Por qué el frío agrieta tus manos y qué hacer para evitarlo

El invierno trae consigo síntomas como las grietas, sequedad y dolor en las manos al exponerse a temperaturas tan frías

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Las manos son más propensas
Las manos son más propensas a herirse en invierno (Shutterstock)

El frío intenso y el clima seco del invierno ponen a prueba la resistencia de la piel de las manos. Las bajas temperaturas y la humedad hacen que la barrera cutánea pierda su capacidad de proteger y retener el agua, dejando las manos expuestas a la sequedad y las grietas. Esta vulnerabilidad se agrava porque las manos cuentan con pocas glándulas sebáceas y sufren lavados frecuentes, lo que facilita la pérdida de hidratación y aumenta el riesgo de lesiones.

Cuando la piel de las manos pierde agua y lípidos esenciales, aparecen síntomas como tirantez, descamación, enrojecimiento y, en casos más avanzados, fisuras o pequeñas heridas. Estas aberturas no solo resultan molestas, sino que también representan una puerta de entrada para infecciones. Además, el rascado por picor puede empeorar el daño cutáneo, volviendo la situación crónica si no se toman medidas a tiempo.

Prevenir el eczema de manos por frío implica actuar desde el primer síntoma y adoptar hábitos sencillos que refuercen la barrera protectora de la piel. Utilizar guantes al salir al exterior o durante tareas domésticas, elegir cremas específicas para manos secas y limitar el contacto con agua caliente o productos irritantes son pasos clave. La constancia en el cuidado diario marca la diferencia y ayuda a evitar complicaciones en los meses más fríos.

Hábitos diarios para mantener la piel intacta

Proteger las manos es la primera línea de defensa contra el frío. El uso de guantes previene la exposición directa al clima y a productos de limpieza agresivos. Los guantes de algodón pueden ir debajo de otros materiales para absorber la humedad y evitar que el sudor empeore el problema. En el trabajo, existen opciones especiales para quienes manipulan sustancias irritantes.

La hidratación regular es fundamental. Aplicar crema emoliente después de cada lavado y antes de dormir ayuda a restaurar la barrera cutánea. Las fórmulas más eficaces contienen ingredientes como escualano, ácido hialurónico, urea o ácido láctico, que retienen el agua y reparan la piel dañada. Es importante evitar productos con perfumes o conservantes alérgenos. Las cremas deben ser agradables de aplicar y absorberse rápido para facilitar su uso diario.

Limitar los factores de riesgo también es esencial. Se recomienda reducir el lavado excesivo de manos, preferir agua tibia y evitar jabones fuertes. Secar las manos con golpecitos suaves en vez de frotar previene microlesiones. En ambientes con calefacción, un humidificador puede contrarrestar la sequedad ambiental y reducir el impacto negativo sobre la piel.

Qué hacer ante los primeros síntomas

Detectar el eczema en sus fases iniciales permite frenar su avance. Al notar sequedad, descamación o picor, conviene reforzar la hidratación y usar guantes con más frecuencia. Si las molestias persisten, un médico puede indicar tratamientos específicos, como cremas con corticoides para los brotes o productos que disminuyan la inflamación y el picor.

La forma de proteger tus
La forma de proteger tus manos en invierno. (Christin Klose/dpa)

Evitar el rascado es clave para no empeorar las lesiones ni favorecer infecciones. Si aparecen grietas o heridas, es importante mantener la zona limpia y protegida. En casos graves o recurrentes, el especialista puede plantear terapias más avanzadas, como fototerapia o medicamentos específicos. La prevención y la atención precoz son la mejor estrategia para mantener las manos sanas durante el invierno.