
En Europa nos encanta quejarnos de la sanidad, pero comparada con el resto del mundo es seguramente la más barata, la más accesible para la mayoría de la población y la de mejor calidad. Sin embargo, hay un problema común en todo el continente: las largas listas de espera. Ocurre en España, sucede en Francia —donde los pueblos padecen además una grave falta de especialistas— y no les va a la zaga otro país como Italia.
En esta situación, un doctor, Enzo Bozza, médico de familia con 1.600 pacientes en dos localidades, se ha hecho viral en el diario Corriere della Sera al echar la culpa a los propios pacientes. Si las listas de espera siguen alargándose, dice en ese medio, la responsabilidad también es de los ciudadanos, que solicitan cada vez más prestaciones superfluas. “Ahora nuestros consultorios se han convertido en supermercados, donde los pacientes creen que pueden venir a hacer la compra de prestaciones según lo que leen en internet, la autodiagnosis, los consejos de amigos y familiares”. Ese comportamiento, añade el médico, estaría alimentando un incremento del 25% en la demanda de atenciones sanitarias en la región de Véneto.
“Para el 80% de los usuarios ya no existe el: ‘Doctor, me duele aquí, ¿qué tengo?’ Se ha perdido el criterio médico según el cual, si tienes síntomas, el médico los interpreta y solicita lo necesario para llegar a un diagnóstico. Hoy el paciente llega y te dice: ‘Me duele el estómago, hágame la orden para el gastroenterólogo; no respiro bien, necesito la receta para pedir una consulta con el neumólogo; tengo dolor de cabeza, debo hacerme una tomografía’. Ahora nosotros, los médicos de familia, nos hemos convertido solo en prescriptores para los pacientes: ellos dictan y nosotros deberíamos escribir”, continúa el especialista.
“Pruebas excesivas o innecesarias”
Las consecuencias de esta tendencia repercuten en la saturación del sistema. Un informe presentado por la región indica que las prestaciones ambulatorias con prioridad B (realización en diez días) se han reducido a cero en los últimos dos años. Las de prioridad D (en 30 días) se han recortado drásticamente de 82.811 a 2.201, y las de tipo P (dentro de 60 a 90 días) han bajado de 74.489 a solo 5.304. Es decir, cada vez se tarda más en realizar pruebas en poco tiempo. Pero Nicoletta Gandolfo, presidenta de la Sociedad Italiana de Radiología Médica e Intervencionista, afirma en el diario italiano: “Ahora hasta el 40% de los exámenes de diagnóstico por imagen, desde tomografías hasta resonancias magnéticas, son inapropiados. Son pruebas excesivas o innecesarias”.
El fenómeno ha sido bautizado por Bozza como “consumismo sanitario”. Al respecto, sostiene: “El mantra es: voy al consultorio-supermercado y pido cualquier prueba que se me ocurra. Yo veo entre 50 y 70 pacientes al día y el 80% llega con solicitudes precisas: no confía en mí para el diagnóstico, ya sabe a qué especialistas consultar y qué exámenes realizarse”.
El propio colectivo médico, presionado por el temor a demandas legales y a errar el diagnóstico con nuevos pacientes, está cayendo en la prescripción de pruebas innecesarias. En busca de soluciones, el médico de Belluno insiste en la necesidad de reforzar el personal sanitario y restaurar la confianza en la medicina territorial para evitar que los casos no urgentes lleguen a emergencias. “El verdadero problema es que las listas de espera se han convertido en un negocio: las clínicas privadas hacen negocios de oro con la impaciencia de los pacientes”.
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