Emiliano Grillo, dermatólogo: “Comer pollo todos los días puede acelerar tu envejecimiento”

La ingesta de esta ave podría estar relacionado con ciertos tipos de cáncer, sumándose así a otros alimentos ya identificados como factores de riesgo

Consecuencias de comer pollo todos los días (Pexels)

La principal causa de muerte en España es el cáncer según el último informe del INE, debido al envejecimiento de la población y los avances en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares. Aunque la incidencia de esta enfermedad depende en gran medida de factores ligados al estilo de vida y la dieta, hay estudios que señalan a un alimento, hasta ahora poco considerado, como un posible riesgo: el consumo de pollo.

Y es que, su ingesta excesiva podría estar relacionado con ciertos tipos de cáncer, sumándose así a otros alimentos ya identificados como factores de riesgo, como el alcohol y las carnes procesadas o rojas. A pesar de que su consumo no está directamente ligada y es solo una de las variables a considerar, el dermatólogo Emiliano Grillo ha señalado, en este sentido, en un video de TikTok (@dr.emilianogrillo) otros problemas que puede acarrear el pollo en exceso: “Acelera el envejecimiento”.

Concretamente, la advertencia de Grillo se centra en el impacto de la “monotonía metabólica”, algo que apuntaría a la falta de variación en la ingesta de proteínas. El dermatólogo ha explicado que consumir siempre el mismo tipo de proteína, como pollo o atún, sin variar, agrava el proceso de envejecimiento.

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Qué consecuencias puede haber si comes pollo todos los días (@dr.emilianogrillo)

“¿Cómo nos podemos proteger frente a esta aceleración del envejecimiento?”

Como ha afirmado en el video que ha publicado en sus redes sociales, la “monotonía metabólica” se produce con la activación de “una vía que es la vía mTOR“. Este denómeno ”lo que va a producir es mayor oxidación metabólica, o sea que acelera tu envejecimiento”. Desde Neolife salud explica: “Una actividad mTORC1 demasiado alta puede predisponer a las células al daño por estrés”. Frente a este escenario, el especialista propone estrategias para reducir el riesgo asociado a la monotonía en la dieta. “¿Cómo nos podemos proteger frente a esta aceleración del envejecimiento? Pues rotando semanalmente el tipo de proteínas que ingerimos y teniendo una variabilidad en nuestra alimentación”, indica Grillo. No obstante, la variación no solo se limita al cambio de fuente proteica animal, sino que también incluye alternativas vegetales.

El dermatólogo añade también que existen investigaciones que respaldan la rotación semanal de proteínas como una práctica beneficiosa. “Por ejemplo, una semana dedicarla más a proteínas vegetales, la siguiente sobre todo basada más en huevos, otra más basada en pescado... Y así no acostumbras nunca a tu metabolismo a monotonía metabólica”, agrega. Así, la propuesta de Grillo apunta a generar una mayor conciencia sobre los riesgos de rutinas alimentarias poco variadas. “Si lo haces de esta forma, verás los resultados en tu piel”, concluye.

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Un aumento del 27% en el riesgo de muerte

Un estudio publicado en la revista Nutrients publicado en 2025 descubrió que la visión tradicional del pollo -como una fuente saludable de proteínas- no funcionaba como se creía. Según los datos analizados, consumir más de 300 gramos de pollo por semana podría asociarse con un aumento del 27% en el riesgo de muerte por cualquier causa y del 2,3% en el riesgo de desarrollar cánceres del tracto gastrointestinal.

El análisis se realizó a partir de los datos de 4.869 personas del sur de Italia, participantes en dos cohortes que informaron sobre su consumo de carne roja y de ave. Esta información se relacionó con los diagnósticos de cáncer y los fallecimientos registrados, con el fin de explorar posibles asociaciones.

Sin embargo, el estudio presenta limitaciones importantes. Los propios autores advierten que sus resultados no prueban una relación causal directa entre el consumo de pollo y el incremento del riesgo o la mortalidad. Y es que, existen factores no considerados, como la procedencia del pollo, el método de cría o el uso de antibióticos y hormonas en su producción.

Tampoco se recogieron datos sobre la manera de cocinar el pollo, ni sobre otros aspectos de la dieta de los participantes, elementos que pueden influir de manera significativa en los resultados. Por el momento, los investigadores no sugieren modificar las recomendaciones nutricionales ni retirar el pollo de las dietas equilibradas. Aunque habría que vigilar su consumo en exceso, como indica Emiliano Grillo.

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