
Muchos estudiantes se han enfrentado a la situación de hacer una carrera contrarreloj en los exámenes. Han estudiado durante días (o incluso semanas), pero, llegado el momento de la evaluación, tienen que estar más pendientes de no consumir todos los minutos en un ejercicio que de demostrar realmente los conocimientos que han adquirido.
Esto supone una presión muy grande entre los alumnos a los que les toma más tiempo recordar la información o que, por ejemplo, son lentos escribiendo, por lo que generalmente obtienen notas más bajas de las que podrían haber tenido con unos minutos más. Nuria, una doctora en Astrofísica y profesora universitaria en Física y Matemática, sabe que esta es una barrera con la que diariamente se encuentra el estudiantado.
En uno de los últimos vídeos que ha publicado en su cuenta de TikTok (@unachicacosmica), explica que en sus exámenes no hay “un límite de tiempo”: “No evalúo velocidad, evalúo razonamiento y conocimiento”, señala.
“Pensar más despacio no significa ser más tonto”
Nuria es consciente de que la universidad pone a disposición del profesor un aula por tiempo determinado, que generalmente suele ser de dos horas, y que hay docentes que, después, tienen más clases a las que atender. Sin embargo, ella explica que, cuando se agota el tiempo concedido por la universidad y hay algún alumno al que no le ha dado tiempo a finalizar su prueba, “me lo llevo a otro aula o lo que sea. Siempre que puedo no tengo un límite de tiempo”.

Esta decisión que ha tomado como docente se fundamenta en la opinión que tiene sobre la educación, la enseñanza y el aprendizaje: “Me parece que las personas somos diferentes y nuestra manera de pensar es distinta”, al igual que “el ritmo al que pensamos”. Así, “hay gente que piensa más rápido y hay gente que piensa más despacio. Y pensar más despacio no significa ser más tonto porque razonar no es una competición”.
Esta idea, por ejemplo, la fundamenta en una conversación mantenida entre Roger Penrose, Premio Nobel de Física en 2020, y Brian Greene, en la que el primero le explica al segundo la manera en la que él hacía los exámenes cuando era niño: “Siempre fui muy lento. Podía hacerlo, pero era lento y ya está”. Sin embargo, tuvo un profesor que, al darse cuenta de esto, le dejaba tiempo extra: “Él decidió que me dejaría tener hasta final del periodo e incluso necesitaba en ocasiones un poco del siguiente. Él reconoció que simplemente era lento, no estúpido”.
Teniendo en cuenta que cada alumno tiene un ritmo al que procesa la información y escribe, Nuria señala que se centra en evaluar “los conocimientos de mis alumnos y ver cuánto han estudiado y saben de un tema”. Cuando se les limita mucho el tiempo, se está introduciendo la variable de “cuánto de rápido puedes pensar”, algo que no le parece “justo”.
La profesora universitaria apuesta por una educación más amable con el alumnado en la que se prime el aprendizaje por encima de otras cuestiones como la memorización sin razonamiento o la rapidez, que son aspectos que, en muchas ocasiones, se sitúan sobre de lo verdaderamente importante: que el alumno adquiera un conocimiento.
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