La grave crisis de vivienda, la falta de oportunidades laborales, la adicción a las redes sociales, el auge de la extrema derecha... Son muchos los elementos que explican el empeoramiento de la salud mental en la población, especialmente en los jóvenes. Según datos de la Confederación Salud Mental España, el 25 % de las personas entre 18 y 24 años dice tener estados de depresión; el 70 %, estrés y el 9 %, ansiedad.
Sin embargo, existe un elemento que podría estar relacionado con la ansiedad en jóvenes y adolescentes y que, de primeras, puede no parecer tan obvia. El consumo de bebidas azucaradas podría estar detrás o promover ciertos casos de ansiedad, apunta una reciente investigación de la Universidad de Bournemouth (Inglaterra) publicada en la Journal of Human Nutrition and Dietetics.
En los últimos años, se han puesto en marcha varias políticas de salud pública a nivel mundial que han puesto el acento en las consecuencias físicas de una dieta desequilibrada. Sin embargo, las implicaciones que los hábitos alimentarios pueden tener sobre la salud mental han recibido, hasta ahora, mucha menos atención.
La doctora Chloe Casey, docente e investigadora en Nutrición y coautora del estudio, ha advertido que “la nutrición en la adolescencia es motivo de creciente preocupación”, y ha subrayado que “las iniciativas públicas suelen centrarse en las consecuencias físicas, mientras que las mentales se han abordado mucho menos, especialmente en lo que concierne a las bebidas con alta densidad energética y bajo contenido en nutrientes”.
Cuál es el efecto de los refrescos en la salud mental
Las bebidas con alto contenido de azúcar, entre las que se incluyen refrescos, bebidas energéticas, zumos azucarados, concentrados, tés y cafés endulzados o leches aromatizadas, han sido analizadas en diferentes estudios que midieron tanto la frecuencia de consumo como la salud mental de los jóvenes encuestados. De forma reiterada, los resultados obtenidos mostraron una vinculación entre consumos elevados de bebidas azucaradas y la aparición de síntomas de ansiedad en la adolescencia.
No obstante, los investigadores aclaran que la metodología de los estudios analizados impide establecer que exista una relación causal directa. De este modo, no es posible afirmar de manera concluyente que la ingesta de más bebidas azucaradas provoque síntomas de ansiedad, ya que también cabe la posibilidad inversa: que la propia ansiedad favorezca un mayor consumo de estos productos entre los jóvenes.
Del mismo modo, se contemplan otras variables (como el entorno familiar o los trastornos del sueño) que podrían estar influyendo tanto en una mayor ingesta de bebidas azucaradas como en el desarrollo de ansiedad. Pese a las limitaciones, la doctora Chloe Casey ha destacado que el trabajo realizado ha permitido identificar “una relación poco saludable entre el consumo de bebidas azucaradas y los trastornos de ansiedad en jóvenes”.
La investigadora ha insistido en que “los cuadros de ansiedad en la adolescencia se han incrementado de manera notable en los últimos años, por lo que resulta fundamental identificar hábitos de vida susceptibles de modificarse para frenar el avance de este fenómeno”, según declaraciones recogidas por Medical Xpress.