Probablemente alguna vez hayas escuchado la expresión “llevarse como el perro y el gato”. Este dicho, muy popular en España, se suele emplear cuando dos personas no se llevan bien. Y lo cierto es que la frase no va desencaminada, ya que ambos animales, por naturaleza, tienen comportamientos muy distintos que pueden chocar entre sí.
Marcos, un médico que publica contenido relacionado con las mascotas en redes sociales, ha profundizado en la relación de ambos animales en uno de los últimos vídeos que ha subido a su cuenta de TikTok (@marcosconecta). “A los gatos no les caen bien los perros. No es un mito, es una realidad”, explica el experto.
La principal razón por la que los gatos no suelen tolerar a los perros se encuentra en sus diferencias naturales de comportamiento y personalidad. Los felinos son animales que valoran la tranquilidad y la rutina; les gusta moverse a su propio ritmo, explorar silenciosamente su entorno y tener espacios donde sentirse seguros.
Por el contrario, los perros suelen ser más activos, ruidosos y demandan atención constante, algo que para un gato puede resultar estresante e incluso una amenaza. Estas diferencias generan una tensión natural entre ambas especies, pero especialmente de los gatos hacia los perros.
Mientras que los perros tienen mucha energía y les gusta jugar durante mucho tiempo, el felino interpreta esas mismas acciones como invasivas y molestas. Por este motivo, para que no haya choques y conflictos entre ambos, es importante que se críen juntos desde pequeños.
Cómo hacer que tu perro y tu gato se lleven bien
Aunque la convivencia entre gatos y perros no siempre es fácil, existen ciertos trucos para mejorar su relación. Uno de los factores más importantes es el espacio. Los gatos necesitan zonas elevadas o escondites a los que puedan acceder cuando quieran estar tranquilos.
La introducción gradual también es clave. No se recomienda presentar a un gato y a un perro de golpe, sino permitir que se acostumbren al olor y a la presencia del otro antes de un contacto directo. Para ello, es importante intercambiar juguetes y mantas para que se familiaricen con el olor. Es importante que las primeras sesiones de interacción entre ambos sean rápidas y supervisadas.
Además, el entrenamiento positivo del perro es esencial. Aprender a controlar impulsos, responder a órdenes básicas y no perseguir al gato puede marcar la diferencia. Por su parte, es importante respetar los límites del gato y no forzar acercamientos para que no reaccione de manera agresiva.
La paciencia y la constancia son determinantes. Incluso cuando los animales se acostumbran, es habitual que mantengan cierta distancia o que el gato considere al perro molesto de vez en cuando. Comprender que estas interacciones forman parte de su naturaleza permite al dueño gestionar la convivencia de manera consciente y desde la calma.
En resumen, garantizar espacios propios, introducirlos progresivamente, reforzar conductas positivas y respetar los límites de cada uno son las claves para que gatos y perros se respeten y no haya conflicto.