
Christoph Sager y su esposa Sarah han pasado casi toda su vida en la montaña, como regentes del Glecksteinhütte, el popular refugio del Club Alpino Suizo en Grindelwald, en plenos Alpes. Pero ahora han dicho ‘basta’ y, después de una acumulación de desencantos, han anunciado que el próximo verano será el último que pasen en la cabaña, preparando así su retiro definitivo para el otoño de 2026. Echarán de menos el paisaje idílico de hierba y nieve —y frío—, pero hay una cosa que seguro que no añorarán: los turistas. “Estoy harto de la gente, me sacan de quicio. Sueño con un pastizal alpino en el que solo haya cabras y vacas”.
Su historia se cuenta en la serie ‘Hüttengeschichten’ de la SRF, la compañía de radiodifusión pública de Suiza encargada del servicio en alemán, y en ella, el guardián de este refugio de montaña cuenta cómo su frustración se fue intensificando en los últimos años ante el cambio en la “actitud” de los visitantes. Según él, ahora muchos excursionistas llegan motivados casi exclusivamente por las redes sociales y la oportunidad de conseguir imágenes atractivas, en lugar de disfrutar del entorno y la convivencia tradicional en la alta montaña. Para Sager, este comportamiento es exasperante: “¡Este público que solo vive para Instagram es increíblemente agotador! Suben hasta aquí en un día bonito, se toman una foto y bajan de nuevo al valle”.
El cansancio emocional que ha motivado la decisión de marcharse fue resumido por el propio Sager en la serie documental: “Algunas personas me arrastran hacia abajo”. Por su parte, Sarah Sager añadió que el proyecto conjunto había llegado a su fin, confirmando: “Paramos, abandonamos nuestra vida de guardianes de refugio”. A pesar de la melancolía que implica dejar un entorno de gran belleza natural, la pareja confía en que esta decisión le permitirá disfrutar más de su familia y de un verano en el valle, alejada de la presión constante y de la exposición a la nueva ola de excursionistas, caracterizada por su obsesión por la imagen.
“La gente tiene deseos cada vez mayores”
La pareja Sager ha dedicado más de 20 años a su labor a 2.317 metros de altitud y ha observado con pesar cómo crecen las expectativas y demandas de la clientela actual. Como destacó Sager en la serie de la SRF: “La gente tiene deseos y exigencias cada vez mayores”. Otra molestia recurrente para el guardabosques son aquellos visitantes que deciden traerse desde el valle sus propios alimentos y bebidas, ocupando las instalaciones del refugio sin consumir allí, lo que contradice la costumbre alpina.
La problemática no se limita a la Glecksteinhütte. Según ha contado el medio suizo Blick, al finalizar 2024, la guardiana de la cabaña del Muttsee, en el cantón de Glaris, presentó su dimisión explicando molestias similares con los nuevos visitantes, particularmente jóvenes poco preparados para las exigencias de la montaña y más interesados por obtener fotografías para sus perfiles digitales. Entrevistada por Blick, la guardiana señaló: “¡No conocen la diferencia entre un bistró en el valle y una cabaña del Club Alpino Suizo!”
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