Andrés de Inglaterra lanza un mensaje a sus hijas mientras disfrutan de la Navidad en Buckingham: sus imágenes montando a caballo bajo la lluvia

El hermano de Carlos III ha sido calificado por la experta en lenguaje coporal Judi James de tener una actitud “casi teatral” para parecer “una figura empapada y solitaria sobre su caballo”

Servicio Nacional de Acción de Gracias para conmemorar el 90º cumpleaños de la Reina Isabel II, Catedral de San Pablo, Londres, Reino Unido. (SHUTTERSTOCK).

La tradicional comida navideña organizada por el rey Carlos III este martes volvió a reunir esta semana a buena parte de la familia real británica en Londres, en una cita que cada año sirve como antesala a las celebraciones de Navidad en Sandringham. Las imágenes de los Windsor llegando en coche al encuentro mostraban un ambiente distendido y elegante, con sonrisas y gestos de complicidad entre los miembros de la familia. Sin embargo, en esta ocasión hubo una ausencia que no pasó desapercibida y que volvió a situar a Andrés Mountbatten-Windsor en el centro de la atención mediática.

El hermano menor del monarca no formó parte del almuerzo previo a las fiestas debido a sus polémicas relaciones con Jeffrey Epstein, una exclusión que se interpreta como un paso más en su distanciamiento definitivo del núcleo institucional de la Corona. Mientras el resto de la familia se daba cita en el Palacio de Buckingham para inaugurar oficialmente la temporada festiva, el hijo de Isabel II pasaba el día lejos de los focos oficiales, protagonizando una escena muy distinta que ha sido analizada con lupa por la prensa británica.

Quién es quién en la casa real británica: del rey Carlos, el más tardío de la historia, al polémico príncipe Andrés.

Ese mismo martes, el exduque de York fue fotografiado montando a caballo en el Gran Parque de Windsor bajo una intensa lluvia. Las imágenes contrastaban de forma radical con las de sus hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, que llegaban sonrientes y arropadas al almuerzo real. Para la experta en lenguaje corporal Judi James, consultada por The Mirror, la escena no fue casual. Según su análisis, el aspecto serio y ensimismado de Andrés transmitía una sensación de aislamiento casi teatral. “Con los dientes apretados y la mirada fija al frente, sugiere su determinación de seguir adelante, a pesar de la lluvia, que lo hace parecer una figura empapada y solitaria sobre su caballo”, señalaba la especialista.

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James iba más allá al describir su expresión como carente de cualquier atisbo de disfrute. A su juicio, no había en su gesto ni placer ni relajación, sino una actitud rígida y sombría. Esa imagen, subrayaba, chocaba frontalmente con la estampa alegre de Beatriz y Eugenia, protegidas del frío en el interior de su vehículo y camino de una celebración familiar a la que su padre no había sido convocado. “El contraste visual es absoluto”, afirmaba la experta, que incluso comparó la figura del duque con un “fantasma de Marley” de Cuento de Navidad de Charles Dickens, empapado por la lluvia y casi espectral.

Andrés de Inglaterra, montando a caballo en Windsor. (RRSS)

La ausencia de Andrés no resulta inesperada. Desde hace tiempo, su papel dentro de la familia real ha quedado reducido al mínimo, especialmente tras perder sus títulos y tratamientos oficiales. A ello se suma la proximidad de la publicación completa de los archivos vinculados al caso Epstein, un contexto que refuerza la decisión de mantenerlo alejado de los actos públicos de la Corona. Tampoco su exesposa, Sarah Ferguson, ha estado presente en las celebraciones navideñas de este año, lo que confirma la voluntad de marcar distancias.

Un intento por ‘llamar la atención’

Pese a este escenario, las hijas del duque continúan plenamente integradas en el calendario familiar. Tanto el rey Carlos como el príncipe Guillermo coinciden, según The Mirror, en que Beatriz y Eugenia no deben cargar con las consecuencias de las decisiones de sus padres. Así lo demostraron al asistir al almuerzo junto al príncipe y la princesa de Gales y sus tres hijos, además de otros miembros destacados de la familia, como la princesa Ana, el duque y la duquesa de Edimburgo y su hija Lady Louise Windsor.

No obstante, la experta en comunicación no verbal sugiere que la actitud de Andrés podría haber tenido un impacto emocional en sus hijas. A su entender, mostrarse públicamente en un estado tan abatido el mismo día del almuerzo podría interpretarse como una forma indirecta de generar incomodidad o culpa. “Si no quieres que tus seres queridos se sientan culpables por ir a una fiesta a la que no vas, normalmente puedes despedirlos alegremente mientras te acurrucas viendo una película en la televisión con Deliveroo en el marcado rápido”, explicaba James, apuntando que una actitud más discreta habría evitado lecturas incómodas.

Mientras tanto, la familia real sigue adelante con sus tradiciones, ajena en apariencia a las tensiones internas. Tras el almuerzo en Londres, el clan se trasladará a Sandringham para celebrar la Navidad, reforzando una imagen de unidad que contrasta con la soledad creciente del exduque de York. Una estampa que, una vez más, evidencia las dos realidades opuestas que conviven hoy en el seno de los Windsor: la continuidad institucional y el progresivo aislamiento de quien fuera, durante años, una figura destacada de la familia.

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