Esta es la dieta que deben seguir las personas mayores de 50 años que tienen el hígado graso

Llevar un patrón alimenticio mediterráneo es clave para prevenir esta condición

Modelo de hígado graso (Shutterstock)

Una de cada cuatro personas en España sufren de hígado graso, lo que representa el 25 % de la población. Esta “epidemia silenciosa” de la que alerta la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH) es ya una de las patologías más habituales en las sociedades modernas, independientemente de su origen.

Las personas con diabetes o con obesidad experimentan especial riesgo de desarrollar hígado graso, así como los adultos mayores de 50 años. Aunque su avance puede producirse sin apenas síntomas, el efecto sobre la salud resulta muy relevante si no se toman las medidas adecuadas a tiempo.

En este contexto, la modificación de los hábitos de vida, y en especial de la alimentación, adquiere un papel clave en, según subrayan los especialistas de la Academia Española de Nutrición y Dietética. El primer paso hacia una intervención efectiva pasa por distinguir claramente entre el hígado graso de origen alcohólico y el de origen no alcohólico. En el caso del primero, la supresión total del consumo de alcohol es imprescindible, ya que este factor resulta determinante en su evolución. Sin controlar ese aspecto, cualquier otra intervención dietética tiene poca repercusión.

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La alimentación para el hígado graso

Para los diagnósticos de hígado graso no asociados al alcohol, la Academia Española de Nutrición y Dietética ha insistido en que la dieta debe orientarse tanto a la mejora general del estado del paciente como a frenar el avance de la patología. El consejo de estos expertos se centra en adoptar un auténtico patrón mediterráneo, aumentar el aporte de fibra y, junto con ello, buscar activamente la estabilidad del peso corporal en valores saludables.

Este conjunto de medidas alimenticias debe completarse con ejercicio físico regular, un riguroso seguimiento de la medicación médica prescrita y un enfoque global hacia un estilo de vida dinámico.

Hígado Graso - Romi Pereiro

Uno de los progresos más destacados en el manejo del hígado graso consiste en la constatación de que bajar de peso progresivamente repercute directamente en la disminución de grasa en el hígado. Para alcanzar esa meta, la dieta debe ser hipocalórica, pero siempre equilibrada, y recurrir preferentemente a preparaciones al vapor, hervidas o al horno; en ningún caso se recomiendan frituras y rebozados.

Las recomendaciones específicas sobre qué comer amplían considerablemente las opciones, pero enfatizan los productos frescos y poco transformados. Según ha indicado la Academia Española de Nutrición y Dietética, las frutas y las hortalizas deben protagonizar la dieta, con no menos de cinco raciones diarias debido a su aporte de fibra y antioxidantes que ayudan a controlar la inflamación y fomentan la salud hepática.

Por su parte, las legumbres se deben consumir entre tres y cuatro veces por semana como fuente óptima de proteína vegetal y fibra. En la base de la alimentación diaria se recomiendan los cereales integrales, como el arroz integral, pan de grano entero y copos de avena, siempre adaptando las cantidades a las necesidades calóricas individuales.

Se otorga, además, un lugar destacado a los alimentos ricos en omega 3 y bajos en grasas saturadas: los pescados azules, en dos o tres ocasiones semanales, junto a frutos secos y semillas oleaginosas, por su eficacia para reducir el colesterol y la inflamación.

Los productos lácteos fermentados, como el yogur natural y el kéfir, han sido igualmente recomendados por su contribución al equilibrio de la microbiota intestinal y, en consecuencia, a la salud metabólica. El aceite de oliva virgen extra debe convertirse en la principal grasa culinaria, debido a sus propiedades cardioprotectoras y antiinflamatorias.

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