Un estudio alerta sobre los microplásticos que contiene un café para llevar

La investigación ha revelado la importancia de la temperatura y del material del vaso a la hora de consumir un café

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Un estudio revela los microplásticos del café (Freepik)

El café para llevar se ha convertido en un hábito diario para millones de personas que buscan energía y comodidad antes del trabajo o durante sus actividades. Una taza caliente, una tapa de plástico y el aroma del café recién hecho. Sin embargo, detrás de esta rutina tan común, una investigación reciente revela un detalle preocupante que suele pasar desapercibido. Muchos de estos vasos pueden estar liberando miles de diminutos fragmentos de plástico en cada bebida caliente.

Cada año, se usan cientos de miles de millones de vasos desechables en todo el mundo, muchos de ellos fabricados con plásticos como polietileno o recubiertos con una fina capa de plástico. El problema surge cuando el calor del café entra en contacto con el material, haciendo que se desprendan microplásticos que terminan directamente en la bebida. Xiangyu Liu ha realizado un estudio donde aborda esta problemática, publicado en Journal of Hazardous Materials: Plastics. En la investigación ha explicado que aunque su tamaño es tan pequeño que no se perciben al tomar el café, la exposición es constante y las posibles consecuencias para la salud aún se desconocen.

Estos microplásticos se definen como partículas de plástico que miden entre 1 micrómetro y 5 milímetros. Pueden formarse cuando objetos más grandes se degradan o directamente al usar productos plásticos cotidianos. Con el café caliente, el riesgo aumenta: el calor es el principal responsable de que estas diminutas partículas pasen del vaso a la bebida.

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Cómo se liberan los microplásticos en el café

El equipo de Xiangyu Liu analizó cómo se comportan los vasos de café en condiciones reales. Para ello, reunieron 400 vasos de dos tipos: unos totalmente de plástico y otros de papel con un recubrimiento plástico interior. Probaron ambos con café frío (a 5 ℃) y con café caliente (a 60 ℃), simulando las situaciones más habituales en cafeterías.

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Los resultados mostraron que el material del vaso es clave. Los vasos de plástico puro liberan más microplásticos que los de papel recubierto, aunque ambos tipos dejan partículas en la bebida. Pero el dato más relevante fue el efecto de la temperatura. Cuando el café está caliente, la cantidad de microplásticos que se desprende puede aumentar en torno a un 33 %. Si alguien toma a diario 300 mililitros de café en un vaso de polietileno, podría llegar a ingerir hasta 363.000 partículas de microplásticos al año.

El estudio también explicó por qué el calor tiene tanto impacto. Bajo el microscopio, se observó que las paredes internas de los vasos plásticos presentan una superficie rugosa, con pequeñas irregularidades que se acentúan al calentarse. Este proceso facilita que el plástico se fragmente y pase al café, fenómeno que se produce mucho menos cuando la bebida está fría o templada.

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Soluciones prácticas y recomendaciones

Aunque los resultados pueden parecer alarmantes, existen formas sencillas de reducir la exposición a estos fragmentos. La opción más recomendable es usar vasos reutilizables hechos de acero inoxidable, cerámica o vidrio, ya que estos materiales no liberan microplásticos al calentarse. Si no queda más remedio que utilizar vasos desechables, es preferible elegir los de papel con recubrimiento plástico antes que los de plástico completo, aunque ninguno está completamente libre de este problema.

Las recomendaciones para disfrutar del café para llevar. (Eduardo Sanz - Europa Press)

Otra recomendación es evitar verter líquidos hirviendo directamente en los vasos desechables. Pedir al barista que enfríe un poco el café antes de servirlo ayuda a disminuir la cantidad de partículas que pueden desprenderse. Así se reduce la tensión sobre el plástico y, por tanto, la exposición al microplástico.

Estos pequeños cambios en la rutina pueden marcar la diferencia. Elegir bien el vaso y controlar la temperatura son pasos sencillos para cuidar la salud y reducir el contacto diario con los microplásticos, mientras la ciencia sigue investigando sus efectos a largo plazo.

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