
Más de 11 millones de ciudadanos, de los que alrededor de 1,7 millones residen en el extranjero, han estado llamados a participar en las elecciones presidenciales de Portugal que designarán al sucesor de Marcelo Rebelo de Sousa, presidente de la República desde 2016. El resultado de la primera vuelta sitúa a António José Seguro, antiguo líder socialista, al frente del recuento, con el 30% de los votos. Con cerca del 96% de los colegios electorales contabilizados, André Ventura, candidato de la ultraderecha y líder de Chega, se ha consolidado en segunda posición, con el 24% de los votos, y se enfrentará a Seguro en la segunda y definitiva cita electoral.
Las elecciones presidenciales han superado todos los registros históricos de participación. Según los datos oficiales difundidos por la Secretaría General del Ministerio de Administración Interna, el 45,51% de los votantes habían depositado su papeleta antes de las 16.00 horas. Este porcentaje no solo ha sobrepasado la cifra total alcanzada en las presidenciales de 2021 —que se situó en el 39,24%—, sino que también supone diez puntos más que el dato equivalente de aquella convocatoria, celebrada en plena pandemia.
Un proceso electoral abocado a la segunda vuelta
Nunca desde la Revolución de los Claveles, en 1974, unas elecciones presidenciales en Portugal habían presentado tal grado de incertidumbre. Las encuestas previas coincidían en que ningún candidato parecía en disposición de superar el umbral del 50% de los votos en la primera vuelta. Ahora es ya cierta la celebración de una segunda ronda, que se perfilaba como una posibilidad casi segura, algo que solo se ha producido una vez desde la restauración de la democracia lusitana, en 1986.
Esta convocatoria se da en un escenario de profunda fragmentación política: el Parlamento es hoy mucho más polarizado que hace una década, con la derecha dominando cerca del 70% de los escaños y una extrema derecha consolidada como la segunda fuerza.
Los colegios electorales han abierto sus puertas a las ocho de la mañana —hora local— en la parte continental y en Madeira, y han permanecido operativos hasta las 19.00 horas. En las Azores, por diferencia horaria, el cierre se ha realizado una hora más tarde. Al concluir la jornada, el archipiélago ha sido el último en cerrar. El voto de los portugueses en el extranjero, dispersos por Europa, América y otros puntos del planeta, cobra una especial relevancia al anticiparse un resultado muy ajustado y sin mayorías claras.
Cinco aspirantes que diluyen el bipartidismo
Entre los candidatos que tenían posibilidades de pasar a la segunda vuelta, dos representaban a los partidos que han alternado el poder en Portugal desde 1974. Luís Marques Mendes, apoyo fundamental del Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha) y respaldado también por el primer ministro Luís Montenegro, había partido como favorito, aunque el desgaste vinculado a sus actividades privadas y su papel como consultor han afectado a sus expectativas en la fase final, una tendencia reflejada en las encuestas.
El socialista António José Seguro ha protagonizado una inesperada remontada. Tras años en un segundo plano dentro de su partido y criticado durante la etapa de la troika por su perfil moderado, su candidatura se ha centrado en la defensa de la sanidad pública y un discurso institucional dirigido al electorado más centrista. Los sondeos lo situaban en un empate técnico con Mendes para disputar el liderazgo del bloque progresista.

Frente a los candidatos de los grandes partidos, tres figuras han irrumpido para desafiar el consenso tradicional. André Ventura, líder de Chega, comanda la intención de voto con cifras alrededor del 24%. Ventura se define como un “radical” y ha centrado su campaña en un rechazo explícito al régimen democrático nacido en 1974, con mensajes xenófobos y racistas —algunos retirados por orden judicial— y una reivindicación del régimen anterior. Sin embargo, en los últimos días ha intentado suavizar su imagen para buscar una proyección institucional inédita si accediese a la segunda vuelta, una estrategia que, según varios analistas citados por Infobae, podría reforzar su papel como jefe de la oposición incluso en caso de derrota final.
También han cobrado protagonismo el almirante de la reserva Henrique Gouveia e Melo, antiguo jefe del Estado Mayor de la Defensa y conocido por su gestión de la campaña de vacunación contra la covid, quien se presenta como independiente. Así como el liberal João Cotrim Figueiredo, vinculado a Iniciativa Liberal. Ambos han visto cómo sus opciones se desgastaban por, respectivamente, el endurecimiento de la campaña —en el caso del militar— y una denuncia de acoso sexual y la gestión de su posicionamiento en relación con la candidatura de Ventura en el caso del liberal.
Contexto institucional y polarización, con la consolidación de la ultraderecha
El sistema político portugués, de corte semipresidencialista, otorga al presidente atribuciones clave como la capacidad de disolver la Asamblea, vetar leyes o forzar la dimisión del Gobierno, aunque en las últimas décadas esa figura ha actuado con prudencia y como moderador. La posible llegada de un candidato populista a la presidencia ha reabierto el debate sobre el alcance y el uso de esos poderes, así como el papel de la institución en el mantenimiento del equilibrio interno.
Líderes y analistas han alertado de que la presencia de Ventura en una segunda vuelta puede galvanizar el voto democrático en torno a su principal adversario, aunque también advierten de la fortaleza del electorado de Chega, considerado el más leal y movilizado.
El resultado que se deriva de este domingo no despeja aún todas las incógnitas abiertas, pero fija ya un escenario político polarizado y prepara el terreno para una segunda vuelta prevista para el 8 de febrero, en la que el rumbo de la democracia portuguesa estará en juego.
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