por el deseo de tranquilidad en el propio espacio. “Limpiar mientras se cocina no es tanto una obsesión por el orden, sino una forma de estar más tranquilo”, afirma Martín Enjuto. Para estas personas, el entorno limpio es sinónimo de calma y contribuye a que la experiencia culinaria resulte placentera.
“Limpiar mientras se cocina no es tanto una obsesión por el orden, sino una forma de estar más tranquilo”
En contraste, quienes prefieren dejar la limpieza para el final pueden percibir este hábito como excesivo. Sin embargo, la psicóloga aclara que, en realidad, responde a una búsqueda de comodidad y paz en las tareas cotidianas. El desorden llega a resultar incómodo o agobiante para algunos, y mantener la cocina recogida es una forma de priorizar el bienestar antes que la rapidez.
Gestión del tiempo y anticipación en la cocina
Otro rasgo común entre quienes limpian sobre la marcha es su enfoque práctico del tiempo. Para este grupo, la limpieza no se separa del proceso de cocinar, sino que se integra en él. Según Martín Enjuto, “estas personas no ven la limpieza como algo separado de la cocina, sino como parte del proceso”. Así, afrontan pequeñas tareas en el momento, lo que les proporciona “una sensación de alivio inmediato” y evita una acumulación de trabajo posterior.
La facilidad para anticiparse a las necesidades también destaca entre estos perfiles. Antes de iniciar una receta, suelen planear los pasos y utensilios que van a utilizar, lo que les permite recoger y organizar sin esfuerzo adicional. Esta previsión se traduce en una cocina más funcional y en una experiencia menos estresante.
La limpieza durante la preparación de alimentos puede evidenciar un alto nivel de responsabilidad cotidiana. Martín Enjuto señala que finalizar la tarea con la cocina ordenada genera “una satisfacción silenciosa”, equiparable a cerrar un capítulo antes de pasar al siguiente. Este pequeño gesto refuerza la sensación de estar al día con las obligaciones del hogar y aporta una suerte de paz mental.
Además, la psicóloga menciona que quienes adoptan este método suelen presentar una personalidad pragmática, orientada a reducir cargas mentales innecesarias. Saber que no habrá una pila de platos esperando tras la comida permite disfrutar más del presente y es, en palabras de la experta, “una forma sencilla de cuidarse”.
Psicología de la limpieza y el factor emocional
Más allá de los hábitos fijos, el componente emocional influye en la elección de limpiar durante o después de cocinar. Martín Enjuto subraya que el desorden puede resultar molesto para algunas personas no por ser incorrecto, sino porque interfiere en su concentración o bienestar. Así, mantener el espacio ordenado ayuda a contar con una mente más despejada, sobre todo en momentos de estrés.
La flexibilidad también forma parte del panorama. Hay quienes alternan entre ambos métodos según su estado anímico o las circunstancias: en días de mayor estrés, la cocina impecable puede volverse indispensable, mientras que en vacaciones, el desorden puede pasar a segundo plano.
“La consulta psicológica muestra cómo estos hábitos reflejan la gestión del estrés, el tiempo y las responsabilidades”, resume Martín Enjuto. A pesar de las diferencias, la experta destaca que no existe superioridad en una forma de organizarse sobre otra. “Limpiar mientras se cocina no es una manía ni una virtud especial. Es solo una costumbre cotidiana que refleja cómo buscamos sentirnos mejor en nuestro día a día”.